Ecología
Negro por dentro
El carbón, veneno para el clima, es uno de los motores de la economía mundial debido a su bajo costo como fuente de energía.
El carbón es un veneno para el clima. Su quema produce gran cantidad de gases de efecto invernadero y acelera el cambio climático. Después del petróleo, es la segunda fuente más importante de emisiones contaminantes, pero el carbón es también la fuente de energía más barata del mundo.
Por eso no se puede ni hablar de eliminarlo como fuente, como se ha debatido en algún país industrializado, sino todo lo contrario: el Departamento de Energía estadounidense calcula que la demanda mundial crecerá un 74% hasta el 2030.
“Los combustibles fósiles seguirán siendo el motor impulsor del crecimiento económico”, afirmó en la conferencia de Bali el secretario ejecutivo de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, Yvo de Boer.
Estados Unidos y China, que en cifras absolutas son los dos mayores contaminantes, son también los principales productores y consumidores de carbón.
China extrae al año, según datos del Instituto Mundial del Carbón (WCI, por sus siglas en inglés), 2.400 millones de toneladas, seguida de Estados Unidos con 990 millones, e India, con 427 millones. En Estados Unidos, según cálculos del Departamento de Energía, el consumo subirá hasta el 2030 un 50%, mientras que en Asia crecerá más del doble.
“El carbón fue el motor del crecimiento económico en todo el mundo y seguirá siendo en este siglo un elemento importante para la seguridad energética, el crecimiento económico y la lucha contra la pobreza en muchos países de la Tierra”, declaró hace poco el jefe del WCI, Milton Catelin.
Ser millones
Para los asiáticos no hay una alternativa a la vista. En Vietnam, la demanda de electricidad aumenta entre un 15 y un 20% al año y hay siete centrales a carbón planificadas.
También Filipinas, Malasia, Indonesia y Taiwán quieren producir más energía a base de carbón. Sin embargo, sus planes se quedan cortos cuando se les compara con China e India. Estos dos países tienen enormes reservas y planean utilizarlas. Allí hay previstas 200 nuevas centrales de carbón en los próximos diez años. China piensa construir incluso 500 nuevas centrales.
Según el WCI, eso no es problema. El concepto clave es “carbón limpio”. Según el Instituto, el dióxido de carbono que emiten las centrales podría ser almacenado bajo tierra, aunque la tecnología necesaria es incipiente.
La eléctrica Vattenfall comenzó a construir este año en Alemania la primera central de carbón cuyas emisiones de CO2 irán bajo tierra. La principal empresa estadounidense del ramo, American Electric Power, pondría a funcionar una en el 2011. Según el WCI, de ese modo se podrían reducir las emisiones de CO2 en un 80 ó 90%.
También Australia, el mayor exportador de carbón del mundo, apuesta por el “carbón limpio”. El país se beneficia del boom en Asia y no quiere renunciar a ese lucrativo negocio.
El nuevo gobierno laborista encabezado por Kevin Rudd ratificó el Protocolo de Kioto, pero sigue apostando por el carbón y prometió destinar más de $500.000 millones a la búsqueda de formas para reducir su contaminación.
Sin embargo, para los ecologistas, la expresión es una contradicción en sí misma. “El mito del ‘carbón limpio’ es una pesadilla”, asegura el grupo Unión para el Medio Ambiente y la Protección de la Naturaleza, en Alemania (BUND). El almacenaje es caro, y para las cantidades que deberían ser guardadas, no hay suficientes receptáculos investigados en el mundo.
En vez de eso, creen que el dinero debería ser invertido en energías renovables, pero en los países en desarrollo los fondos no están disponibles.
“India está bajo presión en la discusión sobre el cambio climático, pero eso le da igual a la gente de aquí”, dice el experto indio Sudha Mahalingam. “Simplemente no sirve decirles: ‘Sus chozas permanecerán sin luz para que puedan respirar aire puro’”.
El primer ministro indio, Manmohan Singh, dejó claro en la Cumbre de Asia en Singapur cómo ve el tema: primero, las emisiones hay que medirlas per cápita y no en números absolutos y, segundo, debe haber el mismo límite para todos los habitantes del mundo. En la actualidad, cada estadounidense produce, según las estadísticas, 20 toneladas de emisiones, mientras que cada indio produce una tonelada.
Economía china la tiene difícil
Sin carbón, jamás
Pekín (AFP) Zeng Qinglun y su esposa, una pareja de jubilados que viven en una callejuela típica del viejo Pekín, se calientan y cocinan gracias al carbón. No podrían hacerlo de otro modo. La pareja sabe que las autoridades chinas aconsejan la utilización del gas o de la electricidad. “Por supuesto, nos gustaría disfrutar de equipamientos eléctricos, muchos más limpios y más prácticos”, dicen. Pero, cómo pagar el gasto adicional con sus magras pensiones.
“Este lote de pedazos de carbón, que me va a permitir pasar todo el invierno, cuesta mil yuanes” (cerca de $145), dice Zeng, de 66 años, al tiempo que muestra una montaña de combustible apilada frente a su casita. El equivalente en electricidad le costaría, por lo menos, dos veces más. Sin embargo, aunque ellos utilizaran electricidad, sería igual a usar carbón: en China todo gira en torno a la hulla, fuente del 70% de la producción de energía del país.
El gigante asiático se fijó objetivos ambiciosos de ahorro de energía y de reducción de emisiones contaminantes, que por el momento no ha alcanzado. También pretende incrementar los recursos de energía renovable en su producción de electricidad. Las instalaciones eólicas hicieron aparición, y también los páneles solares, mientras en los ríos surgen embalses como el de las Tres Gargantas.
Pekín lanzó también un vasto programa de construcción de centrales nucleares para aumentar la participación de la energía atómica y se esfuerza por cerrar sus centrales términas obsoletas, una cuestión complicada en un país que mantiene el crecimiento económico como prioridad y que no puede correr el riesgo de frenarlo por falta de energía. Actualmente, China está a punto de convertirse en el primer emisor mundial de gases de efecto invernadero. Según la Agencia Internacional de la Energía (AIE), esa nación alcanzará el primer puesto del planeta como contaminador este año. La AIE predice que, poco después del 2010, China será el mayor consumidor de energía del orbe, quitando de este sitio a Estados Unidos.
FOTOS

EFE

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China mantiene el crecimiento económico como prioridad y no puede correr el riesgo de frenarlo por falta de energía.

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En el 2006, China construyó el equivalente de tres centrales de carbón por semana, según la Agencia Internacional de Energía (AIE).
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