Saprissa deambuló al enterarse de que Herediano estaba aplastando a Limón

Por: Kenneth Hernández Cerdas 14 mayo
El atacante uruguayo del Deportivo Saprissa, Fabrizio Ronchetti, se lamenta de la derrota de ayer ante el Santos en la Cueva. | JOHN DURÁN
El atacante uruguayo del Deportivo Saprissa, Fabrizio Ronchetti, se lamenta de la derrota de ayer ante el Santos en la Cueva. | JOHN DURÁN

El Ricardo Saprissa y el Rosabal Cordero están separados por apenas 8,9 kilómetros.

Físicamente Saprissa no jugaba contra Herediano pero lo que pasara en el recinto florense era más que relevante para los intereses morados.

Lo mismo sucedía en la casa rojiamarilla, que aunque no estaba llena, como la saprissista, mostraba una notable devoción hacia su equipo. Había fe.

Un juego comenzó antes que el otro, pese a que el protocolo decía que estrictamente debían iniciar a las 2 p. m.

Para cuando la pelota dio sus primeros tumbos en Heredia, en Tibás ya tenía dos minutos y medio de pasar entre las piernas saprissistas y guapileñas.

La historia estaba por escribirse. La copa de campeón reposaba debajo de la gradería sur, donde la Ultra sacudía las vigas de la vetusta tribuna.

En Heredia no había un trofeo ni tarimas por armar, pero fue ahí donde los goles estremecieron la tarde de unos otros.

El marcador se rompió rápido en el Rosabal, en 13 minutos Rándall Azofeifa ya tenía un doblete, forzaba a la final y a la distancia ponía a la S con cara de preocupación.

Cuando Ulises Segura puso el 1-0 en Tibás, en el minuto 21, renovó la esperanza del saprissismo, que pobló la Cueva con la expectativa de bordar la estrella 34 en la camiseta.

El ambiente de final se fue aplacando por lo que ocurría a 8,9 kilómetros de distancia.

En 32 minutos el Monstruo no pasaba del 1-0. Como el juego empezó tarde en Heredia, para ese momento Jairo Arrieta corría a un costado a celebrar el tercero del Team .

Cada anotación florense se convirtió en una palada de tierra para Saprissa.

“Estábamos bien, equilibrados, con el resultado a favor, pero una vez enterados de lo que estaba sucediendo (en Heredia), nos paramos mal”, reconoció el técnico Carlos Watson, quien aceptó que, aunque no quería, siempre acabó enterándose de cómo se movía el marcador en el Rosabal Cordero.

El resto de la historia es conocida. Con el peso del resultado en la espalda, la S deambuló en el campo y Santos lo liquidó.

Michael Barquero cargó de angustia las tribunas saprissistas, en el 54’, y Leonardo Adams envió de vuelta a casa a los menos tolerantes a la derrota.

Faltaban 15 minutos para que bajara el telón en Tibás y las gradas empezaron a mostrar agujeros. Los invitados a la fiesta dejaron sus asientos y se olvidaron de ella.

No faltó quién descargara su ira en contra de los jugadores y se trepara a la malla a expresar su malestar total.

En Heredia, el tanto de Adams se celebró como propio, casi con la misma intensidad que el primero de Azofeifa, autor del cuarto, y despertó la misma euforia que la de Arrieta, responsable de firmar el 5-0.

“Nosotros nos mantuvimos concentrados, sin importar si estaban celebrando allá. A nosotros lo que nos importaba era sacar el partido contundentemente y lo logramos”, confesó un sonriente Leonel Moreira.

La final está decretada. A doble asalto se resolverá quién ganará el Verano 2017.

El trofeo volverá a Tibás el fin de semana, donde esta vez sí o sí tendrá un dueño absoluto.

Colaboraron los periodistas Daniel Jiménez y Steven Oviedo

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