Un golazo culminado por Francis y el buen papel del arquero valieron tres puntos

Por: Johan Umaña V. 1 marzo, 2013

Limón. Cuando los reflejos se combinan con la suerte para inspirar a un portero, el resultado es una muralla infranqueable, la cual anoche tuvo por nombre Erick Sánchez y jugó para la Tromba del Caribe.

Limón tiene dos caras. Una la que le pone a los equipos que en el papel son superiores, dígase Alajuelense o Saprissa, y es esa de pressing arriba, de entrega y agobio desde la salida.

Cuando el rival parece ser más terrenal, todo queda en pura Tromba. Velocidad, toque y ataque, sin preocuparse mucho por medir o controlar al rival.

Es difícil discernir si la falta de presión se da por diseño técnico o por llana vagancia.

Aunque el juego ofensivo limonense es muy atractivo y así de bonito fue el gol.

Camacho filtró globeado, perfecto al pie de Montoya. El delantero de Parrita extendió al centro y Francis no perdonó, cuando se topó el esférico frente al área chica.

Lo que si no cambia, sea cual sea el rival, es lo endeble de la defensa del equipo de Limón.

Anoche, más que fortuna fue ubicación lo que ayudó a Sánchez a parar en una que otra oportunidad lo que parecían goles santistas.

Orden contra talento. Si lo de Limón es aprovechar el talento y velocidad de sus laterales, volantes y atacantes. Lo de Santos es orden y claridad en sus ideas.

Osvaldo Rodríguez mide los tiempos, quita rivales y abre opciones. Por la izquierda Víquez es una daga que da peligro.

Después de la anotación local el control fue de los otros caribeños. Llegaron una, dos y tres veces, pero Sánchez siempre estuvo presto para salvar la valla.

Al 43' Rodríguez cayó en el área tras la barrida de Benett en zona roja. El árbitro no vio el penal, que hasta los parciales verdes cantaron y el partido continuó hacia el medio tiempo con ventaja local.

Cansancio contra vértigo. Santos se cansó de controlar el balón en el complemento. Control inefectivo.

Si bien Sánchez se volvió a lucir al parar un fogoso remate de Osvaldo, quien remató dentro del área.

Fueron pocas y menos claras las demás llegadas de los guapileños, cuyas variantes no sirvieron para encontrar la llave del cerrojo limonense.

Entonces Fallas decidió golpear a la visita con lo que más le duele a un equipo cansado: el contragolpe.

El vértigo de Francis y Camacho en punta se combinó con el rápido toque de los ingresados Cameron y Bernard, para mantener a raya las adelantadas líneas santistas. Así acabó el ‘derby’ del Caribe.