Por: Danilo Jiménez 24 julio, 2015

 Un pilluelo de banderola y su cómplice de silbato sacaron a la  Sele de la Copa Oro cuando frotábamos la imagen de La Negrita para que iluminara a Esteban en los penales.

Ese era el panorama en modo caliente. Ya en frío, cuando todo se consumó y nuestro técnico digirió el robo en conferencia como una cosa del fútbol, hice el inventario. En realidad, la impericia de Carlos Vela nos salvó de cuatro goles, la Sele tuvo una mejoría anímica, pero no futbolística. Las dudas en defensa, medio campo y ataque alargaron su reinado.

El ciclo de Chope sigue rodeado de incertidumbre. Mientras él habla de crecimiento, de proceso y de aparición de figuras, el equipo carece de respuestas en todos los frentes. Primero se desmarcó de Pinto por las circunstancias que rodearon su nombramiento y pregonó un modelo de más posesión de pelota y gol. Hubo chispazos, pero perdimos lo mejor que teníamos: orden, solidez y equilibrio. Un año después, la Selección no sabe defenderse. La atacan por todos lados, hay un boquete desde el centro del campo hasta el corazón del área, y achicar la cancha como un bloque armónico, hacia adelante, hacia atrás o hacia los costados, dejó de ser la norma.

Paulo y Luis se ufanan de un crecimiento y me pregunto: ¿cuál, si no ganamos un solo partido? Y la aparición de futbolistas es relativa. Si apartamos a Alvarado, un arquerazo que atajaba así en Holanda, Venegas, Ramírez y Calvo son figuras por sí mismos. Es decir, son jugadores técnicamente muy completos y eso en el escalafón de un futbolista es clave porque los distingue del resto, pero no les alcanza porque requieren de una estructura colectiva que los potencie y en este momento no la tenemos.

Por eso tienen muchas lagunas en un mismo partido, por eso hacen un par de jugadas buenas y desaparecen, por eso un día sí y otro no, porque el resto del equipo no funciona ni los mete en juego con ventaja al recuperar la pelota.

El reto de Chope es unir en una coraza de equipo todas esas expresiones individuales. La verdadera solidez de esa estructura preocupa camino a la eliminatoria. Las señales de alerta siguen prendidas y el cuerpo técnico no hace la mínima concesión de humildad para admitir que la Copa Oro fue otro fracaso y que se impone la autocrítica.

A los dirigentes tampoco les importa. Están más afanados en ocupar la silla de Eduardo Li que en enmendar el rumbo de la Selección. Le aseguraron la continuidad a Chope a ojos cerrados, sin conocer siquiera el informe de lo que ocurrió en suelo norteamericano.

Paulo, ¿hasta cuándo seguiremos con esto?, ¿qué otra señal debemos esperar para ver un cambio? Devuélvanos a la tierra de los sueños, la misma en donde estaba la Selección cuando usted tomó el mando. Y un favor especial: no me pida que olvide Brasil 2014.