Por: Juan José Herrera Ch. 14 octubre, 2014
 Kim Ju-young despeja el balón en la raya, asediado por Johan Venegas y Bryan Ruiz. En ese momento el marcador indicaba Corea del Sur 0-Costa Rica 0.
Kim Ju-young despeja el balón en la raya, asediado por Johan Venegas y Bryan Ruiz. En ese momento el marcador indicaba Corea del Sur 0-Costa Rica 0.

Los duelos amistosos ante Omán (3-4) y Corea del Sur (1-3) le dejaron a la Selección Nacional la dosis de ensayo que siempre se busca en los fogueos, pero sobre todo, la confirmación de que no hubo casualidad en la actuación del Mundial de Brasil.

Hoy, con la gran mayoría de la base que hizo historia en la cita suramericana, la Tricolor volvió a ser ese equipo ordenado y dinámico, con la gran salvedad de apostarle a la línea de cuatro atrás y una mayor ofensiva arriba.

Esa fue la gran consigna de Paulo César Wanchope en este proceso suyo de interinazgo: la de trabajar sobre un sistema que Jorge Luis Pinto utilizó como secundario y que ofrece más piernas arriba, una ganancia importante cuando de llevar la propuesta se trata.

Funcionó. Si bien la ajustada victoria ante Omán el pasado viernes preocupó por las deficiencias en defensa, la Tricolor al menos se mostró efectiva en ataque. Hoy, ante Corea del Sur, los espacios se redujeron atrás, pero la obligación de ir al frente se mantuvo.

A todo eso también se le unió el tema de nombres, con dos nuevos debutantes en la era Wanchope (Felicio Brown y Mayron George) y la confianza a otros cuyas caras aún resultan frescas, como sucedió esta mañana con David Ramírez y Johan Venegas.

Todo eso en una gira que, además, no le reparó ningún gasto a la Fedefútbol, tiene que dejar un balance más que positivo para la Tricolor, que con partidos como los de hoy reaviva la ilusión de un proceso que, por fin, parece tener un norte claro.