La luz de la tarde cae sobre los edificios y miles de personas salen del trabajo. Falta poco para que la multitud llegue a su destino y también para que San José parezca una ciudad: no mucho, solo más limpieza, seguridad, áreas verdes, descontaminación y, sobre todo, espacio para que esa misma multitud de peatones pueda transitar sin necesidad de arriesgar su vida por un trozo de asfalto.
En la zona del Paseo de los Estudiantes, en calle 9, el ambiente josefino tiene otros aires, quizá no menos turbios pero sí más exóticos. Como sabe cualquiera que se haya tomado la molestia de caminar por los alrededores, este es ‘territorio chino’ desde hace al menos 20 años.
Abarrotadas, las paradas de buses de Los Guido presencian todos los días el ajetreo de almacenes como el Daxiang, el Súper El Puerto, el Han San o, un poco más allá, el Centro de Artículos Chinos Da Xing.
La pregunta obligatoria no es qué venden estos negocios, sino qué no venden pues, salvo uranio enriquecido, quizá vendan cualquier cosa que uno necesite. Mejor aún: que uno no necesite.
El repertorio de productos es interminable, así como auténticamente chino: difícilmente a alguien se le ocurriría ponerse a copiar artículos chinos. ¿La industria danesa plagiando a la industria china? Más que imposible, eso sería ‘contranatura’.
Huevos de pato cocidos, tés, ginseng , vinos, ropa, muebles, motocicletas, verduras chinas (cuyos nombres no tienen traducción al español), toda clase de alimentos, artículos para el hogar, aceites, productos enlatados, joyas, arroz, lámparas, confites, cremas, jabones, juguetes, zapatos, espejos, juegos de sala...
Los enormes contenedores de cartón grabados con caracteres chinos, la peculiar disposición de millones de productos en oferta, la atmósfera inconfundible de cientos de olores cruzados y la sensación de encontrarse en un universo paralelo delatan la naturalidad con que los comerciantes orientales se asentaron en esta zona de San José.
Además, tampoco falta la mirada silenciosa y rasgada de sus propietarios, abierta todos los días y casi las 24 horas.
“Solo pone que precio sin competencia. Solo pone que servicio muy bueno, muy simpático”, dice Waipon Chan, propietario del Súper El Puerto, un negocio que atiende junto a su esposa, Yan Ping Chen.
Con 28 años de vivir en Costa Rica y ocho de atender su negocio en Paseo de los Estudiantes, Waipon supera la media de comerciantes de la zona: es muy comunicativo, aunque mantiene la compostura: “Para anunciar productos no necesita saber historia de personas”, dice. En su negocio se vende todo lo anterior, y quizá hasta más.
Ricardo Young dice que en realidad se llama Tze-Hong. Es un joven muy amable de origen chino, nacido en Cantón y criado en Costa Rica, que habla chino y español con una fluidez envidiable. Ricardo –Tze para los amigos– atiende detrás del mostrador del almacén Da Xing.
Tímido para regalar el nombre más no la información, explica algunos pormenores del negocio. “Vendemos especialmente productos para el hogar, lámparas, adornos, muebles, ropa y joyería. El negocio tiene al menos siete años de estar en la zona”, cuenta. “Lo abrieron mis suegros y ahora es de mi suegra, pues mi suegro falleció hace tres años. Ellos eran los dueños del restaurante Tarzán, que estaba al lado del Tin Jo”.
En algunos negocios, sin embargo, se respira desconfianza. En un español de primera generación, la empleada del supermercado Han San utiliza todos los tiempos verbales que encuentra a su paso para decir que su patrón no está ni estuvo ni estará. El idioma, a veces, realmente dificulta cualquier posibilidad de entendimiento, especialmente cuando la comprensión del español es aleatoria.
Proyectos a pie
Este fenómeno urbano-comercial no iba a pasar inadvertido para siempre y, por eso, hace unos unos seis años, la Municipalidad de San José empezó a masticar la idea de crear un barrio chino en San José.
Sin embargo, no fue hasta el año 2008 que la idea volvió a tomar impulso político y diplomático e incluso la municipalidad capitalina decidió, junto a las recomendaciones del Ministerio de Obras Públicas y Transportes, que la vía idónea para desarrollarlo era la calle 11 (entre las avenidas 2 y 14) y no la calle 9, como se anunció en un principio.
“En la municipalidad, como gestores del proyecto, pensamos que esta zona ya se estaba convirtiendo en un barrio chino y tomamos nota de esa situación”, explicó Maureen Clarke, alcaldesa de San José. ( Ver recuadro ).
“Se interpretaba que era un deseo manifiesto de esta comunidad y lo que pretendimos fue realzarlo. Una de las iniciativas del proyecto San José Posible era convertir al Paseo de los Estudiantes en una vía peatonal y, como en toda gran ciudad, que se consolidara un barrio chino para atraer turismo y concentrar ahí actividades comerciales y culturales propias. Cuando dijimos públicamente que queríamos levantar ahí el barrio, algunos comerciantes mostraron interés en comprar terrenos ahí”.
Ricardo Young – Tze para los amigos– no es tan optimista con los plazos. “Es un proceso largo y creo que tomará mucho tiempo”, dice, a propósito de la creación del Chinatown tico. “Habrá que comprar los terrenos pero antes los propietarios tendrán que estar dispuestos a vender. Ahora nadie está vendiendo”.
Si fuera por la suerte de “neocolonización” comercial que se vive en estos tiempos, prácticamente todo San José –¿todo Costa Rica?– podría entrar en la categoría de ‘Barrio Chino’.
El estribillo made in China lidera el ritmo comercial en Occidente, y Costa Rica no es la excepción. En nuestro país, las importaciones de China ocupan un rubro importante de la economía.
“En el último año, Costa Rica importó de China $887,8 millones, lo cual representó un 5,8% del total importado”, explica Fernando Ocampo, funcionario del Comex e integrante del equipo negociador del TLC con China.
“Aunque no tenemos registro de la primera importación proveniente de China, el comercio con este país siempre se ha dado, aunque no hubiera relaciones diplomáticas. El dato más “viejo” que se maneja en Monitoreo es de 1994, cuando se importaron $26,4 millones”, agrega.
Nacimiento de un barrio
Uno de los primeros pasos en esta nueva conformación territorial lo dieron los papás de María Hong, en 1972, cuando fundaron el mítico restaurante Tin Jo, hoy convertido en uno de los mejores restaurantes de comida asiática-fusión del país.
Provenientes de la ciudad de Hangzhou, en China continental, estos comerciantes iniciaron un tráfico económico y cultural que perdura hasta nuestros días.
“Cuentan que los otros comerciantes, cuando vieron el éxito del restaurante, se animaron a poner sus negocios en la zona”, relata Robert Faulstich, esposo de María Hong y copropietario del restaurante.
“Para nosotros, cualquier iniciativa que mejore el ambiente de San José , es bienvenida. Vamos a ampliar el restaurante, apostando a que San José tenga un futuro más favorable. Aunque nos han ofrecido abrir el restaurante en otras zonas, nos hemos resistido pues seguimos creyendo que hay un futuro para la capital. También participamos en programas ambientales y sociales pues queremos ser buenos vecinos y ciudadanos comprometidos”.
Ubicado en calle 11, el Tin Jo forma parte –junto al Don Wang– de los locales emblemáticos de origen oriental que rondan el Paseo de los Estudiantes. Aunque menos antiguo, el Don Wang también ha sido testigo de la evolución migratoria y comercial del barrio.
“El restaurante fue inaugurado en 1988, pero era de comida taiwanesa. A su anterior propietario no le fue muy bien pues había muy poca la clientela y la comida no era muy aceptada por el paladar costarricense”, cuenta Denia Argüello Jiménez, propietaria del Don Wang junto con su esposo, Román Yuan Wang, originario de Cantón.
“En el 91, mi esposo lo compró junto con otro socio y pusieron un restaurante de comida china fina y tradicional. Cuando yo llegué, en el 94, ya había cinco restaurantes chinos en la zona: el Tin Jo, el China Palace, el Tarzán, otro pequeño que estaba a la vuelta y cuyo nombre no recuerdo, y el nuestro”.
Esta comerciante atribuye el interés de los comerciantes a las bondades de la zona, pero también a lo que considera un rasgo cultural muy fuerte: cuando un chino deja un negocio, siempre prefiere primero negociar con otros chinos, para dejarlo en manos de un paisano.
“El terreno de nuestro negocio era propiedad de un taiwanés y por eso pudimos comprar el terreno”, recalca. “La posibilidad de crear un barrio chino nos parece bien, máxime si hacen el bulevar que dijeron que iban a hacer pues eso nos daría libertad para poner mesitas afuera, al aire libre, tal y como se hace en la avenida Central. Eso jala mucho turismo, tanto nacional como extranjero. Se sobreentiende que se refuerza la seguridad, y entonces eso ayuda a que haya más afluencia de turismo. El tema de la recuperación de la ciudad también está en juego”.
Lo que es y lo que será
Con 34 años de vivir en Costa Rica, Isabel Yung ni se imagina en regresar a Hong Kong, donde nació. “La migración china es diferente porque ellos se adaptan a la cultura a la que llegan. El 2% de la población costarricense es china”, explica.
“Los chinos ya formamos parte de la cultura de Costa Rica pues tenemos muchos años de estar viviendo acá, desde el siglo antepasado. Ya tenemos como quinta o sexta generación de chinitos ”, dice Yung quien, además de ser la presidenta de la Cámara de Industria y Comercio Chino-Costarricense (CICCC), es una feliz herediana, graduada del Liceo de Heredia, y exitosa empresaria.
“A través de un barrio chino, podríamos hacer más atractiva la ciudad no solo para la cultura y el turismo nacional y extranjero sino también para nuestros hijos que, aunque algunos ya no hablan chino, podrían profundizar y tener un espacio para vivir sus orígenes”, agrega.
Para ella, la construcción de un barrio chino aumentaría los atractivos culturales de la capital y permitiría a San José entrar en el rango de las grandes metrópolis, donde los ‘barrios chinos’ son parte ineludible de su geografía. Por ejemplo, dice, Los Ángeles cuenta con tres Chinatowns , y va por el cuarto.
“Son lugares en los que se puede comer, caminar, relajarse un ratito y hacer compras, además de celebrar festividades chinas, como el Año Nuevo Chino. Cuando nosotros hacemos actividades en los centros comerciales, como festivales gastronómicos o festivales de cine, la gente no cabe y siempre hace falta más espacio”, comenta Yung.
Mientras enormes atomizadores de humo cruzan la ciudad (nuestras unidades de transporte público), los josefinos siguen esperando la creación ‘oficial’ de un fenómeno que ya, de por sí, tiene nombres y apellidos. Aunque Paseo de los Estudiantes aún no tiene arcos orientales, ya ofrece el atractivo necesario.
Por ejemplo, la promesa menos tentadora del Cinema 2000 es hablada en español y la ponen todos los jueves. Con el flamante título Fantasías de una señora , es una de las oportunidades recreativas de la zona. En la otra calle, exactamente al otro lado, el teatro Lucho Barahona disfruta de la reposición de Las mujeres son cosa de hombres , otro de las ofertas de entretenimiento que compiten con los productos chinos por la atención del público.
Como experiencia cultural, el cine y el teatro jamás serán despreciables, pero la gran diferencia es obvia: quien visita un negocio chino, conoce el mundo.
FOTOS

Jose Díaz

Jose Díaz
Para los chinos, este es el Año del Ratón: el año 4706 del calen- dario chino. Según la creencia oriental, será un año lleno de prosperidad y abundancia.

Archivo
En los almacenes chinos se venden todo tipo de productos, frescos y enlatados, así como miles de artículos inimaginables. Con un poco de paciencia y curiosidad, se pueden encontrar productos ‘milagrosos’, como las cremas chinas para las manchas (farmacopea Hua Tuo), y verdaderas joyas del diseño, como los muebles y algunos adornos plásticos. Además, son un espacio conmovedor para cualquier gourmet medianamente familiarizado con los sabores de Oriente.



José Díaz
El intercambio cultural entre chinos y ticos es público y notorio, según consta en las paredes de los almacenes. Nada detiene los negocios.



AUDIOS
Escuche entrevista con Isabel Yung, de la CICCC
Esperando un ‘Chinatown’
Municipio capitalino a la espera de permisos
La alcaldesa de San José, Maureen Clarke, asegura que el proyecto de la municipalidad capitalina de crear un barrio chino sigue en pie y solo está a la espera de permisos del MOPT.
–¿Por qué surgió esta iniciativa? Fue dentro del plan de Regeneración y Repoblamiento de la ciudad, con el proyecto San José Posible. Se habló del rescate de varias cuadras de los cuatro distritos centrales de la ciudad. En total eran 16 cuadras del casco central. Una de ellas era convertir el Paseo de los Estudiantes en una vía peatonal y, como en toda gran ciudad, la idea era que se consolidara un barrio chino para atraer turismo y concentrar ahí actividades comerciales y culturales chinas, pues de por sí ya se habían instalado varios negocios ahí con este perfil. Recibimos solicitudes para construir y renovar edificios en esa zona, por parte de la colonia china. El alcalde de entonces, Johnny Araya, se reunió con el embajador de China y este estuvo de acuerdo. Como gestores del proyecto, hemos seguido con las gestiones y creemos que, de aprobarse, no podríamos hacerlo solos.
–¿Qué se negoció con los representantes chinos y qué dice el MOPT? Hicimos una solicitud expresa a la embajada china y, en su oportunidad, ofrecieron traer un ingeniero para que nos diera algunas ideas arquitectónicas que podrían implementarse. El MOPT dijo que era imposible que el barrio se instalara en calle 9 y por eso se pasó a la calle 11. El 16 de mayo del 2008 mandamos una solicitud a Ingeniería de Tránsito para hacer el estudio de impacto vial en la calle 11. Desde entonces, no nos han contestado.
–¿Existe algún estudio municipal o académico que avale la iniciativa? Era en lo que la zona se estaba convirtiendo. Se interpretaba que era un deseo manifiesto de esta comunidad. Lo que quiso la municipalidad fue realzarlo. Hay muchos negocios chinos y las diferentes asociaciones y cámaras se interesaron.
–Aparte del cambio de locación, ¿en qué estado se encuentra actualmente el proyecto? ¿Hay algún avance, maqueta...? Si el MOPT alega que no hay viabilidad, entonces no se podrá hacer. Originalmente, pensamos que el proyecto del barrio chino abarcaría unas 10 cuadras: calle 11, entre las avenidas 2 y 14. En cuanto al tipo de negocios que podrían instalarse, a su naturaleza, creo que la misma embajada y los comerciantes estarían anuentes a crear una comisión para definir el tipo de actividades que se deberían desarrollar. La idea era promover el carácter comercial que ya existe en la zona, pero también recuperar el carácter físico-económico y social del área. Nosotros queríamos peatonizar totalmente, pero parece que la mejor posibilidad es hacer algo mixto, con peatonización pero también con tránsito de vehículos, aunque aún no recibimos una respuesta oficial.
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