San José, Costa Rica. Domingo 08 de abril, 2007.
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El grano de oro en nuevas manos

Reportajes

Foto Principal: 1555342
Un perro
mensajero alemán salta sobre las trincheras en el Frente Occidental, en 1916.
Imperial War Museum /Para LA NACIN
Variedad

Soldados con pelos y plumas

Delfines detectores de bombas, perros espías y rescatadores, palomas mensajeras… tuvieron una intervención decisiva en las guerras mundiales. Una exposición en Londres recuerda el papel que desempeñaron los animales en los conflictos bélicos.

Jacinto Antón El País Semanal@nacion.com

“Por entregar un mensaje bajo circunstancias excepcionalmente difíciles y contribuir con ello al rescate de una tripulación de la Real Fuerza Aérea”. Así se justificó la medalla al valor entregada en la II Guerra Mundial a… una paloma.

NEHU 40 MS1 era el contundente nombre oficial del ave, y se le premió por el salvamento de los tripulantes de un avión torpedero británico Bristol Beaufort que, alcanzado por los alemanes durante una misión en Noruega, hubo de hacer un amaraje de emergencia en el mar del Norte en un gélido febrero de 1943.

Foto Flotante: 1555357
Una paloma
mensajera es lanzada de un tanque británico, en 1918.
Imperial War Museum /Para LA NACIN

Perdido el contacto por radio, encaramados desesperadamente en los restos del fuselaje, con mal tiempo y olas enormes, los aviadores soltaron como última esperanza la paloma mensajera que llevaban.

El pájaro, exhausto, empapado y cubierto de petróleo, consiguió llegar a los cuarteles del RAF Pigeon Service (Servicio de Palomas de Real Fuerza Aérea), donde los expertos fueron capaces de retrazar su ruta para dar con los náufragos y rescatarlos.

Dado que la denominación numérica era algo fría para un héroe, a la paloma se la rebautizó con el teletúbico nombre de Winkie , en referencia a los guiños que hacía con los ojos, una simpática característica que resultó ser producto del estrés bélico.

Este es solo uno de los extraordinarios casos de animales implicados en la guerra, un tema que ha originado una copiosa bibliografía y al que el Imperial War Museum, de Londres, dedica una amplia y sentida exposición, The animals’ war (La guerra de los animales), con cuadros, esculturas, fotografías, medallas, carteles de reclutamiento, curiosos objetos históricos e incluso la presencia de algunos de los protagonistas (disecados, obvio).

Foto Flotante: 1555346
Una rata
gigante de Gambia busca minas antipersonales en Mozambique, en noviembre del 2004.
Reuters/Imperial War Museum /Para LA NACIN

La exhibición permite conocer otras historias tan apasionantes como la de Winkie : la de Voytek , el oso que abría las latas de munición de la brigada polaca en la dura batalla por la abadía; la de Rob , el perrocollie paracaidista del servicio secreto británico (SAS) que desafió a la Gestapo, o la de Oskar , el gato del acorazadoBismarck.

El tema tiene aspectos divertidos, simpáticos y hasta entrañables (el amor de los soldados por sus mascotas, la devoción de estas…), pero la asociación de animales y guerra produce en general bastante tristeza.

Abundan, no vamos a engañarnos, el dolor, la tragedia y el horror. Ya sean bestias de carga, mensajeros, guardianes, rescatadores, localizadores de explosivos, simples mascotas o directamente armas –perros bomba–, los animales lo pasan en las guerras tan mal o peor que los seres humanos.

Baste recordar que el jefe del servicio de palomas mensajeras belga incineró vivas a 2.500 de sus queridas aves para impedir que cayeran en manos de las tropas del káiser en 1914. O que en la I Guerra Mundial murieron, según algunos cálculos, ¡ocho millones de caballos!

Los animales han jugado un papel destacado en las guerras desde el alba de la historia. El caballo ha sido indisociable de la batalla durante milenios. También el elefante, el camello o la mula. Menos conocido es el uso que los ejércitos han dado a las ratas para detectar minas, o a las focas y delfines como armas submarinas (Marine Mammal Program de la US Navy, por ejemplo; dos delfines, Makai y Tacoma , fueron usados en el 2003 en la guerra de Iraq para detectar minas en el puerto de Umm Qasr).

Mucha gente tampoco sabe que el crucero imperial alemánDresden llevaba a bordo un cerdo marinero –y no un marinero cerdo– de nombreTirpitz (su cabeza puede verse en el Imperial War Museum).

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En 1917,
este soldado australiano muestra la docilidad de sus camellos, en Sudán.
Imperial War Museum /Para LA NACIN

Dado que el tema sería inabarcable, la exposición del centro londinense se circunscribe a la época moderna, con énfasis en la primera y segunda guerras mundiales, aunque hay alusiones a otros tiempos y conflictos.

A la entrada de la exposición, hay elocuentes imágenes cinematográficas de la célebre carga del regimiento de los Scots Greys en Waterloo. De los 416 caballos de la famosa carga británica murieron 228. Cuando uno piensa en esas frenéticas y heroicas cargas de caballería, a menudo se olvida de los caballos, que sufrieron (y se distinguieron) tanto o más que sus jinetes.

Otra historia: en la carga de la Brigada Ligera en Balaclava, murieron (o hubo que matar) 500 de los 673 caballos participantes.

En su libro Animals in war (1983), Jilly Cooper recuerda un caso conmovedor: al acabar la batalla de Vionville (guerra franco-prusiana), con centenares de caballos yaciendo sobre el terreno, el corneta del primer regimiento de Dragones de la Guardia alemana tocó retreta y 602 corceles heridos se levantaron y, en fantasmagórica procesión, cojos, ciegos, mutilados, sangrando o arrastrando las tripas, emprendieron, obedientes, la marcha hacia sus cuarteles.

Tras otra carnicería equina similar, en la batalla de Omdurman, los jinetes del 21º de Lanceros llevaron a sus caballos heridos hasta el río para darles de beber, antes de pegarles el tiro de gracia. Las penalidades de los caballos son incontables, como los propios caballos que han galopado en las guerras: 1,2 millones empleó solo la URSS en la II Guerra Mundial.

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Un sargento
de la armada británica cura la oreja de Jasper, un perro antiminas, en 1944.
Imperial War Museum /Para LA NACIN

Cerca del pueblo de Musino, en 1941, los alemanes fueron objeto del asalto de la 44ª División de Caballería Mongola, al galope y esgrimiendo sus sables.

Recibidos con una tormenta de fuego, apenas 30 atacantes llegaron hasta las líneas germanas. En diez minutos, 2.000 caballos y sus jinetes estaban desangrándose sobre el suelo nevado. Ni un alemán resultó muerto o herido.

Paquidermos líderes.La exhibición londinense igualmente dedica un espacio a los elefantes. Por ejemplo, a los empleados en la campaña de Birmania (1942-1945) por el ejército británico en su lucha contra los japoneses.

Puede verse en una vitrina un amarillento colmillo, recuerdo de Bandoola , paquidermo de la Elephant Company, que lideró a una partida de 198 hombres, mujeres y niños en su peligrosa huida de los nipones a través de la jungla.

Los campos de la I Guerra Mundial fueron surcados por numerosos animales. El temible gas mostaza los afectó igual que a los soldados.

La exposición muestra ropas y máscaras de aspecto marciano para proteger a caballos y perros de esos ataques químicos. Botiquines veterinarios de la época así como diversos instrumentos quirúrgicos muestran lo que esperaba a las bestias heridas, a las que muy a menudo se les operaba sin ningún tipo de anestesia.

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Un miembro
de la caballería y su caballo utilizan máscaras antigases, en 1939.
Imperial War Museum /Para LA NACIN

Mientras el visitante se marea imaginando la nube de gas, los relinchos desesperados y la sofocada respiración tipo Darth Vader bajo las máscaras, topa con la estatua y las pinturas de Gallípoli Murphy.

Es una bonita aunque triste historia: en Gallípoli, donde las fuerzas de los anzacs (australianos y neozelandeses) sufrían una barbaridad para avanzar desde la playa bajo el inmisericorde fuego turco, el soldado Simpson se dedicó a recoger y transportar heridos ayudado por un burrito.

Lo hacían sin reparar en peligros y el burro desarrolló un sexto sentido para prever la inminente llegada de los obuses.

La recurrente acción del samaritano y su Platero antípoda, que parecían entenderse a la perfección, enterneció a los rudos aussies, mas no así a los turcos, que, en cuanto pudieron, le pegaron un tiro a Simpson. No se sabe qué fue de Murphy, aunque parece que finalmente fue evacuado.

Heroínas. Entre las revelaciones de la exposición destaca el hecho de que los animales más premiados por su valor en las dos guerras mundiales han sido las palomas.

De las 500.000 utilizadas en la II Guerra Mundial, 20.000 murieron en acción; a 16.544 de ellas se las lanzó en paracaídas tras las líneas alemanas “y, capturadas o muertas por el enemigo, solo 1.842 volvieron”, se indica en la exhibición.

Se exhiben varias medallas al valor. El coraje de la paloma 2.709 es realmente impresionante: voló de noche y herida para llevar con su último aleteo un mensaje al cuartel general. Lo logró pero cayó muerta en el suelo al llegar, y hubo que retirárselo póstumamente de la patita fría.

Foto Flotante: 1555344
El delfín
K-Dog fue usado por el ejército estadounidense para buscar minas en el Golfo Árabe.
Reuters/Imperial War Museum /Para LA NACIN

En su libro Silent heroes (Héroes silenciosos, 1944), Evelyn Le Chêne explica el uso de palomas y perros en misiones clandestinas del SAS, el MI-6, el SOE y la OSS estadounidense.

Si las palomas son, paradójicamente, animales muy bélicos, un águila al menos ha destacado en la historia militar. Se trata de Old Abe , la mascota de la famosa 101ª división aerotransportada.

La historia de esta ave –en realidad, una serie de ejemplares que han ido sucediéndose– se inicia con un indio chippewa , Sky Chief, que la apresó y vendió a la compañía C del 8º Regimiento de Wisconsin.

La unidad, cuenta Le Chêne, la llevó al frente durante la guerra de secesión en una percha portada por un sargento. Estuvo en 36 batallas y fue herida dos veces, la última de ellas en la batalla de Corinto, donde los confederados pusieron precio a su captura.

Entre las celebridades, también sobresale Bobbie , el pequeño terrier sobreviviente de la terrible batalla de Maiwand, en la segunda guerra afgana.

Bobbie era la mascota del 66º regimiento de a pie y, cuando la unidad fue enviada para vengar la muerte del contingente británico asesinado en la Residencia de Kabul, marchó con sus camaradas humanos.

“Tenía un sentimiento innato del deber”, escribe Le Chêne. Cuando el enorme ejército de Ayun Khan arrasó al 66º en Maiwand, Bobbie permaneció hasta el final en la delgada línea roja –en su caso, peluda y color café con leche– y fue el único superviviente, aunque herido, entre los 11 últimos soldados de la unidad.

Foto Flotante: 1555352
Zak,
un león marino usado para detectar objetos sospechosos en el Golfo Pérsico, en el 2003.
Getty Images/IWM /Para LA NACIN

Cómo se salvó de los salvajes ghazis afganos es algo imposible de saber, quizá se hizo el muerto o lo confundieron con un gorro. El caso es que un día apareció cojeando en Kandahar.

De regreso a Inglaterra, la propia reina Victoria lo condecoró con una medalla. A Bobbie se le puede ver en la exposición, sobre una canastilla. Incluso disecado. Tanta batalla y fue a morir en un tonto accidente en Gosport (Hampshire). Hasta dicen que la reina lloró al enterarse.

Un can menos estirado es el pastor alemán Brian , que participó en el desembarco en Normandía.

Y una perra muy sufrida es Judy , una pointer que fue prisionera de guerra de los japoneses y se la condecoró por ello.

Hay que mencionar también a los perros aviadores, uno de los cuales, Mustard , un cocker spaniel, acabó la guerra con más de 500 horas de vuelo junto a su amo, piloto de la US Air Force.

Los gatos se han visto también implicados en las guerras. Si bien su papel se ha reducido usualmente a servir de mascotas, alguno ha tenido un rol importante, como el célebre Sebastopol Tom, hoy disecado.

Dicho felino vivió un terrible sitio durante la guerra de Crimea y consiguió evitar a los zuavos franceses, que cazaban gatos para practicar con la bayoneta.

Foto Flotante: 1555348
Un perro
de rescate es llevado sobre los restos del World Trade Center, en setiembre del 2001.
Time Life/Getty Images/IWM /Para LA NACIN

Dejado atrás por sus amos rusos, el animal fue hallado en un sótano por el capitán William Gair, del 6º de Dragones de la Guardia, que, siguiendo luego a su nuevo amigo felino, fue a dar con un imponente almacén de víveres oculto, para alborozo de las famélicas tropas británicas.

Es difícil saber si Tom condujo al enemigo hasta el almacén por cariño o por conseguir unas sardinas para él, pero fue considerado un héroe. En gratitud, lo llevaron a Inglaterra y acabó sus días recibiendo reverencias.

Otros gatos imprescindibles de mencionar son Simon , la mascota del destructor HMS Amethyst, que vivió la emocionante aventura real en la que se inspiró el filme El Yang-Tsé en llamas –resultó herido en el ataque al navío durante la guerra civil china–, y el gato del acorazado Bismarck, Oskar .

Este, cuya historia se cuenta en la exposición, junto a un cuadro en el que aparece con cara estupefacta, fue rescatado del agua tras el hundimiento del gigantesco navío nazi e izado a bordo del HMS Cossack, que a su vez fue torpedeado poco después.

Salvado de nuevo de las aguas, Oskar fue a parar al portaaviones Ark Royal … hundido luego por otro submarino. Vuelto a rescatar –siete vidas, ya se sabe–, el gato del Bismarck acabó sus días en la Casa del Marino de Belfast, donde pocos veteranos tendrían tantas anécdotas que contar…

No hay que olvidar a los gatos submarinistas: Adelbert era miembro de la tripulación de un U-Boot nazi. Un destructor británico hundió al sumergible; el gato fue rescatado y, según sus nuevos dueños, “rápidamente se volvió inglés en apariencia y mentalidad”.

Foto Flotante: 1555347
Su heroica
labor en Iraq le valió al perro Buster una medalla del ejército británico, en el 2003.
Crown/IWM /Para LA NACIN

Otros animales que recuerda la exhibición son Winnie , el oso de la 2ª Brigada canadiense que fue dejado en el zoológico de Londres tras la I Guerra Mundial y sirvió de inspiración para la creación del simpático Winnie the Pooh ; los guepardos de la Fuerza Aérea surafricana; y Bamse, el San Bernardo mascota de la Real Marina noruega que durante la II Guerra Mundial se especializó en rescatar de los bares a los marinos ebrios y llevarlos al barco.

Muchos animales han sido carne de cañón en las guerras, pero otros tantos se han dedicado a salvar vidas: los perros de la Cruz Roja y los canes especialistas en rescatar a víctimas de bombardeos, como Irma , que localizó en Londres a 21 personas atrapadas entre las ruinas y ¡a un gato!

De todas estas historias, acabamos con la de Rob , el laborioso collie de granja reclutado por los servicios secretos británicos que, tras participar en decenas de operaciones peligrosas y saltar más de 20 veces en paracaídas, regresó a su tranquila vida en el campo, donde cuidaba ovejas y adoraba a los niños.

Cuando murió, el Ejército ofreció una tumba en su ilustre cementerio de mascotas. Pero su dueño, valorando más al pastor que al soldado, prefirió enterrarlo en casa.





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