Por: Roberto García H. 18 julio, 2015

Amanece. El dios del fuego lanza sus primeros rayos y alarga la sombra del sereno, quien apaga la luz mortecina de los faroles. La incipiente claridad del día, comienza a disipar los fantasmas. El rodar de hierro y madera de la carreta sin bueyes, truena sobre la calzada colonial. Se oculta el padre sin cabeza; la Llorona posterga su llanto y el Cadejos desaparece en la esquina.

La aurora se manifiesta. Jugando con la imaginación de mitos y espantos, transito despreocupado por media calle. Caminar al aire libre es un deporte que he convertido en ritual, convencido de que media hora o más de caminata diaria, es una actividad beneficiosa para sesentones como el suscrito.

Obligado por el paulatino aumento de los vehículos en la vía, continúo por las aceras. Y es justo ahí donde empieza mi pequeño calvario. Hay que ver lo abruptas que son las aceras en Zapote y sus alrededores, tanto que caminar normalmente se vuelve una odisea, por el peligro de darse de narices contra el suelo o, peor aún, de caer en alcantarillas sin tapas. Ya me sucedió un día de estos. Tropecé con un pedazo de metal y me fui de bruces. Con tal de no darme el color, me levanté lo más rápido que pude y seguí, simulando movimientos aeróbicos, pero con las rodillas cholladas. Es inconcebible, en dos décadas no hubo alcalde capaz de mantenerlas como Dios manda, ni existe hoy alcaldesa que arregle, por lo menos, las aceras de Zapote y las del centro de San José. Además, ¿se han fijado en la suciedad de calles y aceras de la capital? Tal parece que no hay quién acabe con ese vergonzoso relieve de nuestra geografía urbana.

Imaginar sustos y tiempos idos es una de mis distracciones para hacer más placentero el trayecto del único deporte que practico. Anímese usted también. Es una actividad sana, al aire libre. No hay que pagar membresía de gimnasio ni padecer por la falta de parqueos. Simplemente, usted calza sus tenis; viste buzo o pantaloneta y lo que sigue es un pleno disfrute que, no más de entrada, mejora el estado de ánimo. (Para bajar de peso, hay que esperar un poquito más).

Caminante, aunque no hay aceras, no renuncie a sus travesías. Eso sí, procure no meter la pata para que no le toque aterrizar de golpazo. Viéndolo bien, cualquier riesgo vale la pena.

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