San José, Costa Rica. Domingo 04 de marzo, 2007.
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El grano de oro en nuevas manos

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/ LA NACIN

Yo me acuerdo... Las inundaciones en Taras de Cartago

Caos al desbordarse el río Reventado

“Pelo, pelo...”

“Primer lunes de marzo de 1960, se iniciaban las lecciones en la Universidad de Costa Rica, única en el país en ese momento. Me dirigía en el autobús de Tres Ríos a San Pedro y, un tanto nervioso, me bajé para llegar hasta Ciencias Generales. Pero no había caminado ni 100 metros, cuando, al grito de “pelo, pelo”, me sujetaron dos muchachotes mientras un tercero blandía con gran destreza unas filosas tijeras sobre mi cabeza y empezaban a caer mis “crespos” sobre la acera, una gran pérdida a mis 18 años de edad. No convenía resistirse, algunos estudiantes habían sido heridos por forcejear y defender su cabellera; incluso un accidente grave terminó con esta tradición. En mi caso, se constituyó en un simpático recuerdo”.

“Mi querido carné”

“Era 1974; todavía se perseguía a los primerizos para pelar los ‘cocos’. Yo no quería verme ‘coco’, así que, desde semanas atrás, comencé a pensar qué hacer. ‘¡Ya sé!’, grité. Me falsifiqué un carné donde constaba que yo era universitario desde hacía dos años. Cuando me presenté a la U traté de mostrarme sin nervios para no delatarme como de primer año. Pero pese a ello, vi venir hacia mí una turba de estudiantes de años superiores con tijeras en mano. Pensé: ‘Ni mi carné me salvó de la pelada coco’. Resignado esperé; pero la cosa no era conmigo; la turba solo pasó a mi lado y alcanzó a otro que venía detrás de mí. Entonces, sin siquiera voltear a ver, apresuré el paso hasta llegar a Bellas Artes, donde ingresaba a primer año. Ahí, a la hora del recreo, me agarraron; pero me alcanzó el tiempo para sacar el carné del pantalón y, con la mano en alto, mostrarlo a la turba. Creí que eso era suficiente; mas de pronto alguien me lo arrebató de la mano, y se puso a revisarlo. ‘¡Me descubrieron!’, me dije. Pero, de pronto, una voz se escuchó: ‘Ese es viejo, ¡déjenlo!’, dijeron. Solo vi cuando mi carné cayó al suelo. Mientras lo levantaba, ya la turba estaba encima de otro primerizo. Todavía guardo mi querido carné”.

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