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Esta mujer de Kuelquac, en Sudán, perdió sus pies y sus manos a causa de la lepra. AP/LA NACIÓN |
Medicina
Tragedia que aún no acaba En elDía Mundial de la Lepra, autoridades del mundo llaman a erradicar el estigma de este mal.
Yuri Jiménez yjimenez@nacion.comMuertos en vida. Destrozados psicológica, social y físicamente. Humillados, abandonados. La vida de los leprosos en la Edad Media fue de horror y marginación.
Estigmatizada durante siglos y hasta la fecha, la lepra es una de las enfermedades más antiguas que recuerda la humanidad. Se trata de una enfermedad infecciosa caracterizada por lesiones cutáneas desfigurantes, daño neurológico periférico y debilidad progresiva.
El horror que se desató en torno a ella en la Europa medieval hizo que que ni siquiera se esperara al estándar de oro para el diagnóstico que era, en esa época, la presencia de una destrucción masiva de la cara del paciente. Bastaba que el sacerdote o hasta el barbero del pueblo observara algún indicio menor en la piel de alguien, para que se oficializara la aparición de un nuevo leproso.
El paciente era escoltado a misa en medio de cánticos religiosos y se le obligaba a acostarse en una sábana negra para escuchar la sentencia sacerdotal: "Ahora mueres para el mundo, pero renaces para Dios".
Luego se le trasladaba a los límites de la ciudad, donde se le recitaban las prohibiciones: frecuentar lugares públicos, lavar sus manos o ropa en cualquier arroyo, tocar con las manos las cosas que quisiera comprar; sostener conversaciones a menos que fuera de lejos; tocar las cuerdas y postes de los puentes sin guantes, y caminar en la misma dirección que el viento.
Junto a su ajuar completo -capucha café o gris, zapatos de piel y un par de castañuelas para alertar de su proximidad a los sanos- se le daban sus propios utensilios de comer y se dejaba a su suerte.
Hoy, en los albores del siglo XXI, se sabe que la lepra es una una enfermedad de la piel, ligeramente contagiosa, cuya cura se conoció a principios de la década de 1980, cuando se introdujo la terapia multidrogas (MDT, por sus siglas en inglés).
Más de 14 millones de personas han sido curadas desde entonces. Si es detectada precozmente, no hay riesgo de desfiguración.
Sin embargo, la actitud social continúa destruyendo vidas, forzando, aún a las personas que ya han sido curadas, a llevar una vida de aislamiento permanente.
El resultado es un círculo vicioso: quienes la contraen ocultan su enfermedad hasta que aparece la desfiguración. Y, de vuelta, esto último reafirma el estigma social.
Debido a lo anterior, 12 líderes, cinco de ellos ganadores del Premio Nobel de Paz emitirán hoy un "Llamamiento mundial para acabar con el estigma y la discriminación contra las personas afectadas de lepra".
Y es que, según documentos citados por la agencia EFE, 113 países han eliminado la lepra como problema de salud pública, y la cantidad de países endémicos se ha reducido a nueve, pero sus víctimas aún sufren las consecuencias de una estigmatización milenaria que hoy no tiene ninguna razón de ser.
Elaborado con información de la agencia EFE, la página oficial de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el ensayo "La lepra en Europa medieval, el nacimiento de un mito", del médico Enrique Soto Pérez de Celis.
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