San José, Costa Rica. Domingo 04 de marzo, 2007.
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El grano de oro en nuevas manos

Reportajes

Foto Principal: 1521315
Priscilla Mora / LA NACIN
El otro yo

Marino Protti: “No quería estudiar sismología, pero terminó gustándome, y mucho”

Una beca para especializarse en sismología en Japón hizo que Protti se enamorara de una disciplina que nunca le había llamado la atención. Hoy, el estudio de los movimientos telúricos es su pasión

–¿Es prudente el consejo de los abuelos de meterse debajo de una mesa cuando tiembla?

–No hay recetas, eso depende del lugar donde esté la persona.

–¿Construiría un hotel en la península de Nicoya?

–Con buenas técnicas de construcción se puede hacer en cualquier lugar del país.

–¿A qué evento natural le teme?

–No es que disfruto los procesos naturales; me causa fascinación al verlos como una manifestación de situaciones extremas de la naturaleza... claro, siempre y cuando uno esté lejos.

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Priscilla Mora / LA NACIN

–¿Le gustaría vivir en un país donde no haya sismicidad?

–Me gustaría vivir en un país con gente buena y un sistema de vida bueno... no depende de si es sísmico o no.

–¿Cuál es el volcán más femenino de Costa Rica y por qué?

–El Turrialba... por ser uno de los volcanes más explosivos de Costa Rica.

–¿Cómo se comporta su sismógrafo emocional?

–Lo llamaría un sismógrafo de banda ancha porque detecta tanto emociones muy pequeñas como muy grandes, y a todas responde a escala.

–¿Una eventual aprobación del TLC debería medirse con la escala Ritcher o la Mercalli?

–Con la escala de magnitud del momento, que es con la que se miden los grandes terremotos.

–¿Cuándo le perdió el miedo a los temblores?

–¡No se lo he perdido!

–¿Quién es mejor geólogo de los Protti, usted o su hermano Robert?

–Mi hermano, por supuesto.

–¿Por qué no duraron sus aspiraciones de ser sacerdote?

–Porque yo estaba preparado para ser un sacerdote dentro del ámbito de la teología de la liberación y fue cuando entró Juan Pablo II, que era muy conservador, un atacante fiero de la teología de la liberación. Ya no iba a poder ser el sacerdote que quería.

–¿Todavía lamenta no haber estado en el país cuando ocurrió el terremoto de Limón?

–Sí. Me duele habérmelo perdido. No pude ni siquiera venir a poner instrumentos, en la universidad donde estaba estudiando no me dejaron venir porque ya había retirado un curso tres veces por venirme a poner instrumentos en otros temblores. Entonces me amenazaron con que si lo retiraba de nuevo, me echaban de la universidad.

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Priscilla Mora / LA NACIN

–¿Qué cosa dispara sus nervios?

–Ver gente peleando. Cuando veo gente dándose de puños en la calle me asusto mucho.

–¿Un ritmo para bailar?

¡Twist!

–¿Por qué se cortó su eterna cola de caballo?

–Porque, cuando mi hija Isabel estaba pequeña, a veces dormía conmigo, se agarraba de la cola, se caía de la cama y me jalaba el pelo. Hace tres años me la corté.

–¿Cómo despeja sus días brumosos?

–Camino... juego con mis hijas. Ellas son la terapia más efectiva por más tenso o enojado que esté.

–¿Sueña con el varón?

–¡No! Nunca quise tener hijos, siempre soñé con tener chiquitas.

–¿A qué ha tenido que renunciar con el paso de los años?

–A trabajar más horas. Antes de que nacieran mis hijas yo trabajaba de 14 a 18 horas, me encantaba pasar metido en el laboratorio.

–¿Cuál es la comida más rara que ha ingerido?

–Una sopa que probé recién llegado a Japón, que nunca supe qué era.

–¿Qué canción cantaría en unkaraoke ?

Escalera al cielo de Led Zeppelin.

Fascinado por la naturaleza

La vena de investigador innato de Marino Protti ha sido complementada con diversos títulos académicos que lo convierten en toda una autoridad en el país. Su ascendente carrera se inició con un bachillerato en geología en la UCR y luego obtuvo un posgrado en sismología en Japón. En 1984 se vinculó al Observatorio Vulcanológico y Sismológico de Costa Rica, donde trabaja hasta la fecha. Con un permiso se fue a estudiar a la Universidad de California (campus de Santa Cruz), donde cursó una maestría en ciencias de la tierra y un doctorado en geofísica. Protti es casado con la estadounidense Anne Marie Mccaffrey, y tienen dos hijas: Isabel, de cinco años, y Donatella, de uno.





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