Por: Jacques Sagot 4 abril, 2016

La gratitud, ¿no es uno de los más bellos rostros del amor? Estar agradecido, ¿no es casi como amar? Algo más: ¿no es la gratitud una de las definiciones posibles de la felicidad? Un ser humano agradecido, ¿no es una persona feliz?

El Barcelona tiene una de las más prestigiosas academias deportivas: la Masía. Esta visionaria institución acoge niños desde los seis años, y los forma en una concepción integral del deporte: aparte de las destrezas técnicas y atléticas, reciben lecciones de ética, respeto, solidaridad, literatura… No es una fábrica de pateadores de balón: es una escuela de vida y de convivencia. Messi, Iniesta, Xavi, Fábregas, Puyol son algunos de sus graduados.

El manchego Iniesta –alma del medio campo blaugrana y de la selección española– fue admitido en la Masía a los 12 años, después de haber dado muestras de talento excepcional en la división infantil del Albacete. El diamante necesitaba pulimento técnico y humano, la arcilla solicitaba la mano amorosa y el experto cincel del escultor. En la Masía “se convirtió en sí mismo” (Pascal). Salió transformado en un inmenso deportista, listo para ganar las eurocopas 2008 y 2012, el campeonato del mundo 2010, y todos los cetros imaginables con el Barça . En 2012, la Masía se cubrió de gloria: tres de sus canteranos –Messi, Iniesta y Xavi– ocuparon los primeros lugares en la premiación del Balón de Oro de la FIFA. Pero la Masía es una institución onerosa. Iniesta venía de Fuentealbilla, un pueblito a dos horas en tren de Barcelona, y no tenía dinero para matricularse. Fue entonces que un ángel en su camino le permitió seguir tras su sueño. Un mecenas, un hombre ilustrado y generoso financió sus estudios en la Masía y sus viajes de ida y vuelta entre su pueblo natal y Barcelona.

Iniesta respondió a todas la expectativas profesionales y humanas sobre él cifradas. Cuando comenzó su idilio con la gloria, dispuso que el 10% de todo cuanto ganara sería donado al hombre que tan magnánimamente le tendiera la mano. Ha cumplido y sigue cumpliendo con su compromiso, y rinde homenaje a su tutor, benefactor y amigo. La gratitud aroma la existencia, transforma la jungla del vivir en un risueño jardín. Dejo mi testimonio: creo en el ser humano.

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