Por: Roberto García H. 10 octubre, 2015

Me mira y sonríe desde un cartel publicitario. Bordeo la rotonda de la Hispanidad y le devuelvo la sonrisa (vale que voy a pie). La observo y reparo en cuán admirable es. Mujer pionera en el periodismo deportivo, muchacha osada que supo desafiar prejuicios e incursionar con éxito en el reporterismo futbolístico, allá por los años 80, una época en la que este quehacer estaba reservado a los varones, casi con exclusividad.

Ella fue la primera o una de las primeras damas —perdón si me equivoco— que abrió brecha a las féminas en la cobertura futbolística, cuando reporteros y cronistas podíamos ingresar a los vestuarios a entrevistar a los jugadores, sin las restricciones y cortapisas de la actualidad.

Ya no recuerdo cómo se las arreglaba ella para sortear esa aparente limitación, mas, lo cierto es que se desenvolvía maravillosamente e imponía su personalidad entre los colegas y los futbolistas de la Primera División.

Después de Adriana Durán surgieron otras periodistas deportivas destacadas, como Yuri Jiménez, Sandra Zumbado, María José Brenes y Sofía Quesada, amigas, colegas de prensa escrita y también pioneras, con quienes el suscrito tuvo el privilegio de compartir en distintas épocas en La Nación, y aprender de la solvencia profesional que, desde entonces, las identifica.

En sus tiempos de estudiante, era frecuente escuchar el nombre de Adriana en los corrillos universitarios, pues despertaba no pocas suspicacias por la obstinación de la joven madre de convertirse en periodista deportiva. Hasta que, gracias a su afán, convicción y constancia, rompió los estereotipos.

Por eso y más, esfuerzo es la palabra que la define en el cartel de la rotonda de la Hispanidad, en el espacio público que esta pionera y hoy destacadísima periodista de televisión ocupa con absoluta legitimidad.

El dios obtuso y cavernícola que reservaba a los varones la exclusividad de emborronar cuartillas y empuñar micrófonos en el periodismo deportivo, fue derrotado por el hada madrina que tocó a Adriana Durán con su varita mágica. Y abrió la senda que tantas mujeres han emprendido, gracias al ejemplo de la bella señora de la rotonda, quien me sonríe y saluda desde un cartel de publicidad.

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