Deporte
El infierno de la pequeña Marion
Tras confesar haberse dopado para los Juegos de Sidney 2000, Marion Jones dijo adiós a la pista, fue obligada a devolver las medallas que ganó en esa justa deportiva, su nombre será borrado de los libros de récords y ahora podría ir a la cárcel.
Antes de arrancar la prueba de relevos 4x400, Trevor Graham se acercó a su pupila Marion Jones y le colocó dos gotas de un líquido bajo la lengua. Marion voló . Fue su quinta medalla en los Juegos Olímpicos de Sidney 2000, una presea de oro que convirtió a la atleta estadounidense en la única mujer en la historia que ha ganado esa cantidad de metales.
Siete años después, la Marion sonriente que posaba ante las cámaras mordiendo sus cinco tesoros, la reina del atletismo, se deshizo en lágrimas tras aceptar que no solo se había dopado sino que había mentido ante la Justicia y tenía miedo de ir a la cárcel.
La bella atleta que había sido portada de prestigiosas revistas – Vogue , Time y, por supuesto, Sports Illustrated – y ganó millones de dólares en publicidad, la mujer más veloz del mundo, no pudo dejar atrás su conciencia.
La semana pasada, ante decenas de micrófonos a la salida de un tribunal de Nueva York, Marion Jones confesó ahogada en llanto la verdad que ocultó durante años. Las autoridades deportivas no tardaron en responder: fue obligada a devolver las medallas que ganó en Australia y su nombre será borrado de todos los libros de récords.
Sus malas acciones podrían, inlcuso, llevarla a prisión. Sería la destrucción de una heroína, el triste final de la pequeña Marion que soñó con ser campeona olímpica, pero se perdió en el camino.
Sin padre
La hija de George y Marion Jones nació en Los Ángeles, California, el 12 de octubre de 1975. Sin embargo, poco después de su llegada al mundo, el matrimonio colapsó y la niña no volvería a ver a su padre hasta una breve reunión el Día de Acción de Gracias de 1995.
En 1983, su madre se casó con Ira Toles, quien adoptó a Marion y a su medio hermano Albert. Según una biografía de la atleta publicada por Sports Illustrated , los pequeños amaban a Toles, pero su temprana muerte –en 1987– los devastó anímicamente.
A pesar de los sufrimientos, Marion se dio un chance para soñar. “En 1988, después de ver a Florence Griffith y Jackie Joyner-Kersee competir en las Olimpiadas de Seúl, Marion, entonces una estudiante de secundaria, escribió en una pizarra de la escuela: ‘Quiero ser una campeona olímpica’”, agrega la biografía.
El camino hacia su sueño comenzó en el Muir High School de Pasadena, donde rompió el récord estudiantil en los 200 metros y tuvo la oportunidad de aparecer en el programa de televisión Buenos Días, América, en 1991.
“No creo que sea una celebridad, pero pienso que mi nombre se está dando a conocer a través del país”, dijo ante las cámaras.
Su pasión por los deportes la llevó a jugar baloncesto y a participar con éxito en otras pruebas de atletismo, como los 100 metros y el salto largo.
En 1992, con solo 16 años, estuvo a unas centésimas de integrar el equipo olímpico de los Estados Unidos para competir en la prueba de 200 metros de las justas en Barcelona.
Un año después, y luego de ser premiada tres veces seguidas como Atleta Estudiantil del Año, Marion llegó a la Universidad de Carolina del Norte con una beca para jugar baloncesto.
Aún siendo figura de la Liga Universitaria de Baloncesto, siguió metida en el atletismo. Incluso, fue una lesión que sufrió bajo los aros la que le impidió participar en las eliminatorias para los Juegos de Atlanta 1996.
En enero de ese año, y a pesar del disgusto de sus compañeras de equipo, Marion conoció a C.J. Hunter, el corpulento lanzador de peso, siete años mayor que ella, divorciado y padre de dos hijos, con el que se casaría 24 meses después.
Muchos creen que fue Hunter quien le metió en la cabeza el sueño ese de ser “la mujer más veloz del mundo” con el que Jones justificó su salida del baloncesto en marzo de 1997. Lo cierto es que solo un mes más tarde, Marion conoció al entrenador jamaiquino Trevor Graham y, en unas semanas, su rendimiento como atleta no hizo más que crecer.
En agosto de 1997, consiguió su sueño al ganar la final de los 100 metros en el campeonato mundial de Atenas, Grecia, y detener el cronómetro en 10,83 segundos.
Después llegó el título mundial en relevos 4x100 y sus mejores marcas en 100 metros y salto largo. Con 23 años, Jones se convirtió en la primera estadounidense en ser la número uno del ranking en tres tres pruebas distintas (salto largo, 100 y 200 m.).
En el Mundial de Sevilla 99, una lesión en la espalda durante la semifinal de 200 metros le impidió coronar su meta de ganar cuatro medallas, pero en los Juegos Olímpicos de Sidney alcanzó sus ambiciosos objetivos.
“En los 100 metros fue la única que bajó de 11 segundos: detrás de ella, un vacío de 37 centésimas, casi cuatro metros, sobre sus seguidoras. En los 200 metros, Jones fue la única que bajó de los 22 segundos y su diferencia sobre el pelotón fue aún mayor: 43 centésimas”, recuerda un artículo del diario español El País .
A esos dos oros se sumaron otro en el relevo 4x400, y dos medallas de bronce en el relevo 4x100 y el salto de longitud.
“ Little Marion” ( Pequeña Marion ), como la llamaban, tenía razones para sonreír: era la primera mujer en la historia que ganaba cinco medallas en una edición de los Juegos Olímpicos.
En quiebra
El primer golpe a la felicidad de Jones llegó solo dos días después de haber ganado la primera medalla en Sidney, cuando su esposo dio positivo en el control antidopaje. Era un peldaño abajo en una carrera que comenzaría a entrar en decadencia y la razón principal parecía estar en sus relaciones personales.
De ella se decía que cómo una chica tan linda, podía elegir tan mal sus compañías. ¿Cómo formó parte del grupo de atletas entrenado por Graham, en cuyo historial figuraba gran número de dopajes?; ¿cómo, después de divorciarse de Hunter en el 2001, tuvo su primer hijo con Tim Montgomery, un velocista que fue condenado por dopaje y acusado por falsificación de cheques?
Aunque su ruptura amorosa y el nacimiento de su hijo le impidieron prepararse para las Olimpiadas de Atenas 2004, el golpe más certero lo recibió en el 2003, cuando su nombre fue mencionado entre varios atletas que debían testificar ante un jurado federal para aclarar el “caso Balco” (ver recuadro).
El mismo Graham fue quien abrió ese caso por despecho, cuando Jones y Montgomery lo abandonaron, y envió a la Agencia Antidopaje de Estados Unidos una jeringa con unas gotas de THG, un esteroide sintético.
Aunque Marion insistió en que estaba libre de drogas, las sospechas de dopaje marcaron su reputación de cara a las nuevas olimpiadas. En solo cuatro años, pasó de ser la reina de los Juegos de Sidney, a conformarse con un quinto lugar en la única prueba para la que obtuvo plaza en Atenas 2004, el salto largo.
El panorama terminó de oscurecerse para ella en diciembre del 2004, cuando el Comité Olímpico Internacional (COI) abrió una investigación en su contra después de que el dueño de Balco, Víctor Conte, afirmara que le había proveído drogas antes de los Juegos en Australia.
Para colmo de males, en junio del 2006, Jones ganó los 100 metros del Campeonato de Estados Unidos, pero semanas después dio positivo por EPO –una hormona que incrementa la producción de glóbulos rojos– y desistió competir en el circuito europeo aunque luego una segunda prueba dio negativo.
En agosto, la medallista que, en el punto más alto de su carrera llegó a tener un contrato millonario con Nike y cobrar $80.000 por una carrera, aseguró ante la Justicia que estaba en bancarrota.
Según artículo del diario Los Angeles Times , Jones afirmó que solo tenía $2.000 en efectivo, luego de que un banco se quedó con su “casa de los sueños”, valorada en $2,5 millones y tuviera que vender otras dos residencias para “pagar cuentas”.
Al parecer, la crisis deportiva y económica que enfrentaba, sumado al hecho de que una firma suya figurara en un cheque falso vinculado con la banda su exnovio Tim Montgomery, la empujaron a confesar todas sus culpas.
Confesión
Según informó The Washington Post la semana pasada, Jones admitió en una carta dirigida a sus familiares y amigos que se había dopado antes los Juegos Olímpicos de Sidney.
En la carta, les aseguró que durante dos años utilizó el llamado esteroide sintético “ the clear ” ( el claro ) y quien se lo suministró fue su entrenador Trevor Graham, con la excusa de que era aceite de linaza. También les contó que descubrió la verdad en el 2002, pero que sintió tanto miedo que lo negó mientras pudo.
“Mi entrenador me decía que me pusiera el producto debajo de la lengua por unos segundos y que lo tragara. Confié en él y nunca lo pensé ni por un segundo. Pude comprobar que era más rápida en la recuperación física y hacía mejores tiempos”, escribió.
El 5 de octubre, Jones dijo el adiós definitivo a su carrera, después de declarar en la corte de White Plains, Nueva York.
Al salir del tribunal rompió en lágrimas y pidió perdón, mientras reconoció que había fallado a los que la habían apoyado.
“A todos ellos los he humillado, a mi país, y a mí misma. Siento una gran vergüenza al reconocer que les he fallado en la verdad. Sé que no será suficiente para paliar todo el dolor... También les pido que me perdonen por mis acciones y espero que ese sentimiento lo puedan encontrar dentro de su corazón”, manifestó.
Jones, quien vive en Texas con su nueva pareja, el velocista de Barbados Obadele Thompson, admitió ante el tribunal que había mentido a investigadores federales cuando, en diferentes ocasiones, le preguntaron si había consumido sustancias prohibidas y si sabía algo de un cheque que le entregó su exnovio.
Al final de la carta a sus seres queridos, Marion les hacía una petición: “Por favor, téngame presente en sus oraciones”.
Sin embargo, no hay perdón sin penitencia. A las disculpas de Jones las autoridades han respondidos con exigencias previas.
Primero, el COI inició el camino para borrar su nombre de los libros de récords, quitarle las medallas de campeonatos mundiales, recuperar el dinero que ganó y hasta prohibir que participe en futuros Juegos Olímpicos.
Jones devolvió el lunes las cinco medallas que ganó en Sidney y aceptó anular todos sus resultados, medallas y premios con carácter retroactivo hasta el 1.° de setiembre del 2000.
De los despojos dorados de Marion Jones se beneficiarán tres atletas: la bahamesa Pauline Davis, segunda en 200; la jamaicana Merlene Ottey, cuarta en esa prueba; y la griega Ekaterini Thanou, segunda en 100.
Irónicamente, el título de la dopada Jones en esta última prueba, será heredado por otra atleta asociada al dopaje. En los Juegos de Atenas, Thanou y Kostas Kenteris huyeron de la Villa Olímpica de Atenas 2004 cuando iban a ser sometidos a un control de dopaje. Ambos fueron suspendidos durante dos años y tienen pendiente un juicio por perjurio.
Como segunda penitencia para ver reducida su pena a un máximo de seis meses –aunque los dos delitos de falso testimonio suponen diez años de cárcel– Jones deberá testificar contra Trevor Graham en noviembre, en el juicio que se le sigue por falso testimonio y perjurio.
Otra víctima del caso Balco
La cacería sigue
El “caso Jones” es solo la continuación de una serie de golpes a la credibilidad del deporte estadounidense, desde que estalló el llamado caso Balco en el 2003.
Ese año, el jamaiquino Trevor Graham, entrenador de los mejores velocistas de Estados Unidos –Jones, Tim Montgomery, Justin Gatlin y otros–, envió a la Agencia Estadounidense Antidopaje una jeringa con unas gotas de tetrahidrogestrinona (THG), un anabolizante invisible para los controles antidopaje. La sustancia era fabricada en San Francisco, por los laboratorios Balco, propiedad de Víctor Conte. Casi 40 atletas fueron relacionados con el consumo de los productos de Balco, cuyos máximos directivos terminaron en prisión.
Ahora, después de la caída de Marion Jones, el caso Balco también puede provocar que la historia del deporte más querido en los Estados Unidos, el béisbol, deba reescribirse.
El bateador de los Gigantes de San Francisco, Barry Bonds, rompió hace dos meses el histórico récord de 755 cuadrangulares impuesto por Hank Aaron, pronto deberá enfrentar un proceso que podría dejar su marca en cero. A Bonds se le acusa de mentirle a investigadores federales, cuando solo admitió que “podía haber tomado sustancias dopantes sin saberlo”, pensando que eran aceite de linaza. De cualquier forma, su entrenador personal, Greg Anderson, ya está en la cárcel por negarse a revelar si Bonds también consumía la THG.
FOTOS

Archivo
Marion Jones celebra su medalla de oro en los 100 metros de Sidney 2000.

AFP
Con lágrimas en los ojos, Jones anunció el pasado 5 de octubre su retiro del atletismo, tras aceptar haber tomado esteroides.

Archivo
En julio del 2006, Jones ganó la prueba de 100 metros en el Saint Denis, Francia.

La final de 100 m. en Sidney. Jones (centro), Schandra Sturrup, de Bahamas y Katerini Thanou, de Grecia (derecha). Archivo

Marion junto a su exesposo C. J. Hunter, sancionado por dopaje en Sidney 2000. Archivo

En el 2002, Marion Jones se paseaba junto a su novio, Tim Montgomery, acusado por dopaje y fraude. Archivo

Jones sonríe mientras muestra las cinco medallas (tres de oro y dos de bronce) que obtuvo en Sidney. Archivo

La hoy exatleta se ganó el cariño del público por sus triunfos deportivos y su vitalidad casi infantil. Archivo

Después de hablar en la Corte, Marion Jones mostró el rostro de la derrota. AFP

Archivo
Bonds está bajo sospecha.
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