Técnico morado es reconocido como un hombre cauto en sus intervenciones.

Por: José Luis Rodríguez C. 25 diciembre, 2015
Emerson y Nadia, de 33 y 30 años, son los únicos hijos de Carlos Watson Simes. | CORTESÍA DE NADIA WATSON
Emerson y Nadia, de 33 y 30 años, son los únicos hijos de Carlos Watson Simes. | CORTESÍA DE NADIA WATSON

Hoy, cuando se levante, si es que pudo conciliar el sueño, Carlos Watson tiene dos cosas que celebrar: su primer título como entrenador y la primera semana de vida de Emerson, su nieto.

Pese a que lo intentó en 1986, dirigiendo a Alajuelense, y que fue monarca de Concacaf con Saprissa en 1993, esta es la primera corona de Watson en el fútbol de Primera División.

Con 64 años, este hijo de Vicente Watson y Clarisse Simes, ambos fallecidos, es reconocido como el responsable de llevar a los morados a su corona 32.

Pero el fútbol, así como la vida, no olvida a quienes luchan y le han jurado amor, y Carlos, el tercero de los Watson Simes, recibió el premio de tantas horas estudiando su pasión: el balón.

“Desde pequeño él vivió para el fútbol, siempre teníamos que ir a traerlo a Plazilla, allá en Cieneguita, donde jugaba, él se escapaba, lo íbamos a traer y se volvía a ir”, recuerda Rosa Watson, hermana del técnico.

Rosa, quien es cuatro años menor, y la otra que sobrevive de cinco hermanos (Lee, Patricia y Vilma fallecieron), lo pinta como alguien muy analítico.

“Cuando estábamos con nuestro papás hablando, él estaba callado y se tomaba su tiempo antes de hablar, es un hombre cauto, piensa las cosas”, apunta.

Estudioso es la palabra que usa Nadia para describir a su papá, el hombre chineador que aún a los 30 años la sigue mimando.

“Siempre ha sido super cariñoso y es muy gracioso, aunque no lo parezca, es un gran ejemplo por ser tan estudioso”, expresó Nadia, quien “sopló” que don Carlos siempre ha sido seguidor del Arsenal inglés.

Ella es la menor de la familia conformada por el técnico y su esposa, Adilia Muñoz, y Emerson (33), hijo mayor y papá de Emerson, nieto de una semana que trae de cabeza al que hoy es campeón.

“Es la locura de la casa –el nieto–, de todos”, comentó Nadia.

Muy correcto. Nacido en Limón, de donde se vino siendo adolescente, Watson está tan orgulloso de sus raíces que entre las anécdotas que más le comentó a su hijo cuando regresó del Mundial Infantil de Nigeria 99, fue que en cada esquina veía a sus abuelos.

Claro, para don Carlos, quien jugó en Limonense y Herediano como central y lateral izquierdo, toma valor el lograr la segunda ronda en aquella cita mundialista, la primera desde que en 1991 convirtió el banquillo en su casa.

“Es especial, siempre está para mí, me siento protegido, él nos educó para ser personas correctas... Con él no se podía negociar, cuando decía no, era no, pero siempre tenía razón”, dice Emerson, quien hoy celebrará junto a su papá doblemente primerizo: como abuelo y como campeón.

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