San José, Costa Rica. Domingo 19 de agosto, 2007.
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El presidente Néstor Kirchner y su esposa Cristina, el día que él asumió el poder, en mayo del 2003. Archivo / LA NACIN
Internacional

A un paso

La Primera Dama de Argentina, Cristina Kirchner, se perfila como la próxima presidenta.

Yuri Lorena Jiménez
yjimenez@nacion.com

Su fuerte carácter, temido por algunos políticos, y un obsesivo cuidado de su imagen, son dos de las características que sintetizan la imponente presencia de la senadora Cristina Fernández de Kirchner, la candidata más fuerte, según las encuestas, a convertirse en próxima presidenta de Argentina en las elecciones del 28 de octubre.

Legisladora de larga trayectoria, Cristina Fernández ya era un personaje con peso propio en la política nacional de ese país el 25 de mayo del 2003, cuando se convirtió en primera dama al asumir su esposo, Néstor Kirchner, como presidente de la nación.

Aunque hay cierto consenso en que Cristina (a secas, como le gusta que la llamen) vive obsesionada por su imagen, también es un hecho que ha sabido consolidar una estrategia para convertirse en una figura política con influencia en todo el país.

Hoy, Fernández de Kirchner está muy lejos de aquella joven peronista de cabello largo, hija de un radical, que en 1976 se graduó de abogada en la universidad bonaerense de La Plata, un año después de haberse casado con Néstor, con quien tuvo a sus hijos Máximo y Florencia.

Pese a que en aquellos tiempos de dictadura militar (1976-1983) aún no se había volcado de lleno en la política, la desaparición de algunos compañeros de universidad hicieron que, junto a su marido, debieran mudarse a la sureña Santa Cruz, la provincia nativa de Kirchner.

A fines de la década de 1980, Cristina Elizabeth Fernández comenzó su carrera política como diputada provincial y luego nacional.

Al mismo tiempo, su esposo se consolidaba como dirigente del peronismo. En 1991 fue elegido gobernador de Santa Cruz, cargo para el que fue reelecto dos veces, y Cristina lo acompañó y apoyó como legisladora.

Algo similar ocurrió cuando Kirchner asumió la presidencia en el 2003, en medio de una de las crisis económicas y sociales de Argentina. Desde su puesto en el Congreso, la senadora respaldó activamente la gestión del mandatario.

El matrimonio fue creando así una sociedad política más allá de su relación personal.

La candidatura de Fernández, calificada como una “estadista” por funcionarios cercanos y hasta por su propio marido, es vista por los estrategas del Gobierno como la llave para la “continuidad del proyecto” iniciado por Kirchner, quien logró mantener una imagen positiva superior al 50 por ciento en sus cuatro años de gestión gracias a un crecimiento económico de 8%, y la reducción del desempleo y de la pobreza.

La consagración le llegó a Cristina cuando, en las elecciones parlamentarias del 2005, arrasó en la provincia de Buenos Aires con 46% de los votos en un “duelo de esposas” con su principal adversaria, Hilda González, mujer del expresidente Eduardo Duhalde (2002-2003).

Desde aquel abultado triunfo, la senadora logró mantener una buena imagen que, según los analistas, se vincula con su seguridad, su predisposición a la toma de decisiones y sus escasas declaraciones públicas, al punto que posee una nula relación con la prensa.

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AP / LA NACIN

Así, esta mujer, vehemente en sus convicciones y coqueta –pese a que algunos diseñadores consideran que tiene un estilo “recargado” y sobran quienes se burlan de ella por el supuesto exceso de Botox para quitar las arrugas–, es una exponente más de las mujeres que, como Hillary Rodham Clinton, aspiran a la Presidencia.

A estas alturas, prácticamente no hay decisión del gobierno nacional en la que ella no participe. En este sentido, su figura excede a la de una legisladora convencional.

Sus pros y contras parecen estar bien definidos a nivel político. En el Congreso reconocen la capacidad intelectual de Cristina y su fuerte lucha por los derechos humanos y de la mujer.

No obstante, políticos de su partido y de la oposición parecen temer su fuerte carácter, que algunos más bien califican de “soberbia”. Hay quienes incluso la acusan de prima donna por su rechazo a las formalidades. También se considera que uno de sus talones de Aquiles es el escaso diálogo que sostiene con otros sectores importantes del país como los gremios, así como su inexperiencia en cargos ejecutivos.

Pero si algo caracteriza a Cristina Fernández de Kirchner es la seguridad en sí misma que proyecta: da la impresión de que las críticas a sus supuestas debilidades la tienen sin cuidado.

Además de la disciplina a ultranza con que cuida su estado físico y su salud, vigila celosamente su imagen en actividades públicas. Toma agua mineral de una sola marca y a menudo se viste con trajes de reconocidos diseñadores.

Si consigue triunfar en las elecciones del próximo 28 de octubre, la senadora Fernández se convertirá en la primera presidenta de Argentina elegida por el voto directo de la ciudadanía (Isabel Martínez solo llegó a la Presidencia en sustitución de su fallecido esposo, Juan Domingo Perón).

Las encuestas en los últimos meses arrojan cifras abultadas en su favor.

Un sondeo a cargo de la firma consultora Hugo Haime y Asociados y divulgado este lunes por la agencia estatal Télam, revela que la Primera Dama ganaría holgadamente la presidencia del país con un 49,8 por ciento, casi la mitad de los votos, si las elecciones fueran hoy.

Los datos sugieren que la poderosa senadora aventajaría ampliamente al exministro de Economía Roberto Lavagna, que captaría un 10,7 por ciento de los sufragios el próximo 28 de octubre.

Según la encuesta, la candidata de centro izquierda Elisa Carrió obtendría un 9,9 por ciento de los votos; el centroderechista Ricardo López Murphy, un 4,4 por ciento, y el expresidente Carlos Menem, un 4,3 por ciento.

La encuesta fue realizada sobre 3.000 casos entre el 15 de julio y el 3 de agosto, poco antes de que estallaran sospechas de corrupción en el Gobierno cuando un venezolano intentó ingresar al país una maleta con $800.000 sin declarar, tras llegar en un vuelo oficial.

El incidente derivó en el desplazamiento de un funcionario de alto rango del Ministerio de Planificación y ocasionó un entredicho entre Buenos Aires y el Gobierno de Venezuela, con el que la administración del mandatario Néstor Kirchner tiene una alianza energética y financiera.

Este martes, la senadora escaló un nuevo peldaño hacia el podio, cuando se presentó por primera vez junto con su candidato a la vicepresidencia, en un acto realizado en el mítico Luna Park.

Durante su discurso de 20 minutos, no aludió a los casos de presunta corrupción que han salpicado últimamente a funcionarios del gobierno.

Sin embargo, la suerte parece estar echada: expertos aseguran que tendría que ocurrir algo extraordinario para que la intención de voto de los argentinos dé un viraje a menos de tres meses de las elecciones.

Entonces salta la pregunta obligada: ¿qué haría Kirchner en un eventual gobierno de su esposa? La división de tareas en el matrimonio parece deparar un rol más que activo para él: ayudarla con la traviesa economía y lidiar con los dirigentes sindicales, populares y peronistas (algo poco grato para Cristina), y dejarle a ella el ejercicio de la gran política. Y con la posibilidad de poder presentarse a un nuevo período después de Cristina.

Así las cosas, la dinastía Kirchner parece estar en ciernes.





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