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Costa Rica, Domingo 2 de noviembre de 2008

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Internacional

Sorteando el ciclón

 Los chocolates, los somníferos, las idas al cine, los atracones de comida y –en casos extremos– los suicidios, son algunas de las vías de escape a las que muchos estadounidenses están recurriendo ante la severa crisis financiera que vive ese país y que ya se expandió a otros.

Yuri Lorena Jiménez | yjimenez@nacion.com

Carmen Vargas, de 27 años, no puede dormir desde hace dos meses. Está ansiosa, angustiada. Sufre de insomnio y se pelea con su marido todo el tiempo. Come y come. Y engorda sin parar. Acaba de conseguir trabajo en un restaurante que está por abrir en la calle principal de Joplin, Missouri, y tiene la esperanza de que el nuevo empleo le devolverá la normalidad a su vida. Y la salud.

Recientemente, el diario Clarín, de Argentina, reseñó el caso de esta inmigrante mexicana como ejemplo de lo que están viviendo miles en Estados Unidos debido a la severa crisis financiera que se originó en ese país y se expandió al mundo.

Los efectos de la debacle económica empezaron a sentirse cuando centenares de familias perdieron (o están a punto de) sus casas al no poder hacerle frente a las hipotecas. Luego siguió el efecto dominó que culminó en la crisis global.

Entretanto, la situación está haciendo estragos en la salud mental y física de millones. Cada quien intenta guarecerse del chaparrón a su manera; unos cuantos simplemente tiran la toalla y acaban con todo, y otros se refugian en pequeños grandes escapes como comer chocolates o sacrificar lo que sea con tal de guardar dinero para ir al cine.

Y también están los eternos optimistas que se niegan a hundirse con el barco y recurren al ingenio para salir del atolladero o, al menos, mantenerse a flote.

Pero estos son los menos. La mayoría se encuentra en un estado casi permanente de preocupación y/o desesperación, lo que ha ocasionado que la depresión y el insomnio se hayan disparado entre los estadounidenses en los últimos meses.

El doctor Edward Charlesworth, un psicólogo clínico de Houston, dijo a la agencia AP que la actual crisis está causando angustia crónica en el norteamericano medio. “Las personas se sienten impotentes y en estado de pánico, y muestran su ira porque el gobierno las ha abandonado”, afirmó.

Estudios de la American Psychological Association revelan que el 80% de los estadounidenses sufre de estrés por la economía, sus finanzas personales y el temor a perder el empleo. Y el 46% tiene miedo de no poder satisfacer las necesidades de alimentación mínimas. Los padecimientos más frecuentes son dolor de cabeza o de estómago, cansancio, insomnio, ansiedad, tensión muscular y hasta ataques de pánico. No es casual el aumento en la venta de medicamentos ansiolíticos y somníferos.

En otros, la crisis ha provocado el aumento en el consumo de alcohol o de cigarrillos, pero también hay quienes se “escapan” de la dura realidad comiendo compulsivamente.

Y es que, como asegura la investigación de Clarín , los grupos más afectados no solo están enclavados en el frenesí yuppie de Wall Street: son las mujeres, los jubilados y los sectores menos favorecidos como los latinos.

Pero es un hecho que los corredores de bolsa son quienes están en el epicentro de la crisis, por lo que algunos reciben bálsamos mucho más sofisticados: pueden elegir un descanso de tres días en Santa Mónica, California, con un costo de $15.000. Esta fue una idea de Gerald Levin, el artífice de la fusión entre Time Warner y Aol. Además, con la ayuda de su esposa Laura Ann, quien es psicóloga, Levin está organizando sesiones grupales para hombres de negocios con mucho estrés.

Evidentemente, Levin es de los que tratan de ver el medio vaso lleno y predica la filosofía de que no hay que morirse antes de la hora.

Pero algunos pensaron todo lo contrario y optaron por acabar con sus vidas.

De hecho, el 14 de octubre pasado la agencia AP publicó un análisis sobre la gran preocupación que existe en Estados Unidos por el aumento de suicidios asociados a la crisis financiera. Y realiza un breve recuento:

En California, un administrador de inversiones desempleado perdió una fortuna y, en un acto de desesperación, mató a su familia y se suicidó. En Ohio, una viuda de 90 años se pegó un balazo en el pecho cuando vio llegar a los alguaciles con una orden de desalojo de su modesta vivienda.

En Massachusetts, Carlene Balderrama, ama de casa que ocultó a su marido la desesperada situación financiera en que se hallaban, envió una carta a la empresa que está financiando su hipoteca, en la que advertía: “Para el momento en que ustedes libren una orden de ejecución contra mi casa, estaré muerta”. Balderrama se suicidó de un balazo, tras acabar también con sus tres amados gatos. Dejó una póliza de seguros y una carta en la mesa informando de su decisión de quitarse la vida.

Siempre según AP, la crisis que está barriendo a Estados Unidos se torna cada vez más violenta. En algunos lugares, las líneas directas de ayuda a personas con problemas están congestionadas, los servicios de asesoramiento psicológico tienen gran demanda, y los refugios para mujeres víctimas de violencia están repletos. La cantidad de personas que llaman a las líneas directas de prevención de suicidios aumenta cada día.

Aun así, las tragedias continúan apilándose. Hace dos semanas, en Los Ángeles, un exgerente de inversiones asesinó a su esposa, sus tres hijos y su suegra, antes de suicidarse. Karthik Rajaram, de 45 años. Dejó una nota diciendo que tenía problemas financieros y que optó por asesinar a toda su familia pues era “más honorable”.

La tensión en muchos hogares aumenta porque abundan los cónyuges que ocultan el desastre financiero a sus parejas, como lo hizo Carlene Balderrama.

Después de tres años de atrasarse en los pagos de su préstamo, comenzó a interceptar cartas de la empresa que financiaba su hipoteca y a romperlas, antes de que su esposo las viera. No logró que le refinanciaran la deuda.

El día en que la vivienda debía ser subastada, la mujer llegó a su límite y acabó con todo. En la nota que dejó, junto con la póliza, le indicó a su esposo que pagara la casa con el dinero del seguro.

“Ella nunca me dijo nada. Ignoro por qué. Debería existir algún tipo de ayuda para gente en su situación. Es terrible ver a alguien perder su vida por una estúpida casa”, declaró el esposo.

Quizá el ejemplo de la señora de 90 años que se disparó en el pecho puede dar esperanzas a otros en el sentido de que no todo está perdido, aún cuando lo parezca. La señora en cuestión, la viuda Addie Polk, no logró su cometido y acabó en el hospital, donde lograron salvarla. Un legislador contó su historia en la Cámara de Representantes de Estados Unidos antes de que se aprobara el plan de rescate por $700.000 millones. La empresa hipotecaria Fannie Mae, cuyos problemas financieros estuvieron a punto de llevarla a la quiebra, decidió olvidarse de la hipoteca de Polk y permitió a la nonagenaria quedar para siempre en la casa.

El lado dulce

Sin embargo, en forma paralela al sufrimiento y las tragedias, parece reconfirmarse aquella máxima que dice que las crisis financieras disparan el ingenio de muchos. Y, de paso, sus ganancias. Es el caso de la cadena de almacenes británicos Selfridge’s, que lanzó a precios cómodos un chocolate de lujo, llamado Credit crunch , una expresión inglesa utilizada para designar la crisis financiera que ataca a la economía internacional (la economía de Inglaterra fue una de las primeras en seguir los pasos de la estadounidense).

“Aunque la gente trate de gastar ahora un poco menos, también quiere darse pequeños placeres regalándose cosas de calidad y lujosas”, explicó Ewan Venters, director de alimentación de la cadena, a la agencia AFP.

“El chocolate de calidad es la solución perfecta, pues cuesta relativamente poco, da satisfacción instantáneamente (estimula la serotonina, la llamada hormona del bienestar) y ayuda de verdad a sentirse mejor”, asegura Venters. El precio de una bolsita de 150 gramos de Credit crunch es de $8 (¢4.480) y, en cuanto el dulce consuelo salió al mercado, su venta se disparó.

Pero no a todos el alivio les entra por el paladar. Es el caso de quienes han recortado todo tipo de gastos, pero guardan, aunque sea a duras penas, los $20 que les cuesta una salida al cine.

Así lo reseñó una nota sobre la crisis y su repercusión en actividades de ocio, transmitida por la cadena CNN en español, la semana pasada. En un sondeo realizado con varios ciudadanos que hacían fila para ingresar al cine, un joven argumentó: “No he vuelto a salir a cenar y he bajado mis gastos en todo lo que he podido, pero siempre aparto el dinero de la entrada del cine, es mi forma de entretenerme y de no pensar tanto en todo lo que está pasando”.

Como dato curioso, CNN aseguró que, al parecer, son muchos los que se escapan así cuando las cosas se ponen cuesta arriba, pues datos estadísticos demuestran que, durante todas las recesiones que se han vivido a partir de 1929 (año en que empezó la Gran Depresión), las salas de cine han visto aumentar su cantidad de asistentes.

La misma cadena, que lleva semanas de transmitir permanentemente todo lo referente al colapso económico, aseguró que diversos estudios demuestran que la gente trata de no dejar de salir del todo. Eso sí, eligen restaurantes de comidas rápidas, especialmente los de precios más populares, para regalarse un rato de solaz en familia en medio del vendaval.

Los consumidores también se han tenido que apretar la faja en las compras en general, pero una de las limitaciones que les provoca mayor desazón es tener que disminuir las expectativas del tamaño del televisor LCD con el que tanto han soñado. Quienes aún se pueden dar el gusto de comprarlo, han tenido que olvidarse de las pantallas gigantescas y optar por tamaños más conservadores. Lo anterior está fundamentado no solo en notas periodísticas de toda América: la misma Samsung, el mayor fabricante de estos equipos, dijo en un comunicado que “desde el primer trimestre del año se había afectado notablemente la demanda de televisores de 40 pulgadas y más” (de hecho, los fabricantes de televisores ahora se están enfocando a productos más pequeños y de bajo costo).

Este pequeño gran detalle habla por sí solo de las dimensiones que ha alcanzado la crisis financiera más severa desde la Gran Depresión: hasta hace poco, en Estados Unidos, el reino del consumismo, tener el televisor más grande y el de última tecnología era casi una religión para millones. Pero los estándares parecen estar cambiando.

FOTOS

  • Nacion.com

    AP

    Un fotógrafo captó en Time Square esta singular analogía: el afiche de la película Madagascar 2: Escape a África , junto a la pantalla de datos del Dow Jones.

  • Nacion.com

    AFP

    El menú ‘anticrisis’ que este restaurante de Gijón (España) estrenó el jueves provocó filas de hasta 200 personas. La promoción consiste en cobrar un euro por un ‘combo’ que usualmente cuesta 10. “No gano, pero no pierdo”, dijo la propietaria, Emilia Jiménez, quien compensa las pérdidas de semejante ganga con lo que gana los fines de semana.

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