San José, Costa Rica. Domingo 15 de octubre, 2006.
Inicio
Variedad
Reportajes
Columnas
Moda
Buena vida
Salud
Niños
Anteriores

Galerías de fotos:

Tragedia del Virilla 1926

Reportajes

Foto Principal: 1384421
Jorge
Luis Montoya tiene 53 años de vender periódicos en Heredia. El oficio lo heredó de su padre.
Francisco Angulo/ paraLA NACIN

Esas voces madrugadoras

Ellos están en pie mucho antes que la mayoría de personas, y desde la madrugada saben qué nuevas trae el periódico. Se trata de esos hombres y mujeres que venden el diario al pregón. Algunos de ellos cuentan hoy los detalles de este singular oficio

Ivannia Varela Q. ivarela@nacion.com

Todos los días, en la esquina norte del almacén Carrión, en la Avenida Central, don Julio Rodríguez Román acomoda su carretillo desde buena mañana. Está ahí a las 4:40 en punto de la madrugada, para comenzar a ofrecer La Nación y los otros diarios.

Tiene 24 años de hacer exactamente lo mismo. Sin embargo, su oficio no lo hastía. Aunque llega rendido a su casa, después de una larga jornada de trabajo que concluye alrededor de las 9 de la noche, él se siente satisfecho. No solo por haberse ganado el sustento con el sudor de su frente, sino porque una vez más, comprueba que hay cosas que el dinero no paga. Entre ellas, la dicha de conocer cada día a gente tan distinta.

“Mire, uno se hace de muchos amigos vendiendo el periódico. Las personas le toman confianza, le cuentan a uno sus cosas y, si falto un día, al otro me preguntan qué me pasó”, dice don Julio con orgullo.

Y es que en esa esquina él pasa la mayor parte de su tiempo y es todo un personaje. “Ahí a las 12 medio día abro el termo para almorzar y a las 3 de la tarde me tomo mi cafecito. Si llueve, jalo el carretillo y me protejo debajo de un gran techo de la tienda Carrión”, relata entre risas.

Como él, don Roberto Calderón Hernández también tiene mucho qué contar de sus vivencias como pregonero. Desde hace casi tres décadas, vende La Nación en la esquina del Instituto Nacional de Seguros (INS) y, como es de esperarse, las noticias relacionadas con esta entidad, le disparan las ventas.

“Hace poco, cuando decían que iban a despedir a mucha gente en el INS, casi quedo afónico de gritar: ‘¡Los van a echar a todos!’ Y la gente se me acercaba y me decía: ‘Si nos echan, usted también tiene que irse de aquí’. Pero igual, se llevaban el periódico para ver qué era la cosa”, rememora con humor este vecino de Calle Blancos.

Durante todos estos años, este hombre ha sido testigo de cómo La Nación se ha ido consolidando. “Uno se siente apoyado por esta empresa, y además tiene la certeza de que está ofreciendo un buen producto. Cuando le cambiaron el formato, me costó un poquito que la gente se acostumbrara, pero ya eso pasó”, comenta con entusiasmo.

En Heredia, don Jorge Luis Montoya también destaca como pregonero estrella. Tiene nada menos que 53 años de vender y repartir periódicos en el centro de esa provincia y fue su padre quien le heredó el oficio cuando era apenas un adolescente.

Al principio vendió publicaciones como El Nacional, el Diario de Costa Rica, La Última Noticia, La Hora y Excélsior, pero ahora su repertorio es aún más variado. Entre sus productos, están todas las publicaciones del grupo Nación y otros matutinos nacionales.

Las anécdotas que ha acumulado durante tantos años son incontables. Sin embargo, revive con claridad el día en que un hombre llegó a comprarle el periódico muy de mañana y, tras recibir el vuelto, se desplomó en el piso. Un guarda que estaba por ahí cerca le ayudó a llamar a la Cruz Roja, pero, por más que intentaron socorrerlo, el señor había fallecido.

Foto Flotante: 1384361
Don Roberto
Calderón es todo un personaje, muy cerca del INS.
Francisco Rodríguez/LA NACIN

También recuerda la última vez en que el Club Sport Herediano quedó de campeón nacional, pues ese día, en medio del jolgorio, le robaron ¢80.000 de la venta de periódicos de varios días. “¡Que triste fue aquella experiencia!”, recuerda don Jorge, padre de nueve hijos.

“Lo mío es seguir vendiendo periódicos en Heredia hasta que Dios quiera”, dice convencido.

Igual piensa don Édgar José González Rizo. En un puesto al costado norte de la Caja Costarricense del Seguro Social (CCSS), este hombre moreno trabaja de lunes a domingo en la venta de periódicos.

“Hace mucho reparaba zapatos, pero qué va, eso no me permitía mantener a mi familia. Ahora hasta pude comprarme una casita”, asegura satisfecho.





| Arriba |