Un futbolista llegaba en el pasado a entrenar con el estómago vacío, otro pedía tacos prestados, uno vive con el utilero y a otro apenas le alcanza para sus gastos básicos

Por: Kenneth Meléndez 10 febrero
El 8 de febrero Reimond Salas protegió el balón del asedio del saprisista Jeikel Medina. En ese juego el santista anotó el gol del empate.
El 8 de febrero Reimond Salas protegió el balón del asedio del saprisista Jeikel Medina. En ese juego el santista anotó el gol del empate.

Aunque hoy los jugadores del Santos de Guápiles disfrutan del liderato y sueñan con ser campeones, algunos de ellos tuvieron que pasar muchos apuros antes de ganarse un campo en el primer equipo.

Es el caso de los ya consolidados jóvenes Reimond Salas y Edder Solórzano, y de Denilson Mora y Jesús Blanco, quienes hacen sus primeras armas en la Primera División.

Reimond Salas: 'A veces no había para comer'

El delantero de 22 años se dio a conocer en el Torneo de Invierno 2016, en el que anotó nueve anotaciones y se convirtió en la principal carta ofensiva del Santos.

Salas ha mantenido su nivel en este Verano y es una de las principales figuras santistas. En el actual certamen ha marcado tres tantos y es el goleador del equipo junto a los experimentados Cristhian Lagos y Leonardo Adams.

Pero para llegar aquí no fue fácil, pues en algunos momentos tuvo que escoger entre pagar los pasajes del bus para entrenar con el Alto Rendimiento o comer.

"Fue bastante difícil, a veces no había para comer, para venir a entrenar, y buscaba de donde fuera para venir a los entrenamientos porque era un sueño jugar en Primera", contó Salas.

El futbolista es de Cariari y, según dice, tardaba hora y media en bus para llegar al estadio Ebal Rodríguez. En pasajes, el atacante gastaba cerca de ¢2.000 en ida y vuelta.

"Tenía que buscar para los pases y a veces iba sin comer porque no alcanzaba. Por dicha me ayudaban todas las personas allegadas. Mi familia, mis papás buscaron de donde fuera para que entrenara y buscara mi sueño", agregó Salas.

Raimond reconoció que hasta compañeros de equipo le ayudaron con tal de que pudiera mantenerse en el Santos.

"Siempre es importante saber de dónde viene uno, lo que le ha costado y valorar todo eso, le agradezco de todo corazón a cada persona que me ha ayudado. Siempre hay jugadores que le ayudan a uno, que le dan plata, consejos, de todo", finalizó Salas, quien aseguró que, a pesar de todo, nunca pensó en abandonar su sueño.

Edder Solórzano: 'No tenía ni tacos para jugar'

Edder Solórzano durante un entrenamiento de Santos el 7 de febrero.
Edder Solórzano durante un entrenamiento de Santos el 7 de febrero.

El pequeño y veloz volante santista estuvo tres años en las ligas menores de Saprissa y ante las pocas posibilidades de jugar en el primer equipo regresó a su pueblo, Batán. Ahí tomaba un bus a las 5 a. m. y tras media hora de viaje, llegaba a entrenar a Guápiles.

Su calidad para driblar y generar peligro al rival contrarrestaba con sus dificultadas económicas, al punto que hubo momentos en que tenía que jugar con tacos de algún compañero.

"Mis papás eran los que me ayudaban en la parte económica. Hubo partidos en los que no tenía ni tacos para ponerme, algún compañero me los prestaba. Gracias a Dios fui dándole y después vinieron los frutos", confesó Solórzano.

Apenas tiene 20 años, pero lo que vivió tiempo atrás, cuando estaba en el Alto Rendimiento del Santos, lo llevó a pensar en dejar el fútbol.

"Hubo un tiempo en el Santos que hasta pensé en retirarme porque era muy complicado, no tenía ayuda económica del equipo en ese momento", agregó.

Hoy es una de las principales figuras en el esquema de Johnny Chaves y recibe la guía de los compañeros más experimentados, especialmente de Marvin Obando, quien entre risas dijo que lo ve como un hijo.

"Espero que en algún momento le aparezca una buena opción, que se pueda ir del club a jugar en el extranjero. Uno trata de ayudarle con todo, hablándole, explicándole, que vea partidos, que analice jugadores, que sepa contra quién se va a enfrentar, y que si le hace falta algo se comunique conmigo", explicó Obando.

Denilson Mora: 'A mi mamá le costó que me viniera'

Denilson Mora durante el entrenamiento del Santos el 7 de febrero.
Denilson Mora durante el entrenamiento del Santos el 7 de febrero.

Con 17 años, Denilson Mora es el más joven del Santos en este Torneo de Verano. Hace un año que debutó con el primer equipo.

En los primeros meses con los santistas tuvo que viajar desde su casa en Ticabán (La Rita de Pococí) hasta el Ebal Rodríguez, hasta que hace ocho meses, junto con otros compañeros, se fue a vivir a Guápiles.

Para el pequeño volante no ha sido fácil dejar su casa a tan temprana edad, sobre todo cuando la ayuda que le brinda el Santos le alcanza apenas para pagar la casa y sus gastos básicos.

"Ha sido difícil, pero poco a poco me voy acostumbrando. A mi mamá le costó que me viniera para acá, pero son sacrificios y conforme pasa el tiempo me voy acomodando mejor", cuenta Mora.

Denilson sueña en grande cuando habla de fútbol y espera que este deporte le ayude a crecer como persona y, además, poder darle una mano a su familia.

"Mis aspiraciones son muchas, llegar a jugar en la Selección, en un equipo grande, salir del país. Yo quiero llegar a ayudar a mi familia, es una de las cosas que quiero cumplir", cuenta con ilusión el santista.

El volante es consciente de que el fútbol no lo es todo, por eso estudia Administración de Empresas, aunque para eso tenga que hacer un esfuerzo mayor.

"El Santos me ayuda con la universidad, pero yo tengo que pagarme una gran parte de la carrera; ahí voy pasándola", finalizó.

Jesús Blanco: 'Me dijeron que viniera y dejé el trabajo botado'

Jesús Blanco (centro) realizó un pique con Kenny Cunningham en el entrenamiento del Santos del 7 de febrero.
Jesús Blanco (centro) realizó un pique con Kenny Cunningham en el entrenamiento del Santos del 7 de febrero.

Jesús Blanco no lo pensó dos veces, hace seis meses, para dejar su trabajo en una bananera en Bananito de Limón con tal de cumplir su sueño de ser futbolista.

Tampoco le importó viajar casi tres horas para llegar el Ebal Rodríguez y otras tres para regresar a su casa.

"Me dijeron que debía venir a hacer pruebas, pero como estaba trabajando no le puse mucha mente. Me dijeron que viniera aquí en junio y dejé todo botado, el trabajo y gracias a Dios pegué", dijo con una sonrisa el delantero de 19 años.

Durante seis meses tomaba el bus de Bananito hacia Limón, que según Blanco dura entre 30 y 45 minutos; luego debía estar sentado en un bus por dos horas para llegar al estadio, pero eso cambió este año, cuando el utilero del equipo le ofreció vivir en su casa.

"Estuve medio año viajando, cuando él (el utilero) me dijo que si quería me quedara con él, porque es duro viajar, y gracias a Dios estoy con él", agregó Mora.

Él sueña con la Selección, con jugar en un equipo grande y dar el salto al extranjero. Para esto sacrifica muchas cosas, entre ellas, estar lejos de su mamá.

"Es duro dejar a la mamá, pero yo vine aquí por un sueño", finalizó.