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En toda ocasión, como en esta fiesta de disfraces, los peinados con mucho volumen daban el toque final al atuendo. Archivo /LA NACIN |
Moda de ayer y hoy Hace 60 años, la moda dio un giro radical. Después del desánimo que provocó la II Guerra Mundial, retratado en los atuendos sobrios y “apagados”, la nueva época dio la bienvenida a una sofisticada voluptuosidad que encantó a hombres y mujeres
Andrea Vásquez R. avasquez@nacion.comAl principio de la década de los 40, la crisis económica mundial obligó a la población a reducir su guardarropa y a apostar por prendas de alta calidad cuyo uso se pudiera prolongar por largos períodos. El estado anímico se reflejaba en la ropa: prendas serias, comedidas y hasta tristes que, sin embargo, no escatimaban respecto a sus impecables cortes y materiales.
Fue a finales de esa década, cuando Christian Dior creó The New Look, cuyo paradigma era el resaltar la figura femenina, hasta ese momento enterrada en atuendos rectos y masculinos.
Al filo de los 40, resurgió el humor en el vestir con la incorporación de textiles cargados de pedrería y ostentación.
Los zapatos tomaron protagonismo y también se hicieron más vistosos y extrovertidos.
Una pequeñísima cintura y un busto recargado fue la figura emblemática de la época.
Los corsés, por ejemplo, se convirtieron en una prenda imprescindible que hicieron del cuerpo femenino una silueta “amarrada”, según explicó María Eugenia Varela, profesora de historia del vestido, en la Universidad Creativa.
El modelo de femineidad era una mujer madura y espigada pero, a la vez, voluptuosa.
Los guantes, el terciopelo y las telas plisadas fueron elementos primordiales que se complementaban con accesorios más sobrios como lo eran los collares de perlas.
Todavía no era masiva la incorporación de la mujer al campo de trabajo y la ropa era un testimonio de ello: la comodidad no era una de sus cualidades. De hecho, el New Look de Dior era todo, menos funcional.
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1. Para asistir a la iglesia, aunque fuera a una boda, las mujeres usaban velo (arriba). 2. Estas muchachas iban de viaje en avión. Archivo /LA NACIN |
La percepción de los roles masculinos y femeninos se veían reflejados en el vestuario, donde la masculinidad estaba vinculada a la severidad y a la mesura.
Desde el siglo XIX, el vestuario de los hombres no ha sufrido cambios abruptos y unas de las pocas innovaciones ha sido respecto a los colores y materiales. “El guardarropa masculino ha sido menos imaginativo, y sus cambios, mucho más lentos”, expuso Varela.
Lo que sí ha cambiado es el protocolo para vestir según la ocasión.
Varela cuenta que los hombres veían a la camisa “casi como ropa interior”, y que en las décadas de 1940 y 1950 era absolutamente inapropiado andar sin chaqueta. La camisa se lucía solamente en ambientes de mucha intimidad, como el propio hogar.
En el caso de las mujeres, al contrario, estas tenían la “licencia” de ser más divertidas y despreocupadas.
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Un concurso de belleza en los 50. Fue la locura de los vestidos strapless y los hombros descubiertos. Archivo/LA NACIN |
Algunos elementos han sobrevivido el paso del tiempo; otros, han sido estacionales y justo ahora, están de vuelta. Por ejemplo, el retorno de la tendencia de que los pantalones y enaguas ajusten en la cintura (y no en las caderas), la ropa que delinea los atributos femeninos y ese aire erótico en el vestir.
Se fue y volvió. Los vestidos, la pieza por excelencia de los 50 (el de coctel fue, inclusive, una invención de la época), han retornado a nuestros armarios después de un largo destierro. Igualmente, los pantalones –cuyo uso se hizo extensivo debido a las obreras fabriles en esas décadas–, son una prenda obligatoria en el clóset de la mujer contemporánea. Otro sobreviviente es el short, creado a principios de los 50, un favorito veraniego consolidado.
De igual manera, las prendas strapless –que conocieron el clímax entre los 40 y los 50– emigraron en la actualidad de los vestidos de gala a todo tipo de atuen-dos, incluyendo los casuales.
La moda era un tema del que se hablaba en ciertos círculos sociales costarricenses. Incluso en este diario se publicaba una columna con consejos para seguir las tendencias mundiales.
En octubre de 1946, esta columna hizo referencia a los nuevos textiles sintéticos: “El primer producto que sorprendió al mundo femenino fueron las medias de nylon, que son el sueño y la dicha de las mujeres (...) En estos días el keroseal es el material preferido para capas de invierno al que se le dan los más caprichosos colores”.
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Lena horne, emblema de la época, muestra un atuendo típico del New Look de Dior: estampado, con pliegues y que exalta las curvas. Archivo/LA NACIN |
Las expertas recomendaban para estar a la moda, bordar un pañuelo con lentejuelas “como se hace en Buenos Aires” y prometían que con ello se daría “el golpe el próximo domingo”.
Otro consejo para “causar furor” era el usar “caperucitas” de terciopelo a la salida del teatro.
En la mitad del siglo pasado, el pudor tenía sus límites bien definidos.
Lo usual era que los vestidos llegaran a media pantorrilla, que se destacara el busto –pero que nunca se enseñara– junto con los hombros, y que los vestidos de baño fueran, además de enteros, nada reveladores.
Algunos de los diseñadores más representativos de la época fueron Christian Dior, Coco Chanel y Jacques Fath.
Los rostros emblemáticos de estas décadas que importaron, por medio del cine y las revistas, la moda al sector adinerado de nuestro país, fueron las inolvidables Bette Davis, Joan Crawford, Katharine Hepburn, Ava Gardner y Lena Horne, quienes marcaron una época con su belleza, talento y fuerza.
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Consejos
En boga. En La Nación aparecía regularmente una sección dedicada a la moda. Transcribimos a continuación parte de los consejos que se daban en ella. “Vamos hoy con las bellas. Y también con las modas. Que para los hombres las modas son, como ese afeminamiento tan poco macho de andar peinándose en las calles y en el escritorio.Viajes y deportes: Predomina la chaqueta ajustada pero la falda extensa, que cubra mejor la parte superior de la pierna. Pocas veces las sayas (faldas) van cosidas con las blusas.Con estas prendas se presentan las miss en el golf o en el aeropuerto.Mangas anchas: Fueron del invierno europeo anterior, pero resucitan en este otoño. En San José las hemos visto mucho, abultadas hacia el hombro. Muchas señoritas no se han puesto al día en los abrigos en este aspecto, pues son víctimas de los clubes de vestidos, cuyos dueños son conservadores en la línea y, claro, economizadores de tela”.
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