La periodista Erika Rojas vivió el debut Celso Borges en el estadio de Vallecas ante el Rayo.

 31 enero, 2015

Madrid, España

Se acerca a la tribuna, le da la mano a ocho aficionados, de uno recibe un regalo. Saluda, camina hacia atrás, abre el regalo, agradece. Levanta sus brazos y aplaude. Regresa a la cancha y se escucha, increíblemente estremecedor, un coro que solo dice el nombre del volante costarricense. "Celso, Celso Borges". Lo entonan tres veces al unísono los aficionados del AIK de Suecia.

Fue en mayo del 2014, pero yo no puedo dejar de ver el video ese. La última vez fue hace 18 días, cuando el Dépor anunció oficialmente el fichaje del tico.

Me preguntaba cómo podía dejar atrás a esa afición tan noble, tan recia. Pensaba en lo que le tomaría volver a destacar, a ganarse ese cariño y ese respeto en un nuevo equipo. Ese respeto que le tenemos quienes lo hemos visto jugar.

Debut de Celso Borges con el Deportivo La Coruña
Debut de Celso Borges con el Deportivo La Coruña

Y le tomó 71 minutos. A ver, que es el inicio. Pero ¡qué inicio! Lo de anoche ante el Rayo fue suficiente para empezar a enamorar a una afición.

Solo puede ser mejor si gana el Dépor, pensaba. El partido estaba 1-1. Eran más de las 10 p. m., hacía frío en Vallecas, mucho, y nadie a mi alrededor se sentía tan feliz y orgullosa como yo. Nadie estaba rajando con el "22" de los azules, solo yo. Bueno, Silvia y yo, una amiga tica que está de visita en Madrid, pero a la que el futbol le entra flojo, digamos.

Solo puede ser perfecto, o más que eso, si anotara otra vez. Seguí. Pero ya era gula. Ya el gol del minuto 10 me había dado suficiente felicidad en medio de la amargura local: Celso había anotado su primer gol en la Liga, en su primer partido con el Dépor y como titular. Busqué banderas tricolor, busqué a Guima, intenté encontrar un "mae" en conversaciones ajenas, pero nada.

Eran más de las 10 p. m. y pitaron penal. Hacía frío en Madrid y abracé a Silvia. No por el frío. Estábamos celebrando anticipadamente. Porque imaginé al Celso del Mundial, anotando en los penales ante Grecia, con total seguridad.

¡¿En pleno debut y va a cobrar un penal?! Fue demasiado.

La afición del Dépor lo gritó, lo ovacionó, se quedó corta con semejante debut. Y empecé a tararear el coro sueco del homenaje de los suecos que se enamoraron de Celso como muchos se enamorarán de él en España.