El Atlético acarició la Copa, pero el gol de Ramos al 93’, revivió la fe madridista

 25 mayo, 2014

Lisboa El Real Madrid reconquistó ayer el trono europeo agarrado a la épica, la que le permitió igualar al 93’ una final que tenía perdida y la que le dirigió hasta la décima en la prórroga, en el final más cruel para el Atlético.

Iker Casillas (centro) levanta la ‘orejona’ rodeado de sus compañeros en el palco del estadio Da Luz. Por 12 años, la Copa de Europa había sido esquiva para el Real Madrid. | EFE
Iker Casillas (centro) levanta la ‘orejona’ rodeado de sus compañeros en el palco del estadio Da Luz. Por 12 años, la Copa de Europa había sido esquiva para el Real Madrid. | EFE

Fue un derbi con muchísima más emoción que fútbol, pero con todas las dosis de esos partidos apasionantes, de esos encuentros que desbordan las emociones porque se convierten en un ejercicio de aguante físico para los futbolistas a estas alturas de la temporada, ya sin aire ni fuerzas.

Todo cambia en el momento más imprevisto. El Atlético acarició la Copa de Europa casi una hora, con un gol de Diego Godín, en una mala salida de Iker Casillas, hasta que en el minuto 93, cuando se cumplía el tercero de los cinco de añadido, el cabezazo de Ramos forzó la prórroga.

Desde el inicio, ni el Madrid quería contraataques del Atlético ni viceversa. En esa idea, en esa convicción de anular al oponente para vencer, se movió el encuentro durante muchos minutos, todo condensado en mínimos detalles.

La defensa por encima del ataque sin distracciones. Por eso, al Atleti no le importó que un intrascendente Khedira, la apuesta de Ancelotti para suplir a Xabi Alonso, jugase con la pelota; por eso el Madrid tampoco le dio transcendencia a la posesión del conjunto rojiblanco, y por eso el partido completó la primera media hora con un fútbol inexpresivo.

El ‘milagro’ Diego Costa, aún renqueante para el once, duró solo nueve minutos en el terreno, porque el partido le reclamó mucho más de lo que podía dar su músculo bíceps femoral.

Un mazazo al 93’. Si el Real Madrid vivía del fallo del rival, el equipo rojiblanco no fue menos, y en eso pocos bloques son más contundentes que el Atlético: es un especialista el grupo dirigido por Diego Simeone.

No concede nada a su adversario, pero tampoco pasa por alto una concesión de su oponente. Lo demostró en el 0-1.

Iker Casillas salió con decisión en un balón llovido, pero dudó a medio camino. Ni despejó ni reculó yel zagueo Diego Godín le cabeceó por encima.

El 0-1 exigió al Madrid para la segunda parte, en la misma medida que reforzó al Atlético esa estructura que bloquea a sus rivales.

El Madrid se reactivó de la mano de Ángel Di María y creció ofensivamente con el ingreso de Marcelo e Isco, por ambición y por juego en esa lucha contra el reloj y la solvencia en la retaguardia rojiblanca, que defendió con todo hasta el minuto 93’, cuando Sergio Ramos empató de cabeza.

Un mazazo para el Atlético. Ya tocaba la Copa de Europa. Era suya hasta ese testarazo y ahora debía volver a ganarla en 30 minutos o desde el manchón blanco.

Pero apareció Di María, al 110’. Se comió la banda y disparó, Courtois rechazó y la pelota llegó a la cabeza de Gareth Bale, para el 2-1.

El final más cruel para el Atleti y más feliz para un Real Madrid que por fin tiene su décima Copa de Europa, sentenciada con los goles de Marcelo y Cristiano, cuando los colchoneros ya no tenían piernas.