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Reportajes
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| Adriana Ovares / LA NACIN |
Personaje
Botánico fiel Jorge León, científico de larga trayectoria en el IICA, repasa una vida dedicada a la investigación.
Silleny Sanabria S. sisanabria@nacion.comAcaso tenía 20 años, pero en vez de solazarse en las correrías típicas de juventud, Jorge León Arguedas rumiaba horas de horas seleccionando plantas que, a la postre, marcaría su destino y también buena parte del campo de la investigación botánica de este y otros países.
Empezaba a descorrerse la década de 1940 y el entonces inquieto joven recolectaba plantas de campo y las enviaba al herbario del Museo Nacional, donde muy pronto reconocieron la pasión que el muchacho sentía por el mundo de la botánica, y lo contrataron nada menos que como encargado del lugar, puesto que desempeñó durante tres años.
Setenta años después, la anécdota sirve como punto de partida para recorrer lo que ha sido toda una vida dedicada a la investigación agrícola, con la botánica como norte principal.
Uno de los reconocimientos más importantes que ha recibido don Jorge –hoy de 91 años– por su vasta labor, le fue entregado hace unas semanas por el Instituto Interamericano de Ciencias Agrícolas (IICA). Se trata de la Medalla Agrícola Interamericana, que reciben solamente aquellas personas o instituciones que han aportado de manera muy relevante al desarrollo de la agricultura y a la vida rural de América.
Entre sus muchos aportes, sobresalieron sus investigaciones relacionadas con miles de plantas andinas.
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| Con 91 años, don Jorge sigue inmerso en la investigación. Adriana Ovares / LA NACIN |
En ascenso
“Recuerdo que se compraban frutas para entregárselas a los soldados en Japón. Se enviaban en tren a Limón, y de allí se trasladaban a Panamá en barco hasta Japón. Cuando terminó la guerra, cayó la institución”, rememora don Jorge.
Aunque su labor en el país se basaba en experimentaciones de plantas, y por algún tiempo se desarrolló como profesor de distintas universidades, como el CATIE, en Turrialba, don Jorge pronto tuvo la oportunidad de alzar vuelo: se convirtió en un verdadero trotamundos.
Todo comenzó cuando ganó una beca para estudiar en Estados Unidos –lo que era en extremo difícil en esa época– y, tiempo después, partió con su esposa y sus tres hijos en un periplo académico e investigativo que lo llevó a países como Perú, Brasil, Bolivia, Holanda e Italia. Lo que hacía en esas latitudes, en esencia, era desarrollar y diversificar varias especies que entonces escaseaban en dichas naciones.
Hoy, ya pensionado, continúa expandiendo sus conocimientos gracias a los muchos libros de arte –su otra gran pasión– que inundan las tres bibliotecas de su casa. Y sigue, claro, plasmando sus conocimientos en documentos y libros que serán su herencia para los botánicos de corazón de las generaciones venideras.
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