Propuesta morada estuvo a punto de surtir efecto pese a la expulsión de Flores

Por: Kenneth Hernández Cerdas 22 febrero, 2016

Hay clásicos electrizantes que giran en torno a las veces que se mueve el marcador; también están aquellos en los que una sola anotación basta para resolver un duelo regido por la táctica y la pizarra de los entrenadores.

Ayer, en el Alejandro Morera Soto se vivió un clásico rígido, marcado por el cálculo y resuelto en una acción de táctica fija determinante para darle tres puntos y el liderato a Alajuelense.

Mediante una jugada de pizarrón, la Liga no había metido un solo gol en el certamen, pero ayer, en un cobro de esquina desarmó la defensiva saprissista y anotó.

Pablo Gabas fue el autor del gol, en el minuto 33, que resolvió un partido más gélido de lo acostumbrado, sacudido al cierre por el ímpetu saprissista de no salir con la cabeza gacha del Morera.

El arquero Patrick Pemberton tuvo mucho que ver en la victoria de su equipo porque dos atajadas suyas fueron claves para que el resultado no cambiara.

En el primer tiempo, cuando el marcador estaba en cero, Pemberton bloqueó un disparo de David Ramírez, tras un grueso error de Johnny Acosta. Después, en la agonía del partido, el guardameta secó la pólvora del mismo Ramírez, tras un remate a quemarropa que pudo significar el 1-1.

Ni la Liga ni Saprissa hicieron un juego para encandilar, lo suyo se enfocó en controlar el choque y gastar los minutos en encontrar la mínima rendija.

La imagen del primer tiempo así lo reflejó. El cuadro casa empezó mostrando los colmillos pero se quedó en eso, y la oncena saprissista se empecinó en dominar la pelota sin el veneno necesario para herir a su rival.

Piezas fundamentales del bando morado no pesaron tanto como en otras ocasiones. Marvin Angulo corrió lejos de los reflectores, lo mismo Daniel Colindres, reemplazado en el intermedio.

Acostumbrado a marcar el ritmo de juego de su divisa, Angulo no pesó ni en su especialidad, los tiros libres. Por ahí Saprissa se quedó sin su mayor herramienta para abrir cerrojos.

En el caso de los alajuelenses, Diego Madrigal inició a mil revoluciones, mas, fue perdiendo energía con el paso del tiempo. Lo mismo le ocurrió a Allen Guevara cuyo motor se apagó y Delgado lo envió al banquillo.

El partido tuvo momentos en los que hubo un concierto de pases errados y pelotas llovidas al área sin mayor trascendencia.

Hasta dio la impresión de que los actores no estaban sintiendo el rigor del clásico que mueve pasiones en las graderías.

Los gestos de Carlos Watson pidiendo más entrega a sus dirigidos evidenció la parsimonia con la que circuló el balón en la sintética rojinegra.

En el complemento la Liga reculó para contragolpear y jugó 24 minutos con una ficha de más tras la expulsión de Dylan Flores. Eso sí, no aprovechó la ventaja en el campo y jugó al límite porque su oponente metió la pelota en el área hasta convertir en héroe al arquero Pemberton.