La clase de Carlos Hernández fue uno de los atractivos dentro de un partido regular

Por: Roberto García H. 13 octubre, 2014

Alajuela. Cuando el árbitro decretó el final del primer tiempo entre Carmelita y Santos en el entorno semivacío de la gramilla flotaba una sensación de fantasmas.

Sin demeritar la cohesión guapileña en la fase inicial, con un fardo de tres goles en sus cordeles (el 0 a 3 definitivo, a la postre), los hombres de Carmelita parecían más bien un elenco de seres sombríos que desfilaban hacia el camerino.

En el control del juego, en la administración de las pausas, en los servicios exactos y en efectividad, Santos de Guápiles había sido más, mucho más que el conjunto verdolaga de Guilherme Farinha.

Las anotaciones caribeñas se concretaron en la primera etapa de un encuentro que resultó de calidad regular para los pocos aficionados que se sentaron en las gradas.

Sensación de fantasmas... Debe ser difícil jugar de protagonista sin el clamor ni el grito; sin el canto de la tribuna. Porque ahí no había nadie. O casi nadie, si se repara en que se libraba un juego de Primera División en este país mundialista.

Adrián Marrero (10), el mejor de Carmelita, intenta neutralizar a Cristhian Lagos, ariete, baluarte y goleador del Santos de Guápiles. | MARIO ROJAS
Adrián Marrero (10), el mejor de Carmelita, intenta neutralizar a Cristhian Lagos, ariete, baluarte y goleador del Santos de Guápiles. | MARIO ROJAS

Toque y proyección. El mediocampista Carlos Hernández creció desde el principio como la figura del encuentro. Con su buen criterio en el manejo de la pelota y con sus pases certeros, el santista propició la ventaja en el minuto cuatro.

Un atinado servicio suyo por izquierda puso a Mario Víquez en la ruta del gol. Cuando ingresaba en el área, el zurdo soltó un trallazo y concretó la primera gotera en la meta de Olger Ruiz, al 4’.

Cuatro minutos después (8’), fue José Carlos Pérez quien centró a media altura. Libre de marca, Kevin Fajardo alojó el 2 a 0. Y al 33’, de nuevo Hernández dio un pase-gol a Cristhian Lagos, para el 3 a 0.

Faltaban 45 minutos. Los que “sobraron”, precisamente, ya que a pesar de que los locales mejoraron, la ventaja acumulada del primer período no se vio en peligro en ningún momento del choque.

Con su estilo y personalidad, en el transcurso de esta etapa, Guilherme Farinha se instaló, sentado en el banquillo, y dejó a Carlos Castro, su asistente, con la dinámica de las instrucciones, mientras sus “fantasmas” procuraban sacudirse en su reacción tardía.

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