Por: Danilo Jiménez 6 marzo, 2015

Tengo un sobrino que se tatuó a Cartaginés en el alma. No se pierde un partido, otea los entrenamientos cuando puede y rastrilla a diario las redes sociales en busca de información blanquiazul.

Es uno más de esa legión fresca y veinteañera, inmune a mofas por la sequía de casi 75 años sin título; un soñador perenne que renueva su filiación cada semestre confiado en que esta vez será.

Vio en el arribo de Enrique Meza Jr. el envión de esperanza, pero los últimos resultados del equipo le alteraron la alegría que lo envolvía al comenzar la temporada.

Después de la derrota merecida ante Santos, que pudo ser una goleada tan escandalosa como la que le propinó Alajuelense, me dijo algo inquietante: “Tío, la gente se está ahuevando”.

Eso en buen lenguaje tico significa que la afición empieza a hartarse de lo mismo, de esa recurrencia enfermiza con lo malo o mediocre que es patrón desde hace siete décadas.

La dirigencia del Cartaginés tiene que pellizcarse. Si los jóvenes que encarnan el futuro se desmotivan y claudican, en el “Fello” Meza campeará la imagen de gradas vacías que retrató la televisión el domingo anterior.

En los últimos 15 años se ha disimulado esa nada que es el equipo tras cada torneo, con el argumento de que tiene una afición joven y noble que inunda los graderíos sin exigir títulos y que encarna la continuidad de la especie blanquiazul.

Pero cuidado porque la fe de las nuevas generaciones puede expirar si el equipo se repite en actuaciones pobres como ante los santistas, en donde un rival modesto y ordenado lo paseó en su propia casa y retrató sus males.

El Cartaginés de Meza Jr. es un equipo de ojos tristes en todas las líneas. Solo se salvan la jerarquía de Scott, el ida y vuelta de Kevin Vega, algunos chispazos de Condega, la gambeta sin complejos de Paolo, cuando el técnico lo alinea, y las sensaciones que provoca Palacios.

Es una pena por el entrenador. Dicen que trabaja sin descanso, innova en cada entrenamiento, está preocupado por la técnica de los jugadores, intercambia mails con Guardiola y hasta se armó de un software con todos los secretos tácticos de los rivales.

Las respuestas no llegan y el tiempo se acaba. ¿Acabará con los “Ojitos” tristes?

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