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Antes íbamos a peluquearnos, ahora pedimos cita con el estilista. El cambio se refleja también en el ambiente del sitio. Archivo /LA NACIN |
Se decía... se dice Palabras extintas. Sin importar la dirección hacia donde se mire, es fácil hallar ejemplos de cuánto ha cambiado la jerga cotidiana de los ticos en estos 60 años.Ya no se habla igual ni al trabajar, ni al comer, ni al salir de vacaciones, ni al andar con la novia...
Fernando Durán A. fduran@nacion.comPudo ser el 12 de octubre, pero tal vez fue el 13 ó el 14. Mi padre me había llevado a la barbería y, mientras lo peluqueaban a él, me entretuve hojeando un par de revistas antiguas. Entró un joven que, dirigiéndose al peluquero, le dijo que ese era “el nuevo” y tiró sobre la mesa de las revistas un ejemplar –el primero que yo veía– de un diario de dimensiones poco corrientes, titulado La Nación. Mis padres eran de oposición al gobierno de Teodoro Picado y, por lo tanto, a veces compraban el Diario de Costa Rica, mientras que en las casas de otros parientes se leía La Tribuna, el periódico gobiernista. Unos vecinos protestantes recibían el vespertino La Prensa Libre, y por lo menos en una casa conocida se leía otro diario de la tarde, cuyo nombre era La Hora o La Última Hora.
Han pasado 60 años y francamente no recuerdo lo que alcancé a deletrear en la primera página del entonces nuevo diario, pero me atrevería a apostar que en las páginas interiores venían la tira cómica de “Pepita” y su esposo, Lorenzo Parachoques, y otra que se titulaba “Educando a Papá”. De aquellas publicaciones hoy solo sobreviven La Nación y la Prensa Libre y hace mucho que desaparecieron “Pepita” y “Educando a Papá”, del mismo modo en que han ido desapareciendo muchas de las palabras y los dichos que usábamos entonces los ticos.
Ya hemos visto que nos peluqueaban y, aunque la leche se vendía en tarros, la comprábamos por botellas, y es cierto que tiempo después venía en botellas y la comprábamos por litros, para que hoy la sigamos comprando por litros y venga en tetrabriques. Íbamos a la escuela a pie y cargando un bulto, no como ahora, en bus y llevando a la espalda una mochila o un salveque.
En vez de meternos desnudos bajo la ducha nos metíamos chingos debajo de la aspersión y, en lugar de vestirnos, como ahora, después del baño nos mudábamos o, si la ocasión era festiva, nos catrineábamos.
‘Chonchis’ y ‘chuchingas’. Si se armaba un pereque en el recreo, a cierto tipo de golpe que ahora llaman cosco lo llamábamos chonchi. Güila significaba “niño” y no novia lanzada, al que hoy se le llama agresor de las mujeres era un chuchinga, y el que se jalaba una torta y trataba de disimularlo era un pedosqueditos. Si de camino a la escuela nos encontrábamos con un judío que cargaba una valija, creíamos ver en él a un polaco, y a nuestro compañerito árabe lo llamábamos turco. Al maquinista de la norden (Northern Railways) le decíamos macho y no gringo, y al guarda nocturno de la estación del tren se le conocía como guachimán. La Guácima tenía fama, no por el autódromo sino por el hecho de que ahí moría más gente a punta de chafirrazos (machetazos) que por causa del sarampión. A los funcionarios corruptos, que por entonces parecían no abundar tanto como ahora, se les enjabonaba la mano, no recibían mordidas, y aunque en la cabecera de provincia se llamaba gobernador, en los demás cantones el que ahora es alcalde y se pasa todo el tiempo haciendo pasarela era simplemente el jefe político.
Tenerse las quijadas, hoy es hacer feo, y feo o fea es, ahora, weizo. A la casa se le decía choza, pero hoy se le dice chante. Entonces se jamaba, hoy se moncha.
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| Archivo/LA NACIN |
Los carros (no autos) tenían rueda y no volante, y los chóferes metían el embrague y no el cloch. La esposa joven y guapa del pulpero era un pilón o un pollazo y no tremendo hembrón.
El estudiante exitoso era muy empunchao y no se le llamaba verde ni nerdo. En algunas casas ricas había pila y no piscina, se descansaba en una poltrona, no en una mecedora, las señoras salían a la calle con mantilla o con chalina y no sé desde cuándo eso se convirtió en usar pashmina.
No había que ser dueño de una frutería para que a uno le majaran los jocotes (dedos del pie) y un fresco de piña se tomaba, no en una soda, sino en una refresquería.
En la casa había pila de los trastes y no fregadero, y para hacer ejercicio no se mejengueaba, se jugaba bola. Se les daba cuerda a los relojes y a las muchachas, pero hoy, si se quiere que caminen los primeros, se les compran baterías y, si las segundas, se les cae mula.
No tener dinero era estar tieso, o estar parado en la valija y a lo que entonces llamábamos manjarete ahora lo apodan mus ( mousselo escribe el menú de muchos restaurantes). Una muchacha de ojos grandes era una piña mal pelada y los carebarros de entonces ahora casi siempre se llaman políticos. La gente se acatarraba, no se engripaba. Cuando a una señora le daba un calambre, la sobaban, no la masajeaban.
A los solteros y las solteras de más de treinta años de edad los había dejado el tren y un maje (hoy mae) de trato grosero era un concho.
Nos levantábamos a tomar café, no a desayunar, el que se sentía mal iba al dispensario y no a la clínica, el minisúper de ahora era la pulpería o el comisariato, y las melcochas danzantes de entonces se llaman hoy barra libre.
Había cementerios, pero se llamaban panteones, se asistía a un entierro, no a un funeral, el muerto iba en la caja o en el ataúd, no en el féretro, se enviaba una corona o un ramo, no un tributo, y quienes tenían plata, los pipis de hoy, publicaban una esquela, no un obituario. Íbamos a una retreta, no a un concierto. Nos retratábamos cuando nos sacaban una foto. Íbamos e ver películas en el teatro, no en el cine. Había payasos, no mascaradas. Los mayores usaban vestido entero, no traje.
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Se viajaba en cazadoras o camiones; no en buses, microbuses, chivitas ni Pulmitan. Archivo /LA NACIN |
‘Comidos de caballo’. Existía el pisuicas y ahora no existe ni el diablo. El chuzo se usaba para aguijonear a los bueyes, no para lanzarlo a ciento veinte por hora y matar gente en la carretera.
Entonces se podía estar comido de caballo, pero ahora hay que estar bijainditrí. Nos untaban el pan con miel de palo y nadie endulzaba el té con miel de abeja. Quien tenía prisa salía como semill’e guaba, no se abría.
Contraíamos yuyos, no infecciones micóticas, nos daba sarna y no alergia, las cosas caras costaban un bigote y los reos no eran, todavía, privados de libertad. En las campañas políticas ya se engañaba a la gente, pero se pegaban vivas y no paneles publicitarios.
Los jóvenes se copaban, no se apretaban. Cuando hacía frío, al salir era peligroso irse en cuerpo y por eso valía mejor ponerse la leva (no el saco ni el suéter). El que se metía en todo era un cucharilla y, si por algo que decíamos nos arrugaban el ceño, nos volvíamos descarados y decíamos: “no arrugue que aquí nadie aplancha”.
Lo que ahora es un bar entonces era cantina o taquilla. Las señoras de aquel tiempo usaban tallador, muchas de las de ahora no usan brasier. Los bloomers o calzones de la época son ahora tangas, hilosdentales, o nada.
Un caramelo ensartado en un palito de madera se llamaba popi y, por lo que sabemos, ahora el palito es plástico y al conjunto se le llama chupa-chupa. Las mujeres se pintaban, hoy se maquillan, usaban colorete y hoy se embadurnan con rubor, se hacían bucles y hoy se hacen la plancha, y rayos o jailais. Para las uñas usaban cútex y 60 años después usan esmalte.
Viajábamos en cazadoras, camiones y magirus; hoy lo hacemos en buses, microbuses, chivas, chivitas y púlmanes.
El piso se limpiaba con un gancho, hoy con un trapeador. No se estilaba el minicomponente, pues para entonces apenas asomaba la consola y lo más conocido en ese campo era la victrola. No se excursionaba a la playa: simplemente se iba al mar. Se usaban alhajas, no joyas. Las medicinas se compraban en la botica, no en la farmacia. Para hacer ropa se compraba género, no tela.
Para burlarse de los policías del gobierno, los oposicionistas los llamaban buitres o pacos; los parlantes se llamaban bafles, el atomizador de insecticidas se llamaba bomba de flit, no atomizador. Se pelaban las guayabas, no los ojos, y se iba al excusado o al interior, no al waterclóset ni al tualet. Y al igual que en la política, en la vida diaria se daba del cuerpo, no se c…
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