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Columnas
¡Se acabó la calle, chico! Obstruíos los unos a los otros, parece ser el mandato.
Rodolfo Arias Formoso rodarias@ice.co.crSoy de Guadalupe pero las vueltas de la vida me hicieron curridabatense. Un día iba para la casa, y al pasar por donde muere la pista de Cartago vi venir un carro que no parecía con ganas de frenar. Segundos después los temores se confirmaron: el vehículo siguió de frente y se estrelló contra un murete.
Atestiguaba muchas horas de carretera: polvoriento y recalentado, con motetes en el techo. Del radiador apachurrado surgía una columna de vapor, y de la cabina el rostro desencajado de un mulato.
¡Chico, se acabó la calle!, soltó con acento panameño. Adentro lloraban niños.
¡Bienvenido a Costa Rica!, estuve por contestarle, pero el sarcasmo debe tener límites. Me acordé como, años atrás, un camión cisterna que bajaba desde RECOPE se quedó sin frenos, yendo a estrellarse en ese mismo lugar. Explotó y mató a su conductor.
Desde que la pista fue construida, hará treinta o cuarenta años, los de Curri sufrimos presas perpetuas. El tránsito de la principal vía del país debe pasar por el estrecho cuadrante pueblerino.
¿Por qué la pista se acabó ahí? ¿Por qué no siguió, tal cual estaba previsto, hasta la O griega?
Bueno… mi respuesta es que porque al país, como un todo, se le acabó la calle. El ejemplo de esa pista se replica una y cien veces en nuestra sociedad. ¿Por qué los trámites se realizan en el Hospital México con la peor ineficiencia? Porque al sistema de expedientes de esa institución se le acabó la calle. ¿Por qué el ICE, con todo y sus éxitos, no funciona a plena capacidad? Porque a la normativa de las instituciones autónomas se le acabó la calle. ¿Por qué hubo que meter dos expresidentes al bote? Porque a la mancuerna bipartidista se le acabó la calle. ¿Por qué la Sala Cuarta debe intervenir en todo? Porque a los mecanismos originales de regulación interna del estado se les acabó la calle.
Siento que ahí toqué un clavo importante: regulación natural. Balance entre confianza y control. Entre fe y temor. Eso se nos perdió. Fuimos amontonando leyes e instituciones, unas encima de otras, unas contra otras.
Obstruíos los unos a los otros, parece ser ahora el mandato.
Cierro con la metáfora del inicio: no hay cosa peor, para los de Curri, que cuando los oficiales de tránsito hacen “operativo” en el cruce que menciono. Si ellos no llegan, de alguna manera vamos pasando, hacia La Colina, Los Moteles o Zapote. Pero cuando aparecen, las colas se triplican. Esos días me aclaran un poco las cosas: no solo se nos acabó la calle, encima tenemos un terrible operativo profundizando el atasco.
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