Internacional
NASA cincuentona
La exploración del espacio por parte de EE.UU. arrancó en julio de 1958 con la firma del acta que creó la NASA y, con ella, lanzó al hombre a un mundo de fascinación, logros, tragedias, investigación científica... en síntesis, a un futuro de retos universales.
Decía Aristóteles que el mundo supralunar (más allá de la Tierra) estaba formado por una sustancia denominada éter. Esta y otras teorías celestiales surgidas desde tiempos inmemoriales dejan patente la fascinación humana por el universo.
La ciencia, incansable perseguidora de secretos cósmicos, ha encontrado en el interés de los gobiernos la financiación necesaria para sus proyectos. Así nació hace 50 años la Agencia Estadounidense del Espacio y la Aeronáutica (NASA, por sus siglas en inglés), la institución espacial más universal. Valga la redundancia.
Eran tiempos de recelo internacional. Durante la Guerra Fría cualquier éxito del enemigo era un pretexto ideal para igualar y, mejor aún, superar el reto. Así que, tras el lanzamiento del satélite artificial soviético Sputnik en 1957, Estados Unidos reaccionó de forma contundente: el entonces presidente Dwight Eisenhower decidió crear una agencia gubernamental dedicada a la investigación espacial, al margen de lo militar.
Fue así como la NASA vio la luz en el papel en julio de 1958, cuando Eisenhower firmó el acta de su creación. En octubre de ese año, la agencia echó a andar de la mano del programa Mercury con intención de poner en órbita al ser humano.
La prueba de fuego fue en 1961, cuando Alan Shepard se convirtió en el primer estadounidense en “rozar el éter”. Le seguirían otros héroes (así se calificaba a estos científicos en busca del orgullo propio y colectivo) como John Glenn, Edgar White y David Scott.
Tras el programa Gemini , llegó el sprint final. El accidente del Apollo 1 , en 1967, cobró las primeras tres víctimas de la carrera espacial y supuso un revés para el trabajo de la NASA. Sin embargo, la espera tuvo sus frutos.
El 16 de julio de 1969 despegaba desde Cabo Cañaveral el Apolo 11 y, cuatro días después, Neil Armstrong y Edwin Aldrin ponían los pies en la Luna por primera vez , mientras el otro astronauta de la misión, Michael Collins, orbitaba el satélite terrestre.
El primero en descender sobre el polvoriento “Mar de la Tranquilidad” fue Armstrong, quien ante una audiencia hasta entonces sin precedentes de 500 millones de televidentes en todo el mundo, dijo que el suyo era “un pequeño paso para un hombre...un salto gigantesco para la Humanidad”. Aquella gesta fue también una demostración de la implacable hegemonía estadounidense sobre el Kremlin, la que el presidente Richard Nixon usó para alentar a su pueblo.
En los meses siguientes, otros 10 astronautas hicieron realidad la promesa hecha en mayo de 1961 por el presidente John F. Kennedy: poner un hombre en la Luna antes del fin de la década.
Esto le dio nuevos bríos a la NASA, que aumentó sus esfuerzos por sondear el entorno planetario. Las Ranger , Pioner y Viking aportaron a la comunidad científica vinculada a la Agencia datos sobre los planetas que flanquean a la Tierra. Erigidos como vencedores de la carrera espacial, los estadounidenses lanzaron puentes de colaboración con el otro lado del “telón de acero”.
Fruto de esta fraternidad científica fueron las misiones Apollo-Soyuz y los trabajos conjuntos en la soviética estación espacial MIR. La era de los transbordadores comenzó en la década de los 80. La NASA quiso diseñar una nave espacial reutilizable en diversas misiones.
El Columbia hizo el primer vuelo en 1981. A partir de este período, el interés científico por conocer el espacio primó sobre la necesidad de acrecentar el ego nacional.
El lanzamiento del telescopio Hubble en colaboración con la agencia espacial europea (ESA), 1990, simbolizó este cambio de mentalidad. Las colaboraciones entre organismos de investigación aeroespacial de diversos países propiciaron el surgimiento de numerosos proyectos en busca de saber más sobre el universo.
Sin embargo, una empresa tan ambiciosa como surcar el espacio ha implicado enormes riesgos de los que la NASA no siempre salió bien librada, como había ocurrido con el Apolo 1.
El 26 de enero del 2003, solos en la inmensidad del espacio, los tripulantes del trasbordador Columbia guardaron, apenas cinco días antes de su propia tragedia, un minuto de silencio por el aniversario 17 de la explosión del Challenger en 1986, en la que murieron sus siete ocupantes.
El jefe de la misión Rick Husband, pidió un minuto de silencio que también pretendía honrar a los tres tripulantes del Apolo 1 .
“Hicieron el máximo sacrificio al dar sus vidas por la patria y la humanidad. Su dedicación fue inspiración para cada uno de nosotros”. El sábado siguiente, el 1 de febrero, los siete astronautas del Columbia corrían la misma suerte de aquellos a quienes tanto admiraban, cuando su nave literalmente se desintegró junto con sus tripulantes mientras sobrevolaba el estado Texas, en dirección a su destino, el Centro Espacial Kennedy, en La Florida.
Tras exhaustivas investigaciones se determinó que el accidente del Challenger ocurrió por anillos de goma defectuosos que dejaron pasar gases calientes, en tanto que el del Columbia se debió al impacto de una loseta de aislamiento contra una de las alas de la nave en el momento del lanzamiento, lo que causó un agujero por el que se filtró el intenso calor del reingreso en la atmósfera.
El reto continúa
Pese al dolor y al estupor que en su momento provocaron las catástrofes mencionadas, científicos, políticos y hasta los familiares de las víctimas coincidieron en que era más urgente que nunca continuar con la conquista del espacio, incluso porque, de lo contrario, las pérdidas de vidas humanas habrían sido en vano.
Es así que hoy, mientras las misiones espaciales permiten la experimentación e investigación y las sondas aportan información directa acerca de sus pesquisas extraterrestres, la unión de fuerzas estatales construye poco a poco la gigantesca Estación Espacial Internacional (ISS) con fines científicos.
Es un hecho que los aportes que la NASA ha hecho a la comunidad científica son incontables. La que en una época primigenia fue un instrumento de ensalzamiento popular se ha convertido, tras 50 años de profusa investigación, en una organización divulgativa imprescindible para el conocimiento del planeta, tanto en su entorno interior como exterior.
Aún así, los mismos científicos son quienes exigen, algunos con una vehemencia inusitada, que la NASA debe ir mucho más allá en plazos más cortos.
Una de las visiones más críticas es justamente la del astronauta estadounidense Buzz Aldrin (el segundo hombre en pisar la Luna), quien el 29 de junio advirtió , en declaraciones al dominical The Sunday Telegraph , que el Gobierno de Estados Unidos debe buscar dinero para establecer una base permanente en la Luna y enviar a Marte una misión tripulada. A su juicio, las circunstancias actuales de la NASA no son del todo halagüeñas: está previsto que la lanzadera espacial lleve a cabo su última misión en el 2010, pero pasarán otros cinco años antes de que puedan sustituirla el cohete Aris y la cápsula Orion .
Mientras tanto, los astronautas norteamericanos dependerán de los rusos –el Soyuz – simplemente para visitar la Estación Espacial Internacional.
“ Es horrible que hayamos llegado a esto: después de 50 años de NASA y de haber invertido unos $100.000 millones en la estación espacial, no podemos llevar a nuestros astronautas a nuestra propia estación sin depender de los rusos ” , criticó Aldrin.
Por su parte, el jefe del programa de exploración lunar de la NASA, Rick Gilbreth, previno al gobierno en el sentido de que los astronautas chinos podrían llegar a la Luna en el 2017 o 2018, dos o tres años antes de que vuelvan a hacerlo los norteamericanos.
“ Todo lo que tienen que hacer los chinos es dar una vuelta a la Luna y regresar (...) Podrían colocar a un hombre en su superficie, alguien que se convertiría en un héroe nacional ” , dijo Gilbreth.
China no llevó al espacio a su primer astronauta hasta 2003 y las ambiciones espaciales de ese país son más limitadas que las de la NASA, pero un eventual alunizaje chino sería un golpe para la moral de la industria espacial estadounidense, comentó el periódico británico.
Entretanto, Rusia está agrandando su nave Soyuz para poder transportar a más turistas y parece tener actualmente el monopolio de los viajes espaciales en órbitas bajas.
Incluso la India se dedica a lanzar satélites con regularidad y tiene planes para probar este año un prototipo de vehículo de lanzamiento reutilizable, capaz de despegar y aterrizar como un avión.
FOTOS

AFP
El alunizaje: Buzz Aldrin caminó sobre la superficie lunar después de Armstrong. La foto es del 20 de julio de 1969.

Archivo
Orgullo nacional. El costarricense Franklin Chang (con el peluche) fue el primer astronauta hispano en viajar al espacio, y comparte con Jerry L. Ross el récord del mayor número de viajes al espacio a bordo del transbordador espacial, con un total de siete misiones. Acá posa con el grupo que lo acompañó en su segundo viaje, en 1989.

AFP
El despegue del Discovery, el pasado 31 de mayo, en una misión que culminó con éxito dos semanas después.

AFP Y AP
1. En 1997 el Telescopio Espacial Hubble fue fotografiado desde el trasbordador Discovery.

AP
La malograda tripulación del Challenger, que explotó tras su despegue en 1986. De izquierda a derecha Ellison Onizuka, Mike Smith, Christa McAuliffe (la primera maestra elegida para viajar al espacio), Dick Scobee, Greg Jarvis, Ron McNair y Judy Resnick.

AP
Imagen captada segundos después de la explosión del Challenger.

AFP
Los primeros hombres en alunizar: Neil Armstrong y Buzz Aldrin, en una fotografía tomada en 1999 durante una conferencia.
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