San José, Costa Rica. Domingo 15 de octubre, 2006.
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Tragedia del Virilla 1926

Reportajes

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Varios
retratos de la madrina se publicaron junto con extensos artículos que hablaban de sus virtudes.
Archivo/LA NACIN

Virtuosa madrina

Inolvidable. Para Giselle Michaud, 1946 fue un año de recepciones, pretendientes y chaperones. Seis décadas después de haber sido la primera madrina de La Nación cuenta cómo llegó a ocupar el dichoso puesto

Andrea Vásquez R. avasquez@nacion.com

La Asociación de Prensa de Costa Rica organizó en 1946 un concurso para elegir a la “Madrina de los periodistas”. Ese año, por primera vez, cada periódico postuló a una candidata.

La Nación propuso a la “exquisitamente dulce” Giselle Michaud Mora, de 17 años, quien accedió a “dar bautismo con su sonrisa a este periódico”.

El abuelo de Michaud, Ricardo Mora, era amigo del entonces director de La Nación, Sergio Carballo, quien le solicitó que permitiera a su nieta ser la madrina del diario.

Hoy, 60 años después, Proa contactó a la ahora septenaria madrina, quien recuerda –con lucidez plausible– esta experiencia que transcurrió entre chaperones y el ceño fruncido de su padre, quien no estaba convencido de que la imagen de una señorita “bien” apareciera en la portada de un periódico.

“A papá no le gustaba nada que yo anduviera de reinado en reinado. Es que eran otros tiempos... Imagínese que a las muchachas que andaban solas con el novio, les quitábamos el saludo”, recuerda, ya fogueada en las nuevas costumbres, gracias a sus nietos.

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repartía
su tiempo entre su trabajo en Taca, la lectura, los paseos con su hermano y los deportes.
Archivo/LA NACIN

En una ocasión, incluso, al salir en la sección de Sociales con motivo de su cumpleaños, Giselle tuvo que soportar el regaño de sor Carmela, directora del María Auxiliadora, que aducía que una “señorita no debía salir en el periódico”, con el preocupante antecedente de que ya había expulsado a una compañera que había aparecido en el diario, en traje de baño, cuando paseaba en Ojo de Agua.

Durante su madrinazgo, sus amigos bromeaban de que un simple resfrío o cualquiera de sus paseos se convertían en noticia del diario. Así, un reportaje de la época cuenta que la madrina poseía una “admirable habilidad para repartir su tiempo” pues, además de su trabajo se ocupaba de labores “femeninas”, como “tejer con mano primorosa” y practicar el tenis.

Quien escribió el artículo se lamenta de que entre “los inventos modernos no haya uno capaz de traer al periódico la dulzura de la voz” para que los lectores pudieran disfrutar de la de Giselle, en la que “Dios emulsionó temblor de cristales, ritmo de cascadas sutiles, rumor de arroyuelos serpentinos y miles de trinos”.

Tal vez esa voz excepcional ayudó a que Michaud viviera su soltería rodeada de pretendientes. ¡Eso sí, a los novios, ni la mano! Lo único que se les daba era la banca del zaguán, las miradas de los vigilantes de turno y los bostezos del abuelo al dar las nueve.

Giselle Michaud vive actualmente en San Rafael de Escazú con una hija (tuvo tres hijos) de su matrimonio con Albert E. Williams (qdDg) .





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