Drama
Muerta en vida
La secuestrada más (tristemente) famosa del mundo, Ingrid Betancourt, está viva. Pero una foto suya en plena selva y una desgarradora carta dirigida a su madre revelan su indecible sufrimiento. Lo peor es que su liberación permanece en total incertidumbre.
En los últimos seis años, la familia, amigos y compatriotas de Ingrid Betancourt han vivido casi que en completa incertidumbre respecto al destino de la excandidata presidencial, secuestrada en febrero del 2001.
Las noticias de su sobrevivencia durante todo este tiempo, han llegado a cuentagotas, más que todo por boca de otros secuestrados que han logrado escapar y, en algún momento, compartieron el cautiverio con Ingrid.
Pero la semana antepasada, Colombia y la comunidad internacional se estremecieron cuando la policía detuvo a unos miembros del Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y les decomisó un video del 24 de octubre pasado, donde la rehén aparece una delgada, pálida y, sobre todo, tristísima. Es Ingrid Betancourt, sentada en una banca, con la mirada clavada en el suelo.
Pero lo más revelador fue una carta que también les fue hallada a los guerrilleros, un documento de 12 páginas que Ingrid escribió a su madre, Yolanda Pulecio, en la que describe con detalle su situación pero, sobre todo, refleja que está cansada de sufrir y se halla asida apenas a un ápice de fuerza y de fe (menciona a Dios con frecuencia).
La carta fue publicada esta semana por varios medios colombianos, después de que la Fiscalía se las entregara, en una decisión que enfureció a doña Yolanda, quien aseguró que demandará a las autoridades colombianas por hacer público el documento.
Los siguientes son algunos extractos de la misma, los que describen, finalmente, lo que miles en el mundo se preguntan una y otra vez: ¿cómo es la vida de Ingrid Betancourt en semejantes condiciones?
“Mañana lluviosa, como mi alma, Selvas de Colombia, miércoles 24 de octubre, 8:34 a. m.
Mi mamita adorada y divina de mi alma (...) Todos los días abro los ojos a las 4:00 a. m. y me preparo para estar bien despierta para oír tu mensaje en la cantera ( programa ) de las 5. Esa es mi ilusión diaria, oír tu voz, sentir tu amor, tu ternura, tu constancia. Todos los días le pido a Dios que te bendiga, que te cuide, te proteja, que me permita algún día tener la oportunidad de consentirte en todo, darte gusto en todo, tenerte como una reina, al lado mío, porque no soporto la idea de volverme a separar de ti.
“Esta es una selva muy tupida, difícilmente entran los rayos del sol. Pero es desierta en afecto, solidaridad, ternura, por eso tu voz es mi cordón umbilical con la vida. Sueño con decirte ‘mamita’, nunca más ni en esta vida ni en la otra, volverás a llorar por mí. (...)
“A diario me preguntas cómo es mi vida. Yo sé que Pinchao ( subintendente de la Policía, Jhon Frank Pinchao, quien logró escapar en abril de este año ) te dio muchos detalles y lo bendigo y le agradezco por haberte contado todo. Siento gran admiración por Pinchao. Lo que logró es algo heroico. (...) Bien, las cosas desde la fuga de Pinchao se endurecieron para nosotros. Las medidas se extremaron y eso ha sido terrible para mí. Me separaron de las personas con las cuales me entendía y me pusieron en un grupo humano muy difícil.
“Estoy cansada, mamita. Cansada de sufrir, he sido o tratado de ser fuerte. Estos casi seis años de cautiverio me han demostrado que no soy ni tan resistente, ni tan valiente, ni tan inteligente, ni tan fuerte, como yo creía. He dado muchas batallas, he tratado de escaparme en varias oportunidades, he intentando mantener la esperanza. Pero, mamita, ya me doy por vencida.
“Quisiera pensar que algún día saldré de aquí, pero me doy cuenta que lo de los diputados ( 11 diputados fueron asesinados en junio, mientras permanecían en cautiverio ), que tanto me ha dolido, me puede pasar en cualquier momento. Pienso que eso sería un alivio para todos.
“Siento que mis niños están con sus vidas en stand-by, esperando que salga, y tu sufrimiento diario, y el de todos, hace que la muerte me parezca una dulce opción. Estar con mi papito, cuyo duelo no termino de hacer porque todos los días desde hace cuatro años lloro su muerte.
“Estoy cansada de sufrir, de decirme mentiras a mí misma, de que pronto esto va a terminar, y de ver que cada día es igual al infierno del anterior. Pienso en mis niños, en mis tres niños, en Sebastián, en Mela, y en Loli. Son los mismos y ya son otros, y cada segundo de mi ausencia, de no poder estar ahí para ellos, de no poder aconsejarlos o darles fuerzas, todas las oportunidades perdidas de ser su mamá, me envenenan los momentos de infinita soledad como si me pusieran un suero de cianuro, gota a gota, por en las venas.
“Mamita, este es un momento muy duro para mí. Piden pruebas de supervivencia a quemarropa y aquí estoy escribiéndote mi alma tendida sobre este papel. Estoy mal físicamente. No he vuelto a comer. El apetito se me bloqueó.
“El pelo se me cae en grandes cantidades. No tengo ganas de nada. Y creo que esto último es lo único que está bien: no tener ganas de nada. Porque aquí en la selva la única respuesta a todo es “no”. Es mejor entonces no querer nada para quedar libre al menos de deseos. (...)
“Hace tres años estoy pidiendo un diccionario enciclopédico para leer algo, aprender algo, mantener la curiosidad intelectual viva, sigo esperando que al menos por compasión me faciliten uno, pero es mejor ni pensar en eso. De ahí para adelante, cualquier cosa es un milagro. Hasta oírte por las mañanas es un milagro, porque el radio que tengo es muy viejo y dañado.
“La vida aquí no es vida. Es un desperdicio lúgubre de tiempo. Vivo, o sobrevivo, en una hamaca tendida entre dos palos, cubierta con un mosquitero y con una carpa encima, que funciona como techo, con la cual puedo pensar que tengo una casa.
“Tengo una repisa donde pongo mi equipo, es decir el morral con la ropa y la Biblia, que es mi único lujo. Todo listo para salir corriendo. En cualquier momento dan la orden de empacar y duerme uno en cualquier hueco, tendido en cualquier sitio, como cualquier animal. Esos momentos son especialmente difíciles para mí. De pronto me da diarrea, puros nervios.
“Las marchas son un calvario porque mi equipo es muy pesado y no puedo con él.
“A veces los guerrilleros llevan cosas mías para aliviarme la carga y me dejan ‘los tarros’, es decir lo de aseo que es lo que más pesa, pero todo eso es estresante, se pierden mis cosas o me las quitan, como el bluyín que Mela me había regalado de Navidad, con el que me secuestraron.
“Durante el día tenía la costumbre de sacar unas dos horas, casi... para hacer ejercicio. Me había inventado un aparatito hecho de palos, que lo usé como step . La idea era subir y bajar como si fuera un escalón. Tiene la ventaja de que no se necesita mucho espacio para hacerlo, porque algunas veces los campamentos los hacen tan pequeños que queda uno prácticamente encima de otro prisionero.
“Pero desde que separaron los grupos no he tenido el interés ni la energía para hacer nada. Hago algo de estiramiento porque el estrés me bloquea el cuello y me duele mucho. Entonces, con los ejercicios de estiramiento, el split y demás, logro aliviar un poco la tensión de la nuca, los hombros, la espalda.
“Las noches son heladas y yo no sé qué más echarme encima para no sentir frío. Antes disfrutaba la ida a bañarme al río.
“Como soy la única mujer del grupo me toca prácticamente vestida, con shorts , brasier, camiseta, botas, así me vea como las abuelitas nuestras.
“Antes me gustaba nadar en el río. Ya ni siquiera tengo aliento para eso.
“Bueno mamita, Dios nos ayude, nos guíe, nos dé paciencia y nos cubra. Por siempre y para siempre. Tu hija”.
FOTOS

AP
El esposo Juan Lecompte, dijo que ella no quiso mirar a a la cámara ni hablar para “no hacerles el juego a las FARC”.

AFP
La dramática imagen de Betancourt ha sustituido las que aparecían en vallas de protesta, tanto en Colombia como en Francia.
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