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El dolor es una sensación que experimentan los bebés incluso antes de nacer. ¿Cómo medirlo? Archivo / LA NACIN |
Avance médico
¿Cómo saber cuánto sufren los bebés? Un sistema de reconocimiento facial permite saber el grado de dolor que sufren los recién nacidos. El invento podría ser clave en la atención a bebés.
Pablo Mediavilla pmediavilla@nacion.comLa cara de los bebés es un jeroglífico debido al reducido número de gestos que puede reproducir. Los médicos usan varios métodos para interpretar la expresión facial de los recién nacidos, pero todos ellos con una fuerte carga subjetiva.
La investigadora norteamericana de la Universidad de Misouri, Sheryl Brahnam, ha desarrollado un programa informático para “traducir” los gestos de los bebés y conocer el grado de dolor que experimentan. El proyecto, llamado “Clasificación de expresiones de dolor”, se nutre de una base de datos con 204 fotografías de 26 bebés. En 60 de esas tomas, los niños han sido pinchados en el talón para extraer sangre, prueba rutinaria en los hospitales y consultorios, y reconocido como doloroso. En el resto de imágenes, los recién nacidos muestran caras similares aunque los estímulos sean bien diferentes, por ejemplo, un soplo en la cara.
El avance, probado con éxito en el 90% de los ensayos, podría ser decisivo en la atención a bebés que se encuentran en peligro, asegura Brahnam en un artículo publicado por el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT). También serviría para mejorar algunas prácticas médicas empleadas hasta la fecha como no anestesiar a los recién nacidos sobre la base de que su sistema neurológico no está plenamente desarrollado. Ahora se sabe que incluso antes de nacer, a partir de la semana 24 de embarazo, los fetos pueden sentir dolor.
Un estudio del Centro Nacional francés de Recursos de Lucha contra el Dolor, publicado precisamente esta semana, revela que los bebés expresan un promedio de 70 gestos dolorosos durante las atenciones médicas, aunque un 60% de ellos son bajo sedantes o analgésicos.
Brahnam reconoce que aún queda un largo camino para que este sistema, capaz de descifrar el misterio de la cara de los infantes, funcione en los hospitales.
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