Cesc Fábregas y Raphael Varane hicieron los goles de un duelo emocionante

 31 enero, 2013
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Madrid. El Camp Nou dictará sentencia a las semifinales de la Copa del Rey, tras el primer capítulo de un clásico repleto de futbol, en el que a falta de goles de Cristiano Ronaldo y Leo Messi, el Barcelona pudo sentenciar tras el tanto de Cesc Fábregas y permitió levantarse a un Real Madrid amparado en la figura de Raphael Varane (1-1) .

Real Madrid y Barcelona homenajearon al futbol en un clásico de alta intensidad, explotando cada uno sus virtudes, tan diferentes y a la vez brillantes, que les convierten en los mejores equipos del planeta.

José Mourinho recortó la abismal diferencia que separaba a los dos equipos sobre el césped. Recuperada la autoestima madridista, pasó a apostar por mirar a los ojos del rival. De cerrojazos pasó a presión en campo rival.

Fue valiente Mourinho ante el planteamiento de Tito Vilanova, que estaba en el Bernabéu sin estar presente. Las bajas en defensa condicionaban al portugués. Con Pepe y Sergio Ramos, veloces, la línea defensiva puede estar adelantada y el equipo unido en la presión. La lentitud de Carvalho era correr riesgos. Si retrasaba la defensa el equipo sería demasiado largo y aparecerían los espacios. Ahí Messi se mueve como pez en el agua.

Carvalho lo sabía y saltó nervioso. Emergió la figura de Varane. Su primer clásico y jugó como si fuese él quien tuviese más experiencia en la zaga blanca.

La velocidad era letal en el contragolpe madridista. Aceptó la propuesta el Barcelona, que por momentos redujo el toque. Fueron minutos espectaculares, emulando a dos ciclistas que suben un puerto. Subía el ritmo uno, respondía el otro. Lo bajaba el Barça cuando Iniesta echaba a dormir el esférico y el Real Madrid respiraba.

En la reanudación el nivel de espectáculo no se rebajó. Incrementó con los goles y el cansancio del tremendo esfuerzo propició errores que desaprovechó el Barcelona. Pudo sentenciar.

Duelos tan igualados se deciden por detalles, por un pequeño error. El de Callejón fue grande y doble. Despejó mal. Al centro. Y se quedó enganchado y rompió el fuera de juego. El balón cayó en Messi que cedió a Cesc. En el mano a mano superó con facilidad a Diego.

El Barcelona era el dueño del balón, pero al conjunto madridista nunca hay que darlo por muerto.

La semifinal mantiene la vida porque Varane completó su mejor partido con lo único que le faltaba. Un centro desde el costado derecho de Özil lo cabeceó con el alma a la red. El Barcelona pasaba de pedir la segunda amarilla a Carvalho, por una mano, a lamentar un empate que deja todo abierto.