San José, Costa Rica. Domingo 08 de abril, 2007.
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El grano de oro en nuevas manos

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Foto Principal: 1558732
Medallas
conmemorativas del 150 aniversario de la Campaña Nacional.
Adriana Ovares / LA NACIN
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Medallas de una gesta

El coleccionista Fernando Leitón rescató la historia tras las medallas de la Campaña Nacional y comprobó, una vez más, cuán preparado estaba el ejército costarricense para expulsar a los filibusteros hace 150 años.

Ivannia Varela Q. ivarela@nacion.com

U n siglo después, ¿quién puede afirmar que el ejército de Costa Rica, durante la Campaña Nacional 1856-1857, estaba compuesto por un puñado de campesinos sin ninguna preparación militar? Las personas que así lo creen, seguramente no han escuchado a los conocedores en la materia, quienes afirman, con documentos en mano, que la milicia tica de aquellos tiempos destacaba por su profesionalismo.

El fotógrafo y coleccionista Fernando Leitón tiene esta teoría y la ha confirmado de múltiples formas. Desde muy niño, se interesó por reunir cuantos objetos militares llegaban a sus manos, entre ellos, una medalla que pretendía rendir homenaje a los militares de la Campaña de 1856 y que fue entregada en 1895, cuando se inauguró el Monumento Nacional.

Interesado por rescatar la historia de aquella sencilla condecoración, este hombre se dispuso a estudiar documentos antiguos, en los que comprobó cuán preparado estaba el ejército costarricense para enfrentarse a los filibusteros, hace 150 años.

“Para 1856 nuestro ejército estaba compuesto por unos 9.000 hombres, incluyendo la tropa y los militares. Teníamos unas 11.500 armas y poseíamos 31 cañones de los más modernos”, detalló Leitón, mientras intentaba destruir el mito de que los ticos defendieron su patria a punta de “palos y machetes”.

Durante su investigación, este coleccionista descubrió que existieron otras condecoraciones que rendían tributo a la valentía de los militares. Por ejemplo, las medallas de honor que se fabricaron en la Casa de la Moneda a finales de 1857, destinadas a los miembros de los altos rangos y para la tropa en general.

Al parecer, estas medallas, que sumaron unas 4.400, se entregaron un 1° de enero de 1858, en el marco de una fiesta cívica celebrada en el Llano de Mata Redonda (hoy parque La Sabana).

“De esas medallas, yo he podido encontrar cinco de oro y he visto algunas decenas de plata”, asegura este coleccionista, quien además ha rescatado la historia de otras medallas similares. Tal es el caso de las que recibieron los veteranos de guerra en 1895, la Cruz de Honor (con la que en 1858 se condecoró a los generales y jefes del ejército) y otra más que se otorgó en 1903 a un señor llamado Nicolás Aguilar y Murillo. Este hombre era un soldado que había realizado un acto heroico en una de las batallas y cuyo valor aún no había sido reconocido. La medalla original que se le dio a este vecino de Barva de Heredia fue fabricada en París y pesaba 21 quilates de oro.

Con motivo de los 150 años de la Campaña Nacional, Leitón quiso compartir sus hallazgos. Por eso, mandó a fabricar réplicas de todos los modelos hallados durante su investigación, respetando, obviamente, cada detalle.

Los interesados en adquirir un estuche con algunos de estos ejemplares pueden escribirle al correo electrónico medallas1856c.n@gmail.com o llamarlo al teléfono 223-7487.





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