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| Archivo/LA NACIÓN |
Salud
Un paso radical Varios primos en EE.UU se extirparon el estómago para nunca convertirse en víctimas del cáncer.
Mike Slabaugh carece de estómago. Y lo mismo ocurre con diez de sus primos; todos de origen estadounidense.
Mientras crecían, observaron sin poder hacer nada cómo un extraño cáncer de estómago, de origen hereditario, mató a su abuela y a algunos de sus familiares, tías y tíos.
Dispuestos a ganarle la batalla a esta mortal enfermedad, decidieron hacerse exámenes genéticos. Tras constatar que habían heredado un gen imperfecto de su abuela Golda Bradfield, decidieron escoger entre las siguientes alternativas: una probabilidad de un 70 por ciento de padecer cáncer, o la extirpación de sus estómagos. Y, en ese último caso, deberían vivir comiendo muy poco, y con mucha frecuencia.
Así fue como todos estos primos optaron por la extirpación del estómago y sorprendieron al mundo entero.
"No solo estamos sobreviviendo. Estamos prosperando", dijo Slabaugh 16 meses después de ser operado en el Centro Médico de la universidad de Stanford en Palo Alto.
Estudios claves. Los progresos en los exámenes genéticos están ofreciendo a familias con genes defectuosos la posibilidad de avizorar el futuro, y en ocasiones anticiparse a una enfermedad. Hay personas en Estados Unidos que se han extirpado estómagos, pechos, ovarios, el colon o las glándulas tiroides al descubrir mediante exámenes que portaban un gen defectuoso que podía causarles cáncer en el futuro.
Los expertos dicen que algún día, los médicos podrán hacer pruebas de ADN a fin de anticipar eventuales problemas de salud.
"No tenemos todavía exámenes generales de ADN capaces de pronosticar toda clase de potenciales enfermedades, pero enfilamos en esa dirección", dijo el doctor Francis Collins, director del Instituto de Investigaciones del Genoma Humano.
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Miembros de la familia Bradfield, reunidos tras la cirugía. AP/ParaLA NACIÓN |
Pero para lograr una prueba útil de ADN que sirva para la población en general, no es suficiente identificar una particular variante genética que hace presumir el riesgo de una enfermedad, alertaron los expertos. Hay que ver si hay suficientes casos potenciales en la población general para determinar si vale la pena hacer exámenes en masa, hay que averiguar si existen evidencias suficientes de que esos exámenes mejorarán la salud, y hay que saber si el riesgo de enfermedad es tan grande que requiere una intervención drástica para frenar sus efectos.
Por ahora los exámenes en masa de ADN no están listos para ocupar un lugar prominente, dijo el doctor Ned Calonge, director de la Fuerza de Tareas de Servicios Preventivos, que formula recomendaciones sobre cómo pueden hacer las personas para evitar enfermedades.
Ese departamento recomendó en fecha reciente que no se someta de manera rutinaria a las mujeres a exámenes para determinar si hay mutaciones dañinas en sus genes BRCA (mutaciones que aumentan los riesgos de cáncer de pecho y de ovarios). Sin embargo, los expertos son partidarios de someter a exámenes a mujeres cuyos historiales clínicos muestren pautas que sugieren la posibilidad de cáncer. Una situación como la del cáncer de estómago de los Bradfield.
Nueva vida. Mike Slabaugh, que vive en Dallas, se reunió en fecha reciente con varios de sus primos en Las Vegas, dos meses después que el último del grupo, Bill Bradfield, de Nuevo México, se sometió a la operación.
Los primos fueron al casino, vieron espectáculos y cenaron en la Ciudad del Pecado.
En lugar de vivir aterrados, decidieron enfrentar su destino genético, dijo el doctor David Huntsman, de la Universidad de Columbia Británica, que encontró la mutación del gen en la familia.
La mutación del gen CDH1 fue descubierta por primera vez en 1998 en una familia numerosa de Nueva Zelanda con antecedentes de cáncer de estómago. Aquellos con la mutación tenían un 70 por ciento de riesgo de desarrollar la temida enfermedad.
Esa mutación mató a Golda Bradfield en 1960. Ella , aparentemente, transmitió el gen defectuoso a siete de sus hijos. Seis murieron de la enfermedad cuando estaban en la cuarentena y en la cincuentena.
Sus 18 nietos se enteraron de la existencia de ese gen defectuoso después de que uno de ellos, David Allen, murió de cáncer de estómago en el 2003. El médico envió una muestra de sangre al laboratorio Huntsman, que confirmó la mutación genética.
Poco después, los 17 restantes fueron sometidos a exámenes. Once que habían heredado el gen fueron intervenidos quirúrgicamente.
Slabaugh, afectado por la muerte de su madre cuando era un adolescente, no vaciló en realizarse la cirugía. Éll y otros cinco primos se operaron en Stanford. Los otros miembros de la familia lo hicieron en hospitales más cercanos a sus hogares.
"Me despierto cada mañana pensando que he ganado un día más de vida", dijo Slabaugh, un ejecutivo de mercadeo, de 52 años de edad.
Todavía se ignoran los efectos a largo plazo de la extirpación del estómago, y cómo afecta la calidad de la vida.
Por ejemplo, le tomó alrededor de un año a Linda Bradfield, una coordinadora de mercancías, de 55 años de edad, de Irvine, California, aceptar que carecía de estómago. Al principio, solo podía consumir 800 calorías diarias, y estaba sometida a una estricta dieta blanda. Gradualmente añadió vegetales como lechuga y repollo, pero todavía no puede comer pan blanco, pues es difícil de digerir.
Sin embargo, Bradfield asegura que la vida es bastante buena, inclusive sin un estómago.
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