Por: Antonio Alfaro 8 febrero, 2015

Hay técnicos con “buena prensa”, pero como dicen los anuncios de licores: el abuso es nocivo para la salud.

Wanchope la tiene a su favor, como alguna vez Guimaraes, evidente a más no poder en la presentación oficial como nuevo seleccionador. Algunas preguntas parecían halagos y algunos halagos parecían preguntas.

¡Ayúdame Freud! (y no precisamente la canción de Arjona): ¿será doctor, que aún vemos al goleador, al verdugo de Guatemala, al ángel negro que acarreó la pelota desde el medio campo esquivando “diablos rojos” para anotarle en su debut al Manchester United? ¿Será que en algún lugar aún palpitamos los dos goles ante Alemania en el juego inaugural de una Copa del Mundo?

Les tengo una mala noticia: Paulo César Wanchope estará enjaulado en la zona técnica, lejos de su área, aquella que rondaba con el número “9” en la espalda, insaciable depredador, peligroso hasta en el peor de sus partidos.

De aquellos días, en cambio, sin duda sobrevive el profesional, cuidadoso con los detalles, corajudo con las lesiones. Admiro sin rodeos sus batallas con la adversidad: cuando las rodillas flaqueaban, el corazón les daba guerra; cuando el corazón no bastaba, el cerebro hacía la tarea.

Si fuera por sus meniscos, cartílagos y ligamentos, Wanchope no figuraría en la lista de ningún Mundial; en cambio, jugó dos, pese a que las dolencias aparecieron antes de Corea-Japón 2002, la primera de sus Copas del Mundo.

Con alma de jugador, el actual técnico disfruta de buena química con la generación de Brasil 2014. Esa es la esperanza y quizá (solo quizá) una explicación más para la “buena prensa” con que cuenta.

“Buena prensa”, sin embargo, era también hablar de su inexperiencia, las dudas de los federativos, su arribo al banquillo como plan “B”, el nombramiento por descarte, a falta de un técnico bueno, bonito y barato. Un día después de su presentación, La Nación se sentía obligada a plantearle lo que muchos piensan y pocos dicen. Wanchope respondió con seguridad, sin reacciones alérgicas, y hoy le creo un poco más. A un Mundial no se llega solo con palmaditas.

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