Su visión lo llevó a debutar en Primera a figuras como Wílmer López y la Bala Gómez

Por: José Pablo Alfaro Rojas 27 octubre, 2015

El legado de Carlos Watson no está en las vitrinas, sino en la retina de todo aficionado que vio jugar a Wílmer López, Gilberto Martínez, Rónald Gómez o Carlos El Zorro Hernández.

El técnico hizo debutar en la Primera al Pato y la Bala, lo mismo que al defensor Luis Marín y al arquero Álvaro Mesén. Estos cuatro futbolistas hicieron sus primeras armas en la máxima categoría, cuando Watson era técnico de Carmelita.

También fue clave en el proceso del Tuma, a quien llevó al Mundial Sub-20 de Nigeria.

En selecciones menores, descubrió a talentos que luego se consolidaron en la Primera, en el extranjero o en la Tricolor Mayor, pues llevó a Costa Rica a dos copas del mundo juveniles.

A Winston Parks, Danny Fonseca, Erick Scott, Cristian Montero, Roy Myrie, Pablo Salazar y Hernández los llevó a un mundial Sub-20, mientras que a Douglas Sequeira lo puso a debutar con la casaca morada.

Ciertamente, su capacidad como formador es incuestionable. De ahí, la decisión de la S de nombrarlo como director de divisiones inferiores, cargo en el que se desempeñará a partir del mes de enero.

“Tiene visión para descubrir talentos, es una persona preparada y que sabe cómo desarrollar al jugador joven”, afirmó Mesén

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Evidentemente, su gran deuda está en la obtención de títulos.

Watson dirigió a Alajuelense, Palmares, Carmelita, Saprissa, Turrialba, Herediano y Uruguay de Coronado en su carrera, pero nunca dio la vuelta olímpica.

Su único galardón lo obtuvo en su primera etapa con Saprissa, cuando ganó la Concacaf (1993).

Pese a que dirigió a los tres grandes del país en distintas etapas, se quedó corto en su anhelo por levantar un trofeo.

“Tengo las condiciones necesarias para luchar por un título, que muchos de ustedes lo saben, es mi sueño; nadie me lo va a quitar”, reconoció ayer el estratega.

Pero, ¿cómo es Watson dentro dentro del vestuario?

Rándall Azofeifa, quien lo tuvo de técnico en Uruguay, dice que es un entrenador conciliador y a quien le gusta que sus pupilos se concentren en cada ejercicio.

“Es excelente. Es un estudioso, que siempre te da la información correcta antes de cada partido y siempre trata de que el jugador esté mejorando”, explicó.

Hasta ayer, Watson dirigía a niños de seis años en su escuela de fútbol; hoy le toca enderezar el barco de los morados.

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