Por: Jorge Barraza 24 mayo, 2015

Buenos Aires

Por primera vez en la historia de la Libertadores en cuartos de final se dio el mismo resultado en los cuatro partidos: 1 a 0. Lo exiguo del guarismo da la sensación de espectáculo minimalista. Y en rigor, así fue: no sobró nada en los cuatro enfrentamientos. Para que la coincidencia fuera total faltó que ganaran los cuatro locales, pero el único incapaz de lograrlo fue este River desfigurado, irreconocible con aquel que fue campeón de la Sudamericana en diciembre. Ya van 30 partidos 1 a 0 en esta Copa.

El promedio de goles de una competencia es, en buena medida, reflejo de su calidad, o al menos de su atractivo. Hasta el fin de la fase de grupos la media goleadora no era del todo mala, pero en octavos y en cuartos cayó abruptamente. Se han convertido 321 goles en 128 partidos, lo que da un 2,50 por juego. Que seguramente descenderá en los 10 cotejos que restan, pues en los tramos finales prevalece la cautela; y porque el anhelo de cada uno lleva a un mayor esfuerzo y, por ende, a un mayor equilibrio. Siempre hay menos goles al final que al comienzo. Va a rondar en los 2,47. El año pasado se registró un promedio de 2,38, el octavo más bajo en 55 ediciones. Esperemos que la recta final de esta Copa sea menos desangelada que aquella, acaso la más pobretona de la historia. Consecuencia de la emigración de las figuras.

Resultado positivo. “Uno a cero no es ventaja”, dicen muchos. No coincidimos. Desde luego no es para descorchar champán, sin embargo reúne dos factores clave: el triunfo y no recibir goles en casa, que en estas definiciones suele ser fundamental. Esto obliga al rival a marcar dos para avanzar, caso contrario al menos hay penales. Y si se logra anotar de visitante, la serie está virtualmente sentenciada. Además, con la paridad absoluta que impera en el continente, un gol es una ventaja apreciable. Lo que no se debe hacer es lo de Estudiantes frente al Santa Fe en octavos de final. Fue a Bogotá a cuidar la mínima diferencia (había ganado 2-1), puso cinco defensores, ningún volante creativo y un solo delantero. Cuando Santa Fe convirtió el primer gol, Estudiantes ya estaba en la morgue, no tenía ninguna posibilidad de reacción; todo su plan era defensivo. El 1-0 en casa sirve en tanto se juegue de visita con cierta ambición ofensiva. Pero quien va con la táctica del autobús, por lo general es eliminado. Nadie aguanta 95 minutos refugiado en su campo; pierde. Esto del gol de visitante ha alterado muchas cosas y es motivo de una columna aparte.

Solidaridad ilimitada. Independiente Santa Fe dejó ante el Inter otra vez la imagen de equipo solidario. Todos corren, marcan, se mueven, se ayudan, se relevan, se acercan para ofrecerse como descarga o para, si no pueden detener al rival, al menos estorbarlo, desequilibrarlo para que otro compañero logre desarmarlo. Es un colectivo perfecto. Y la unión se revela cuando festejan un gol, en la alegría sincera de todos. El problema santafereño es su plantel cortito, son 12 jugadores, los que entraron frente al Inter y Arias, no se advierte más. Y entre los 12 contamos al atacante Páez, cuya prestación ha sido famélica en toda la Copa. Adelante, Morelo es la versión 2015 de Robinson Crusoe. Los goles salvadores de los defensas Meza y Mosquera delatan la escasez de municiones de la artillería.

Se va Costas. Santa Fe no se achica afuera, ha ganado al Atlas y a Colo Colo 3 a 0 de visita. Es capaz de pasar al Inter en Porto Alegre y un firme candidato a ganar esta Libertadores. Pero este equipo es una obra de Gustavo Costas, y el técnico se va a México el 15 de junio, de donde recibió una oferta irrechazable de $1,6 millones anuales del Cruz Azul. En ese caso, el equipo cardenal enfrentaría al vencedor de Emelec-Tigres con nuevo entrenador, pues semifinal y final quedarán para después de la Copa América. También debe resolver la continuidad del goleador Wilson Morelo, cuyo préstamo vence en junio.

Mosquerazo. Si debiéramos elegir un factor esencial en la victoria santafereña sobre el Inter, uno solo, diríamos Dairon Mosquera. Fenomenal actuación del lateral izquierdo. Quiso ganar el partido siempre, creyó hasta el último instante que era posible, clausuró su banda, empujó, escaló, centró… En su costado de la cancha, no hay que cortar el césped por 15 días. Y cuando ya nadie más podía marcar un gol, fue y lo hizo él. Recién tiene 22 años; enorme futuro. Pide selección urgente.

Un calco de Santa Fe. Emelec es el sosias ecuatoriano del equipo colombiano; todos trabajan en función del bienestar general. Modestamente, estábamos convencidos de que eliminaba a Nacional en octavos. Es muy buen equipo. Y tiene a Miler Bolaños, por mucha distancia el mejor futbolista del torneo. Un crack que el gran público internacional podrá apreciar en la Copa América de Chile. Emelec también tiene un plantel cortito. Y perdió a Mena, el veloz acompañante de Bolaños en ataque; se desgarró. Aún así creemos que puede llegar a la semifinal, aunque Tigres es una fuerza más que respetable, trabaja bien los partidos y es el conjunto con más goles de la Copa: 19 en nueve partidos. Pero vaya este detalle: al único que no le marcó es a Emelec. Y vuelve Burbano…

Cruzeiro se relame. Después de su penosa primera fase en la que clasificó con misérrimos siete puntos, River logró eliminar a Boca con un penal (una faltita mínima) y gracias en parte al gas pimienta. Ante Cruzeiro volvió a mostrar sus falencias estructurales. No se le cae una idea. Reúne nueve goles en nueve partidos, es el 18.° equipo en ese rubro. Y Teófilo Gutiérrez no atraviesa un momento excepcional precisamente. Hace tiempo no está bien con la red ni con la pelota; sufre con la falta de creatividad de los volantes. Cruzeiro hizo mejor las cosas, le ganó bien y tiene la mesa servida para rematarlo en el Mineirao. Para peor, River va a Belo Horizonte con un gol en sus últimos seis partidos, en tanto Cruzeiro no recibió goles en siete de los nueve que jugó en Copa.

Guaraní Porá. El humilde conjunto paraguayo venció por segunda vez como local a Racing (antes lo había logrado en el Grupo 8). Tiene características similares a los otros ganadores: ordenado, firme atrás, pelea bien la pelota en el medio. No le va a ser sencillo en Avellaneda, pero a Racing tampoco.

Las cartas están dadas para que haya un campeón nuevo en la Copa. Ojalá. Cuando sube el agua, sube el corcho, filosofaba la abuela andaluza.

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