9 febrero, 2015

Durante un lustro, el Team ha propuesto el más garboso, acompasado fútbol local. Su coreográfico balompié no ha generado, empero, más que dos cetros. ¿Por qué? Porque una y otra vez choca contra un panzer llamado la Liga.

Herediano juega en versos endecasílabos shakespeareanos, ritmo de barcarola, y borda sus “paredes” como Nureyev y Fonteyn en el pas de deux del Lago de los cisnes. La Liga le responde con chayotes y pedruscos, ¡pero funciona! Yo me rindo ante la apabullante evidencia. El “principio de realidad” se impone sobre el “principio de placer” (Freud). Los “mangos” doblegan a los “magos”: los tienen perfectamente calibrados. Los poetas caen ante los gladiadores: quedan tendidos en el terreno, buscando sus rimas… mientras once leones devoran sus tripas desperdigadas en la pradera. Es que, en esa entelequia futbolística que vislumbro -y prometo materializar cuando sea técnico de Saprissa-, el jugador ideal sería poeta y gladiador, orfebre y kamikaze, síntesis de inspiración y reciedumbre, belleza y efectividad.

Antonio Alfaro (¡es mi jefe: no debo irritarlo!) lo formuló con satelital precisión: los “clásicos” se ganan más con el corazón que con la técnica. Y la Liga juega también con el hígado, el páncreas, los riñones, todos atentos al golpe de batuta del cerebro. El Huracán se degrada a chubasco tan pronto ve a su depredador: convulsiona, hiperventila: ¡timor et tremor! ¡Diluvio de leones… evacuación perentoria de la ciudad de las flores! Ahí siguen sus técnicos -más amarillos que rojos-, estrellándose contra Ramírez. Jamás fútbol tan feo (pese a su reciente cosmetización, con pelota a ras de suelo) ha sido tan eficaz. No es “culpa” de Ramírez (a quien admiro): ¡es culpa de los que “juegan lindo” pero tienen horchata a guisa de sangre!

A todo esto, amigos, dejemos que Alajuela y Heredia sigan masacrándose (“Historia de dos Ciudades”, de Dickens). ¿Saben por qué? Porque pronto Saprissa alzará su tercer báculo. “Morado, morado, que te quiero morado”. ¡Voy a desarrollar una hernia crónica, de tanto reír! Y sí: me voy a comprar un nuevo pleitillo, ¡para variar! ¡Ah, cómo se vacila, con el fútbol! ¿Quieren algo serio? Vayan a leer la “Crítica de la razón pura”, de Kant. El fútbol es para divertirse.