10 marzo, 2014

Buenos Aires

Tapa pelotas imposibles bajo los tres palos, va bien arriba en los centros, sabe salir en el mano a mano, ordena la defensa, saca preciso con las manos o los pies, patea tiros libres, a veces hasta sube a cabecear... y mete un gol. Es el arquero moderno, notoriamente superior al de antaño.

Imagen sin titulo - GN
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Por ser contemporáneos y verlos a diario nos parece natural, ni nos damos cuenta de los arquerazos actuales. En España hay un racimo de goleros fenomenales: Iker Casillas, Diego López, Víctor Valdés, Willy Caballero, Keylor Navas, Kiko Casilla, Diego Alves... Los vemos cada fin de semana hacer paradas sensacionales. Lo mismo pasa en Alemania (Neuer es extraordinario), Inglaterra, Italia... En Brasil se ven notables porteros, en Copa Libertadores... En la eliminatoria suramericana destacó ampliamente el colombiano David Ospina, también el chileno Claudio Bravo.

Grandes responsables de que no haya más goles en el fútbol actual son los guardametas. Es el puesto de mayor evolución del fútbol. Cuando miramos en video los goles de hace 40, 50 o más años nos damos cuenta lo elementales que eran antes. El atacante avanzaba, avanzaba, se acercaba al arco y el golero no salía, luego se la tocaban a un costado y gol. Vivían pegados a la raya, no tenían porte físico, de muchos se decía “es bueno tapando, su déficit es el juego aéreo”. Hoy, un arquero que no domine su área, no se imponga de alto o no sepa jugar con los pies directamente no puede entrar al campo.

El del golero es tal vez el más palpable de los muchísimos cambios que el fútbol experimentó con los años, y que no son percibidos por el público en general. Porque, además, las transformaciones no se notan de un año al siguiente, se pueden apreciar a través de las décadas. Que alguien pruebe mirar en Youtube la final de México '70. Quienes la vivimos de jovencitos la tenemos en el altar supremo de los recuerdos; pero si la vemos de nuevo se nos hace añicos.

Ramón Martínez, director deportivo durante décadas del Valladolid, del Barcelona y del Real Madrid, pero sobre todo apasionado del juego y estudioso del mismo, nos cuenta una anécdota reciente, muy ilustrativa: “Desde joven quedé con un recuerdo imborrable de aquel equipo de Perú del 70; tenía jugadores excepcionales como Chale, Cubillas, Sotil, Perico Leon, Baylón, Chumpitaz... Unos fenómenos, vamos... Y me puse a buscar videos sobre sus partidos en el Mundial. Busqué por cielo y tierra y no conseguí, hablé a la Federación Peruana y no tenían; hasta que dí con Juan Carlos Oblitas y me dijo: “Yo los tengo”. ¡Qué suerte...! Total, me los mandó y me senté a verlos con una gran expectativa. A los 15 minutos apagué y no vi más. Era otro deporte, jugaban andando, una desilusión... Me pregunté cómo eso pudo deslumbrarme tanto entonces, pero bueno, era lo que había”.

¿Cuáles son las claves de esta superación del guardameta? Varias, sin duda, aunque podrían resumirse en tres principales: 1) La acumulación de experiencias y la transferencia de conocimientos. 2) El entrenador de arqueros. 3) La regla del pase atrás.

La primera es obvia, el profesional de hoy es heredero de todos los aportes que fueron haciéndole al puesto sus colegas anteriores. Un día alguien descubrió que, saliendo, achicaba el ángulo de tiro. Y luego todos empezaron a salir. Otro se percató de poner un defensa en cada palo en los córners. El Loco Gatti, que no era bueno volando, inventó que era más simple salir del área y evitar la situación de gol que el gol. Y salía a cortar el pase-gol anticipando al delantero. Algunas veces falló y muchos se rieron, pero impidió cientos de goles. Así fueron forjando un legado.

La segunda es, quizás, la más importante. Antes el arquero se iba haciendo solo, a fuerza de goles en contra. Cuando ya había aprendido lo suficiente, estaba cerca del retiro. El preparador de arqueros es un avance fundamental. Alguien que transmite a un joven, ya desde los 18 años, todos los secretos del arco. “Yo era apenas un buen portero, hasta que me topé con Pedro Zape. Él me enseñó muchísimo”, reconoce Óscar Córdoba. Zape fue otro gran meta colombiano.

Con el adiestrador de arqueros creció el entrenamiento específico. Inviertan cinco minutos en ver en Internet una práctica de Keylor Navas , el cada vez más ascendente arquero costarricense que está en carpeta de varios grandes de Europa. Es impactante ver su trabajo y explica en buena medida el suceso que está teniendo en el Levante. Keylor es el más valorado de la liga española en su puesto en lo que va de la temporada y un paradigma del arquero actual: elástico, concentradísimo, dueño del área, más ganador que víctima en las jugadas.

En 1992 se prohibió a los arqueros tomar el balón con las manos tras el pase de un compañero. La idea era evitar la especulación; también las demoras. Sin pretenderlo, la regla logró que el guardameta aprendiera a jugar con los pies y se convirtiera realmente en la onceava parte del equipo. Pasó a ser un jugador completo. Tanto que hoy es de los que mejor rematan.

Ahí apareció la vertiente más inesperada, la versión del arquero-goleador, encarnada en René Higuita, José Luis Chilavert y, sobre todo, en el brasileño Rogério Ceni, autor de 112 goles hasta hoy.

El presente nunca tiene buena prensa, pero esta es una realidad indiscutible: hoy, el del guardameta es el puesto mejor cubierto del fútbol.

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