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Reportajes
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Con grandes titulares se informó sobre el ahorcamiento de los 11 oficiales del Führer que fueron hallados culpables. Archivo/LA NACIN |
Los hechos que eran noticia Nostalgia viva. Las noticias que La Nación publicó durante su primer mes de existencia no dejan lugar a dudas: Costa Rica era un país mucho más tranquilo, y hechos que hoy son cosa de todos los días, eran motivo de escándalo
Yuri Lorena Jiménez yjimenez@nacion.comArrinconada en una pequeña columna de la página 14, aquel sábado 12 de octubre de 1946 La Nación publicó la primera nota de sucesos de su historia: “Cacos incursionaron en el establecimiento de doña Luisa Castillo”. Resulta que el viernes anterior, en horas de la madrugada, el negocio de la señora en cuestión había recibido a “unos visitantes sin invitación, quienes se llevaron algún dinero de un portamonedas y prendas personales”.
Ese fue el suceso más grave ocurrido en la capital aquel viernes. El otro hecho delictivo a que se dio cobertura tenía que ver con un “sujeto” o “vivo” que, al ser sorprendido vendiendo lotería extranjera a una señora en el Paso de la Vaca (San José) había lanzado “el cuerpo del delito en una acequia”. La tercera información trataba de un accidente de cacería ocurrido en Turrialba, cuando un joven apuntaba con su rifle a un pato que estaba en una laguna, con tan mala suerte que tropezó ,y el arma, al dispararse, lo hirió en el hombro.
Lo anterior es solo una pincelada para imaginar cómo era Tiquicia en la década de 1940. Al repasar las amarillentas páginas de las ediciones que circularon entre el 12 de octubre y el 12 de noviembre de 1946, se perciben diferencias abismales entre las noticias de entonces y las actuales.
No se trata solo del trasfondo, sino de la forma coloquial –a veces humorística, demasiado ceremoniosa y hasta cursi– en el estilo de la redacción. Esto también se notaba en los avisos comerciales o espacios publicitarios.
Otra diferencia abismal con respecto a la actualidad era la oferta deportiva existente, que equiparaba las notas de futbol con las de béisbol, atletismo, polo, carreras caninas, tenis y boxeo, entre otros.
El día de la edición inaugural, por ejemplo, una nota de tres párrafos anuncia los juegos estelares de la “primera categoría” para el próximo domingo: Heredia vs. Orión (a las 8:30 a. m.) y Alajuela vs. Gimnástica (10:30 a. m.). Junto a esta nota y utilizando un espacio idéntico, aparecen los detalles de una carrera canina que se realizaría ese domingo.
Lo que sí obtiene una cobertura muy amplia, igual en lunes que en viernes o sábado, son las notas de “Sociedad”, abundantes en detalles sobre cumpleaños de niños o quinceañeras, enlaces matrimoniales y viajes de placer o estudios que realizaban, en su mayoría, quienes pertenecían a la clase adinerada del país.
También era frecuente que se publicaran notas sociales en las que se exaltaba a determinada señora por considerarla “una matrona ejemplar”, sin que mediara coyuntura noticiosa alguna. Del mismo modo, se leían avisos en que se deseaba un pronto restablecimiento a alguien enfermo.
Farándula del mundo. Prácticamente no existían –al menos no de la forma en que se conocen ahora– las informaciones de farándula locales… ¡mucho menos los chismes!
Sin embargo, una extensa columna que se publicaba casi a diario daba cuenta de los cotilleos de los famosos a nivel mundial. Su título no podía ser más elocuente: “Hollywood rumora”. Era escrita para los medios más importantes del mundo nada menos que por Louella Parsons, la más viperina columnista de chismes del Hollywood clásico. Parsons llegó a tener tanto poder que una frase suya bastaba para destrozar la carrera de una actriz.
En cuanto a las noticias “abridoras” –es decir, las que destacaban en primera plana–, sin duda aquel primer mes fueron las informaciones de la posguerra (un año antes había terminado la II Guerra Mundial) las que tuvieron mayor relevancia.
Otras noticias claves a fueron los precios internacionales del café, las crónicas legislativas y el contundente triunfo de los republicanos en las elecciones de Estados Unidos.
Por demás, ya se avecinaba el conflicto que estallaría en el país dos años después con la guerra civil de 1948. De ello daban cuenta los ácidos enfrentamientos verbales entre las partes involucradas en conflicto.
Nazis ajusticiados. Apenas un año después de finalizada la II Guerra Mundial, era palpable el estupor que vivía el mundo tras enterarse, en toda su dimensión, de las atrocidades cometidas por Adolf Hitler y los suyos. Quizá por ello, los titulares más impactantes, destacados y con las letras de mayor tamaño y grosor durante todo aquel primer mes, fueron los que informaban del ahorcamiento de 11 altos oficiales del Führer, condenados a muerte por el Tribunal de Nurenberg ( sic). “Pagaron su deuda” informó La Nación el miércoles 16 de octubre, mientras las fotos de 10 de los 11 hombres ilustraban la primera plana.
Allí mismo, se leía otra nota que sorprendió al mundo: Hermann Goering se suicidó. Efectivamente, uno de los mariscales de Hitler había logrado esconder una cápsula de cianuro entre sus ropas y acabó con su vida dos horas antes de su ejecución.
Dos semanas después, el diario dedicó sus páginas centrales a los retratos de los cadáveres de estos hombres, fotografiados poco después de haber sido bajados de la horca, y que la mayoría de periódicos del mundo publicó por entonces como una muestra de que “se había hecho justicia por crímenes contra la humanidad”.
No todo cambió. En el terreno local, algunas situaciones no han cambiado: el 17 de octubre se publicó una nota sobre “la asquerosidad” de los alrededores del Mercado Central de Abastos (así se llamaba), donde abundan “los malos olores de alcantarillas y podredumbre de los residuos de desperdicios”.
Una noticia recurrente por aquellas semanas era el racionamiento de manteca, considerado un artículo de primera necesidad. Por tal razón, se recibieron 6.050 latas de manufactura norteamericana.
Los sucesos o notas policiales que se publicaban podían causar incluso hilaridad, si se comparan con los delitos de los que se informa actualmente. Ejemplo es el que se tituló “Robos de ropa húmeda”, y que daba cuenta de que dos merodeadores fueron sorprendidos en Barrio México cuando recogían, de los alambres del patio de una casa, ropa todavía húmeda.
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El boxeo tenía una amplia cobertura en las páginas del diario. Archivo/LA NACIN |
Hasta la forma en que la gente intentaba quitarse la vida parecía un poco ingenua, por llamarla de algún modo. Es el caso de una “tragedia” reseñada el 19 de octubre, donde se narra cómo “una estimable joven guadalupana trató de quitarse la vida ingiriendo una solución hecha a base de pastillas analgésicas; pero logró salvarse”.
Cientos de nicaragüenses habían empezado a asentarse en el país para esa época. La nota más destacada en la edición del 3 de noviembre presenta la cifra de 25.000 familias nicaragüenses viviendo en el país.
Ya entonces La Nación daba información sobre ciertos espectáculos de factura local bastante ambiciosos; por ejemplo, uno llamado Cien años se dan la mano, el el que “la culta experta” Olga Espinach realizaba un recorrido desde el traje de avispa de principios del siglo XIX hasta las modas del talle bajo de 1926. “La Rapsodia de Oro y Encaje hará revivir hoy en nuestro Coliseo los afanes por la elegancia femenina que llega hasta los albores de la generación del primer cuarto del siglo nuevo”.
Las jóvenes de sociedad eran, en su mayoría, quienes lucían los diversos atuendos. Se citan, por ejemplo, Hilda Chen Apuy, Mercedes Jiménez Ross, Guisselle Luján, Betty Keith y Aida Odio.
En medio de estos montajes de alto calibre que se sucedían de cuando en cuando, pululaban en todas las ediciones las informaciones de sociedad escritas en un estilo similar al que sigue: “Próximamente dejarán esta ciudad, en viaje a los Estados Unidos, la distinguida señora doña Lelia Alvarado de Terán, cultísima dama muy apreciada en nuestros mejores círculos sociales, y su encantadora hija, la señorita Haydée Terán, talentosa estudiante y gala por su belleza y sus virtudes en medio de la sociedad josefina. La señora de Terán va a dejar a su hijita a un colegio de Long Island, en Nueva York, donde terminará los estudios brillantemente iniciados en el país”.
Y, a la par de las notas criollas, estaba la pluma de Louella Parsons con las últimas andanzas de la crema y nata de los famosos de Hollywood: que Charlie Chaplin era muy atento y que era mentira que tenía mal genio; que Clark Gable había llegado a la fiesta de Joan Bennett y de Walter Wanger acompañado de Ella Raines;; que Ivonne de Carlo (Lilly Monster) –con quien departía la columnista a menudo– era más bella de lo que lucía en pantalla.
Entretanto, los cines nacionales se pavoneaban en las últimas páginas con la presentación de la súper premier de La fuga de Tarzán, con Johnny Weismuller, “el Apolo de la pantalla, el insuperable atleta, en su grandiosa producción ahora en español y tomada en el centro de África”.
Ciertamente, la vida en el país era en extremo diferente a la que tenemos ahora. Por eso llamó la atención una nota algo extensa, publicada a fines de octubre y titulada “La época de los calmantes”. Al leerla en busca de antídotos para el estrés – por un momento, creímos que ya hacía de las suyas desde entonces– , nos percatamos de que se refería a pastillas “matadolores” que aliviaban “desde una goma hasta un pertinaz resfriado”.
¡Qué alivio! No se hablaba aún de estrés, ni de ansiolíticos, ni de drogas enajenantes. Pero, justamente por eso, no deja de sorprender el cierre de la nota, que hoy constituye toda una ironía: “Tiempos son estos de droga!”.
Tal vez entonces nuestra descendencia tendrá envidia de esta época que hoy interpretamos como convulsa. Y nosotros, ya viejos, repetiremos nostálgicos el lugar común de: “¡Ah! Eso no pasaba en mis tiempos...!”
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