El equipo de Arnáez no halló la manera de bajar el balón en busca de una victoria urgente

Por: Roberto García H. 21 abril, 2014
Como quien saca agua del bote, el capitán Roberto Wong toma la pelota para seguir jugando, tras una nueva anotación de los lecheros. En el piso, el desconcierto de los náufragos del Puerto es evidente y casi total. | RAFAEL PACHECO
Como quien saca agua del bote, el capitán Roberto Wong toma la pelota para seguir jugando, tras una nueva anotación de los lecheros. En el piso, el desconcierto de los náufragos del Puerto es evidente y casi total. | RAFAEL PACHECO

San Isidro de Coronado. Eso de jugarse la vida en 90 minutos de fútbol es lo que los novelistas suelen llamar situaciones-límite.

Desde el arranque, el cronómetro comenzó a revolucionar pálpitos de angustia porteña ante el Uruguay, dueño del terreno, de la iniciativa y hasta de la brisa que sopló a favor en los primeros 45 minutos.

Tras el claro y contundente 3 a 0 con que los locales despacharon a los chuchequeros –al punto de que los dejan al borde del descenso–, la sensación que primó en el ambiente frío del Labrador fue la jerarquía del anfitrión, en relación directa con la impotencia de los visitantes.

Los náufragos de Luis Diego Arnáez resultaron incapaces de poner la pelota al piso y de generar avances que pudieran ocasionar, por lo menos, acercamiento y peligro en la valla de Kevin Briceño.

Así lo había planificado el Flaco; no obstante, a la hora de la verdad, sus piezas se vieron limitadas, sin cohesión ni empuje, salvo el indeclinable afán de Francisco Flores y el fervoroso pero vano taconear del capitán Roberto Wong.

Con la guía de Johan Condega y con la convicción colectiva de salvar de una vez por todas el peligro de descender, los pupilos de Carlos Watson acertaron al mantener a distancia a sus oponentes y generar a la vez escapadas, en algunas ocasiones en solitario, rumbo a la meta de Víctor Bolívar, a quien derrotaron en tres oportunidades, al 34’, 79’ y 83’, por intermedio de Gualberto Montenegro, de Johan Condega y otra vez Montenegro.

Johan Condega, peón y arquitecto; Paulo Rodríguez, pulmón y artífice, y Gualberto Montenegro, implacable artillero, fueron los más destacados del Uruguay de Coronado, que esperará con el confort del buen augurio su participación en el próximo torneo.

Entre tanto, el silencio y la rabia colectiva retrataron a los del Puerto en el corto trayecto del verde sintético al vestuario de la oscuridad.

Puntarenas quedó obligado a vencer a Limón, por dos o más goles, el próximo miércoles.

Tendrá que jugarse la vida en 90 minutos. Es lo que los novelistas llaman situaciones-límite.

Uruguay de Coronado 3

Titulares: Kevin Briceño 6; Rudy Dawson 6, Keiner Brown 6, Roy Smith 6, Seemore Johnson 6, Paulo Rodríguez 7, Johan Condega 8, Jonathan Moya 6, Gualberto Montenegro 8, Daniel Jiménez 7, Carlos Ochoa 6. D. T.: Carlos Watson.

Cambios: Jeikell Medina 6 (Smith, 60’); Luis Pérez 6 (Dawson, 67’); Andrés Montalbán 7 (Jiménez, 72’).

Puntarenas 0

Titulares: Víctor Bolívar 6; Rafael Núñez 6, Roberto Wong 6, Francisco Flores 8, Yamir Vergara 6, Roberto Mudarra 5, Ricardo García 6, Cristian Blanco 6, Jeffry Montoya 6, Kevin Cunningham 6, Luciano Bostal 5. D. T.: Luis Diego Arnáez.

Cambios: Franklin Chacón 6 (García, 56’); Omar Valdés 6 (Mudarra, 64’); Luis Martínez 6 (Montoya, 74’).

Goles: 1-0 (34’): Gualberto Montenegro, jugada personal. 2-0 (79’): Johan Condega, pase de Montalbán. 3-0 (83’): Gualberto Montenegro, jugada personal. Árbitro: Pedro Navarro 7; Javier Rojas, Christian Foster. Estadio: Labrador, San Isidro de Coronado. 1:30 p. m.

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