LN PROA

Costa Rica, Domingo 17 de mayo de 2009

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Cartas a María

María Pérez-Yglesias | proa@nacion.com

Comunicadora

El lector comenta:

El llamado “Consentimiento informado” que uno debe firmar en los hospitales es un arma de doble filo. El responsable se lava las manos, los pacientes firmamos sin entender y, además, si algo pasa tenemos la culpa. Un mal chiste, ¿no cree?Yolanda D.

María responde:

Hubo una vez, hace no mucho tiempo, que el poder hacía creer infalibles a los médicos, a los sacerdotes, a los abogados, a los padres de familia… Cuanto menos sentimientos, afirmaban, mejores decisiones. La verdad, el saber, no se compartía con el paciente, el acusado, el pecador, el hijo o la mujer. Recuerdo cuando me echaron del Hospital México porque me negué a tomar dosis altas de cortisona. El hombre, sin alzar la vista, me dijo: “Yo soy el médico”. Y yo le respondí: “Pues el cuerpo es mío”.

Un cuarto de siglo después, sigo pensando lo mismo. Nadie conoce mejor su cuerpo y su alma que uno mismo. Tenemos derecho a discutir, conocer, pensar y decidir incluso si queremos o no vivir más.

Eso sí, consentir debe ser un acto de voluntad, informado y después de entender bien todas las posibilidades. Hace tanto tiempo que la sociedad considera “bien” no mezclar los sentimientos con la profesión y acepta creer sin pensar, hace tanto tiempo que eludimos la responsabilidad de decidir nuestra propia historia –y la de los que dependen de nosotros–, que ahora necesitamos acostumbrarnos a la nueva ética. Aquí estamos hablando de vida con calidad, de derecho a querer o no querer que experimenten con nuestros cuerpos, de afirmar o prohibir que nos operen o nos sometan a torturas para alargarnos la vida. Dichosos los profesionales de hoy porque se les reconoce el derecho de sentir, el derecho a compartir su saber y tomar decisiones en conjunto. Dichosos nosotros que tenemos el derecho a que nos informen, nos expliquen, nos consideren como seres humanos racionales y con–sentimientos. La bioética nos ayuda, pero solo el tiempo probará que es mejor “consentir” que sufrir las consecuencias por la decisión unilateral de terceras personas.

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