San José, Costa Rica. Domingo 08 de julio, 2007.
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Adriana Ovares / LA NACIN
Semblanza

Artista de la costura

Esta diseñadora costarricense se ha abierto camino en el mundo de la moda gracias a una pasión innata y a un talento evidente. Con esta amalgama, la hermana del afamado astronauta y científico está erigiendo una empresa con nombre propio: Sonia Chang.

Sharon Barquero
proa@nacion.com

A estas alturas, Sonia Chang Díaz ha logrado colocarse sobre su nombre, bien cosido, tras escalar a paso lento pero seguro en el mundo del diseño.

Años atrás le era casi imposible que, al menos de entrada, quienes la conocían como diseñadora de modas se refirieran de inmediato al parentesco que develaba su apellido.

Y es que su hermano mayor, el astronauta y científico Franklin Chang Díaz, se convirtió en las últimas décadas en un símbolo de inteligencia, mística y éxito; quizá en el hombre más admirado y respetado de Costa Rica.

Por ello, Sonia ha tenido que luchar el doble para lograr ser reconocida por sus propios méritos, aunque, por supuesto, ostenta con todo orgullo el parentesco que la une a Franklin.

Hoy, tras años de experiencia en invención de prendas, ella sigue cosiendo con el hilo del entusiasmo y la perseverancia. Aprendió a sacarle todo el partido posible a sus estudios en confección de modas y hoy está cosechando los frutos.

Vocación de infancia

Sonia encontró su pasión desde muy pequeña. Mientras algunas niñas jugaban a las muñecas o con las populares Barbies cuando estas salieron al mercado, ella ya concebía su actual profesión.

“Las Barbies eran mis modelitos, y cuando tenía 15 años me hacía vestidos para ir a las fiestas de mis amigas. Recuerdo que vendían patrones de corte y confección para hacer vestidos. Yo los compraba, los combinaba y hacía mi propio diseño. Las amigas de mi mamá y mis tías me ayudaban. Como a los 17 años tomé clases en una academia de corte y confección”, rememora.

Era evidente que Chang tenía ángel para las creaciones en tela e hizo de esto su hobbie.

Pero el talento de Sonia no es puramente empírico. A sus veintitantos recibió clases con Loly Verona en su escuela, y también llevó cursos de arte en la Universidad Nacional y uno de dibujo en República Dominicana.

“Cuando estaba en la UNA, abrieron la carrera completa de diseño de modas en lo que antes era el Instituto Creativo (hoy la Universidad Creativa) y ahí llevé bastantes materias”.

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Adriana Ovares / LA NACIN

Su fama corrió de boca en boca hasta que, a mediados de la década pasada, tuvo su primera gran experiencia como diseñadora, en una Costa Rica que apenas gateaba en ese ámbito.

“Un día, llegó un productor y me propuso hacer una pasarela en el hotel Herradura. Tuvimos muchas pérdidas económicas pero gané experiencia como diseñadora. Fue para la época en que doña Lorena de Rodríguez era la Primera Dama. Ella fue a la actividad y se hizo cliente mía”.

Aquella pasarela fue clave en su carrera de modista, pues doña Lorena la recomendó con allegadas suyas.

Durante aquellos años, Sonia se las ingenió para combinar los moldes y patrones con un anillo de matrimonio y una vida de familia en la que crecieron tres hijos: Franklin, de 29 años; Laura, de 24, y Carlos, de 20. “Laura fue mi musa durante años. Ella me sirvió de modelo e inspiración cuando diseñaba algo”, revela la artista de la costura.

Una vez que sus hijos dejaron la infancia, Sonia reanudó formalmente sus labores en la confección de ropa femenina. Para entonces tendría unos 35 años y disponía de más tiempo y madurez.

“Esta actividad me ayudó a crecer durante épocas muy duras, pero gracias a Dios ya tengo reconocimiento”, confiesa después de referirse a su divorcio.

Cuesta arriba

Convencida de que, en Costa Rica, el mercado del diseño de modas no se valora como tal, quizá por la escasa demanda, Chang agradece a Dios por estar avanzando a paso firme.

“Entre mis metas está poder ayudar a los jóvenes de este país que quieren ser diseñadores. Esto lo voy a realizar por medio de Fundación Centroamericana de Moda. Tenemos en mente llevarlos a que muestren sus invenciones a países centroamericanos y premiarlos”, comentó Chang, quien es vicepresidenta de esta organización.

Sí insiste en la necesidad de cambiar la mentalidad de los ticos para que entiendan que el diseño de modas es arte y, además, con futuro en el país.

El apellido Chang Díaz.En pasarelas fuera de Costa Rica, admite que también se le ha identificado por su apellido, hecho que considera un arma de doble filo.

“Al principio fue incómodo. Sin embargo, mi apellido es símbolo de trabajo, honradez y esfuerzo. Con los años, he logrado que se me reconozca por mi trabajo. Claro, tampoco puedo omitir el gran respeto y admiración que le tengo a mi hermano”.

Contó que mantienen una estupenda relación. “Él no solo fue mi hermano, sino un compañero en mi vida. Nos llevamos tan bien que una hija suya se llama Sonia y un hijo mío se llama Franklin”, comentó.

A su 54 años, la artista no deja de trazarse metas. Sueña con un momento de su vida (para el cuál está trabajando) en el que venda su ropa de forma exclusiva en ciertas tiendas o tenga la suya propia.

Eso, aparte del taller de trabajo que actualmente posee en Escazú, un rincón donde la inspiración y el entusiasmo (que espera contagiar a los más jóvenes) fluyen a sus anchas día tras día.





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