Por: Amado Hidalgo 9 diciembre, 2015

Los duendes son enanos juguetones, escurridizos, inteligentes y traviesos. Así que quien le puso el mote merece elogios. Él se asemeja a un ser fantástico e ilusionista con la pelota. Se trata de Erick Scott, quien es un gnomo del fútbol.

Seguramente porque ellos viven muchos años, el paso del tiempo no ha mermado su capacidad para engañar, seducir y aprovechar el menor parpadeo para consumar sus travesuras.

Erick no ha perdido su encanto por el juego y, aunque llevó sus truquitos por muchas canchas, la de Limón parece sentarle mágicamente bien.

Este duende disfruta mientras otros lamentan su puntería. Siempre sonriente y pícaro, gambetea hasta a su sombra en cada acto de ilusionismo en que ha convertido su andar por las canchas. Se niega a envejecer, como todo duende que se respeta, y se resiste a pasar a la condición de duendecillo, degradado por el paso de las manecillas del reloj.

Ha engañado a tantos defensas, con tal facilidad, que ya no le preocupa ser un duende “fichado”. De él llevan retrato hablado todos los zagueros del país, pero igual poco pueden hacer por controlarlo. No en vano les ha gritado su gol en 109 ocasiones.

Cual pitufo hiperactivo, Scott Bernard no puede vivir enjaulado. Así que desde el 2001 se ha puesto y quitado 17 camisetas, vistiéndose de todos colores, desde el rojinegro de su debut, hasta el verde limonense de su hoy.

Pasó por San Carlos, Saprissa, Santos, Uruguay de Coronado, Herediano, Limón y Cartaginés, en algunos dos veces, pero también hizo sus diabluras en Estados Unidos (Columbus Crew), Honduras (Marathón), El Salvador (Firpo) y China (Shangai Shenhua).

Hoy, cuando visite San Isidro de El General, el duende intentará una nueva travesura que lo inmortalice: Con un gol empatará a Ariel Rodríguez como cañonero del Invierno, pero también igualará el récord en torneos cortos de Cristhian Lagos (18). Pero, sobre todo, su aporte podría consumar el sueño de un equipo liliputiense, que se agigantó contra todos los molinos de viento y ahora tiene el sueño de clasificación al alcance.

Igual, si no lo logra, la campaña del duende y su pandilla será respetable. Plagado de novatos y deudas, Limón estaba en el presupuesto de casi todos para caer en el abismo de la segunda. Hoy puede inscribirse en la semifinal y esos milagros solo los duendes suelen concederlos.

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