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Costa Rica, Domingo 30 de noviembre de 2008

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Internacional

El Midas caído

 Hace cinco años, el ahora detenido empresario David Murcia Guzmán no tenía qué comer. Hoy ostenta una fortuna de millones de dólares... además de la sospecha de ser el cerebro de un fraude que llevó a la quiebra a cientos de miles de colombianos.

Yuri Lorena Jiménez | yjimenez@nacion.com

Con apenas 28 años de edad, el colombiano David Murcia Guzmán es uno de los hombres más acaudalados de ese país, pero hasta hace un lustro, si acaso ganaba para comer.

Su vertiginoso enriquecimiento hizo que llevara una vida de palacio en Panamá, ello hasta que el 17 de noviembre fue detenido (y luego extraditado a su país) bajo la acusación de ser el cabecilla de una gigantesca red de fraude en Colombia.

A Murcia se le atribuye haber establecido un sistema de “pirámides” financieras bajo la firma de su empresa DMG, las cuales captaban dinero y ofrecían rendimientos de hasta 300 por ciento a cambio de la multiplicación de clientes.

Con un ingenioso (aunque aparentemente ilegal) esquema de negocios, Murcia Guzmán creó un emporio que trascendió fronteras, pues se extendió a Panamá, Venezuela, Perú, Brasil y Ecuador: sus cuentas manejan miles de millones de dólares.

El escándalo inicial se centró en los reclamos de cientos de miles de ahorrantes, muchos de los cuales vendieron sus casas, fincas y otros bienes para colocar el dinero en las empresas de Murcia, todo con la ilusión de recibir las ganancias “en pirámide”.

Sin embargo, al cierre de esta edición, el caso Murcia había provocado un efecto dominó que salpicó a varios funcionarios, periodistas, políticos y hasta a los hijos del mismísimo presidente Álvaro Uribe, pues la prensa ha empezado a sugerir posibles vínculos entre el multimillonario empresario y los sectores citados.

‘¿Quiere ser millonario?’

Para muchos colombianos, la promesa de gozar de una vida de ricos empezaba con la simple compra de una tarjeta prepagada, que les permitiría costearse televisores y automóviles, además de tener un reembolso total en seis meses, de acuerdo con una explicación publicada por la agencia DPA.

“Créame que ese empacador de panqueques demostró ser más astuto que un presidente. No sé cómo las inventó, malo o bueno, pero le dio esperanzas a muchos que no tenemos nada”, dijo a esa agencia Lucía Lizca, ama de casa de 38 años, cuya tarjeta prepagada de cinco millones de pesos ($2.100) ya no tiene valor alguno.

A primera vista, las tiendas DMG parecen las mismas de cualquier grupo de descuentos para socios. Los miembros comprarían una tarjeta prepagada por cualquier suma, tras proporcionar nombres y números de teléfono de tres personas más que estarían interesadas en unirse.

Sin embargo, junto con su tarjeta recibían otra de color negro, que sería activada en seis meses. En ella se guardaban puntos, como recompensa por invitar a otros a unirse a DMG.

El valor de los puntos variaba diariamente, del 70 al 300% de la inversión inicial. Muchos tomaron el dinero y lo invirtieron inmediatamente en una nueva tarjeta. “Si usted quiere a comprar una moto, sencillamente compra la moto con su tarjeta DMG y después le devuelven esa misma cantidad dentro de seis meses. Es una moto gratis”, dijo Ángel Salamanca, cliente de DMG.

O al menos ese era el plan inicial. Salamanca usó la tarjeta para comprar carne de res, tomates y cebolla para su puesto de hamburguesas, pero pronto creó un negocio propio al vender los televisores de plasma que obtenía gratuitamente de DMG.

Crecieron sus ganancias y también sus ambiciones. Vendió el terreno donde planeaba poner un restaurante y usó los 6 millones de pesos que obtuvo, en la compra de más tarjetas de DMG.

Ahora, su sueño de convertirse en un empresario de la industria de los restaurantes ha quedado reducido a un montón de tarjetas de plástico sin valor.

El “Faraón”

Según una biografía publicada en el sitio terra.com, David Murcia Guzmán nació en la población de Ubaté (Cundinamarca) en una familia muy humilde. A los 14 años, se trasladó a Bogotá para terminar sus estudios de bachillerato. Una vez instalado en Bogotá, consiguió un primer trabajo como empacador en una fábrica y luego se vinculó a una agencia que hacía casting de extras para televisión.

No obstante, los orígenes de la cuestionada fortuna de David Murcia Guzmán se remontan al 2003, cuando llegó al municipio de La Hormiga (Putumayo) en busca de fortuna, y trabó amistad con el párroco de la iglesia del Perpetuo Socorro, Carlos Zárate, a quien ofreció prestar su ayuda en la misión pastoral.

Pasado un tiempo, Murcia se ganó la confianza del cura y se involucró con la emisora comunitaria, desde la que promovía obras sociales que costeaba gracias a la realización de rifas. Al mismo tiempo, realizaba sus primeros canjes por pauta publicitaria para poder vivir.

Por aquel entonces, compartía con un amigo una modesta habitación por la que pagaba 15.000 pesos. Juntos mitigaban el hambre con una bolsa de leche que compraban gracias a las ganancias que le dejaban los canjes por productos naturales.

Pero el vértice de todo comenzó tras un viaje para comprar mercancías en Bogotá. Fue cuando se le ocurrió el negocio que hoy lo tiene en el ojo del huracán. Arrancó con un capital de $500 que consiguió entre los habitantes de La Hormiga; con las ganancias generadas abrió el primer local.

Desde entonces, el empresario se ha destacado por sus excéntricos gustos de “nuevo rico”.

Su exposición en su país natal pronto llamó la atención de la prensa y el nuevo Midas decidió radicarse en Panamá, donde llevaba una vida rodeada de lujos.

De acuerdo con DPA, las autoridades panameñas, que apenas han empezado a confiscar sus bienes, ya llevan contabilizados dos apartamentos en el exclusivo sector de Punta Pacífica, y una casa en la urbanización Obarrio, que él usaba para recibir a “visitantes importantes” procedentes de Colombia. A estos potenciales clientes los deslumbraba con su riqueza, como sus seis vehículos: tres Maseratti, dos Lamborghini y un Ferrari.

Entretanto, en Colombia se hacía pasar por una especie de playboy que atraía al dinero. Ahí poseía otros seis carros de lujo, dos aviones y dos yates, uno de ellos de bandera panameña que fue confiscado en Cartagena.

Su ingenio es incuestionable. Aunque el Gobierno colombiano lo tenía desde hace meses en la mira, no había encontrado la fórmula para penalizar un negocio que él había revestido de comercializadora y que ya había involucrado a cientos de miles de clientes en varios países.

Hoy, más que nunca, a estos debe resonarles el lema que acopiaron como un credo... antes de perderlo todo: “ Crean en ustedes mismos, en Dios, en DMG y en David Murcia Guzmán ”.

FOTOS

  • Nacion.com

    AP

    Tras su detención en Panamá, David Murcia fue extraditado casi de inmediato a Colombia, donde empezó todo el negocio.

  • Nacion.com

    EFE

    Las sedes de dos “pirámides” financieras en Mocoa, capital del departamento colombiano de Putumayo, fronterizo con Ecuador y Perú, fueron saqueadas el miércoles por decenas de ahorrantes defraudados.

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