19 enero, 2015

El fútbol es una galería íntima de imágenes. Confeccionamos un museo propio, atesorando aquellas fotos mentales que remozan nuestro júbilo… y confinando al sótano las que nos mortifican.

Mi saprissismo es militante, innegociable y quizás degenerativo. Sin embargo, la estampa que en mí pervive no son los goles mellizos de Vega -diagonales con defensores sembrados en el camino, zurdazos a perfil cambiado, Pemberton estatuario, y Cambronero que siquiera dignificó el tanto con su estirada ornamental-.

La imagen que quedó en la retina de mi alma es la del león doblegado: los 11 hombres corren a reagruparse, convertidos en híbrida, mitológica criatura: ¡una sola voluntad animando tantos cuerpos! Círculo mágico de gladiadores caídos: ¡juraron ganar la siguiente justa! ¡No a las impugnaciones mutuas, e impedir que la derrota -agente de disgregación- los separase!

Leí el gesto, sí, y lo temí desde mi entraña morada. La Liga hará del 2015 una inmensurable revancha, rectificación del destino, manifiesto contra los atrabiliarios dioses del futbol, esos que permiten que un líder con 53 puntos no vea coronada su gesta con el título que hubiese debido rubricarla. Jugará desde el fondo de la sangre, el orgullo, el delicioso sentimiento de la injusticia -¡detonador de insospechadas canteras de energía!-, el epicentro mismo del alma! Y además, ahí está Ramírez: no se le escapará nuevamente el cetro.

Aprende rápido las lecciones que el futbol depara -tanto más valiosas cuanto amargas-. La Liga “logró” arrancar una derrota de las fauces de la victoria: ¡no volverá a pasar!

Entretanto, un Saprissa-escaparate sigue mercadeando hombres cruciales: negocio antes que escuela futbolística.

Basta de jolgorio, señores: este año la Liga no será un equipo, sino un tsunami, una espada justiciera. Yo no desmembraría a Saprissa -big bang expeliendo materia cósmica por el firmamento futbolero-. Estudiaría al rival con microscopio sub-nanométrico.

Nombraría una comisión exclusivamente abocada a conjurar esa victoria leonina que deviene imperativo moral. La Liga se arma desde la noche misma en que dejó escapar la gloria. Saprissa, en cambio, sigue intoxicado de victoria. ¡Nos llevan un mes de ventaja! Al día de hoy, la Liga es lo único con lo que “no se juega”, en Costa Rica.