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Columnas
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| Manuel Canales/LA NACIN |
Hombres desesperados La chica se sentó en la cama para decirle: “¿Y? ¿Eso fue todo?”
anyperez@racsa.co.cr–”Mami, la chiquita que me gusta en el kínder dice que soy orejón y dientón”.
–“¡Ah chiquilla más idiota! No hagás caso, mi vidita. Ya verás cómo la pondrás a tus pies cuando tengás 15!
¡Wrrrnnng! Respuesta errónea. Por él, por todas las “ellas” que conocerá y por un mundo mejor, tendríamos que hacer de tripas corazón, y decirle a nuestro angelito algo así como: “Mi cielo. Tené paciencia, poco a poco se te emparejarán las orejas y los dientes con el resto de la carita. Quizá después, fulanita te encontrará guapetón pero si no es así, no importa. Habrá otra que note, además, lo lindo que sos por dentro”.
Ya más grandecitos, el papá divorciado también debería ayudar en la tarea de la crianza integral y, en vez de inventar mentiras de playboy, debería confesar de la vez que salió con una chica 15 años menor y le desplegó la creatividad con la que se sentía más potente. Dispuesto a dormirse, puso su cara de mayor satisfacción y la chica se sentó en la cama para decirle: “¿Y? ¿Eso fue todo?”
Estos milenios convirtieron a la mayoría de mujeres en seres capaces e incluso dispuestos a cederlo todo. Saquemos lo bueno del mal y reconozcamos que, por eso, un “no”, puede que nos asuste y nos duela, pero nunca nos aniquila.
Nuestros consentidos congéneres, en cambio, son casi incapaces de aceptar los “no”. Es cierto, sus papás les dijeron que cuando las mujeres decíamos “no” o “tal vez”, debían interpretar un sí.
¿Cómo creer que alguien podría decirles “no” si mamita siempre dijo que eran la divina torta envuelta en huevo?
Pero un “no” femenino es un “no” y punto. Si las mujeres no lo practicamos con honestidad y si no se los enseñamos a chicos y grandes, seguirán transformando el berrinche infantil por poseer un carrito, en los ya 30 asesinatos de mujeres ticas en lo que va del año, en los miles en Ciudad Juárez o en los cientos por acoso sexual, por poseer a la mujer que los rechazó.
La historia y el sentido común comprueban las tontas cabezonadas, los errores, torpezas y bajezas de muchos hombres comunes y “públicos” ante un “no” de cualquier clase. La estupidez de los primeros causa tragedias grupales, la de los segundos hunde en tragedia a un país. En pocos casos, la tozudez contra el “no” ha producido un benéfico descubrimiento científico y, por escasos, están bien documentados en las revistas científicas.
La obsesión masculina por pretender tener siempre el derecho y la razón de su lado, mantienen en estado de peligro letal a las naciones, a las familias, a la ecología, a los tratados políticos y comerciales y a las luchas sociales.
La pérdida del control total que antes les otorgaba la sociedad en la cama, el trabajo y la nación les causa terror. Estos hombres desesperados se pelean entre ellos pero se desquitan con sus mujeres y niños. Eso, en lenguaje de mi barrio se llamaba ser “chuchingas” y deberíamos recordárselo todo el tiempo.
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