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Reportajes
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Hot dogs pasaron de delicatessen a ser una comida en extremo casual. Archivo/LA NACIN |
‘Delicatessen’, pieles y plantas eléctricas El lujo en la venta. La emergente sociedad acomodada de la década de los 40, se antojaba en las páginas del diario. Desde productos que se han hecho de consumo más bien común y generalizado, hasta otros que aún rayan en lo exótico, eran anunciados como totales ambrosías
Yuri L. Jiménez yjimenez@nacion.comLos anunciantes no tardaron en descubrir en La Nación una vitrina ideal para promocionar sus productos. Así, quedó en evidencia que ya en 1946 había al menos un establecimiento que ofrecía sus finos productos por medio de un moderno servicio express. Su nombre lo decía todo: Delicatessen Store, y entre sus selectos productos ofrecía jamón cocido, hot dogs y queso de puerco. “Servicio rápido a domicilio”, con solo llamar al 3545.
Y es que el buen gusto parecía imperar, al menos en cierta clase social. Sería por eso que el almacén Luis Ollé promocionaba que había recibido “chorizos candelarios, jamones crudos –estilo serrano–, cacao en polvo y champagne francés legítimo.
Ni se diga de los lujos en el vestir (los cuales hoy causarían un alboroto en las organizaciones que velan por los animales). Tienda La competencia ofrecía “Pieles finísimas a mitad de precio” y su anuncio era ilustrado con un par de zorros corriendo.
Y sí, ya desde entonces muchos comerciantes adelantaban la Navidad en pos de aumentar sus ganancias. Así, Foto Sport publicó una página completa con una inicitativa para que sus clientes encargaran con antelación las tarjetas que repartirían a sus parientes y amigos.
En tiempos en que la electrificación era casi un lujo, los finqueros eran tentados a tener “la última novedad” y a “modernizar su finca” comprando una planta eléctrica en Onan & Co.
Impensable concebir que, seis décadas después, el cabello lacio iba a despertar furor en las damas y, de paso, una industria millonaria en productos especializados en alaciar hasta el colocho más rebelde. No. En aquella época lo que anunciaban los salones de belleza top de la capital era justamente lo contrario: “Rizado permanente a su gusto”. Era el que las damas de sociedad lucían en sus reuniones, en donde los anuncios dan cuenta de sus actividades: jugar bridge y tomar el té.
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