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Columnas
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| Manuel Canales /LA NACIÓN |
Tinta fresca
Hacer Patria El 90% de los electores ha sido víctima del "¡me valen los debates!" y del "porta'mí el que quede, porque todos roban"
anyperez@racsa.co.crAparte de por su infame muerte, creo que Parmenio Medina debería ser recordado por decantar de manera magistral la esencia del tico de los últimos años en su "porta'mí" y su "¡me vale!".
Porque, salvo en el futbol, el tico teme expresar con orgullo sus opciones por pánico a ser choteado por perdedor, "oportunista", "polo", "bañazo", "soba-levas", "verde", "izquierdista", "neoliberal" o por lo que sea. Muchísimo menos se ha atrevido a asumir con responsabilidad sus decisiones y se ha ocultado en las actitudes que denunció Parmenio, evadiéndose en que nada le importa y todo le vale lo mismo.
De allí que parecen de esquizofrenia los resultados anónimos de las encuestas, porque cuando preguntamos a nuestro alrededor, todos se dicen indecisos. ¡Todavía más inútil es encontrar a los electores que votaron por el presidente de turno cuando las cosas se ponen mal en gobierno!
Toda elección es crucial e histórica -no sé de ninguna en que los candidatos hayan dicho lo contrario- y el mejor favor que podríamos hacernos de hoy al domingo es reconocer nuestra decisión electoral y comprometernos. Erradicar el "porta'mí" y el "¡me vale!" de la actitud personal y nacional es el mejor tributo que podríamos hacerle a Parmenio -aparte de encarcelar a su asesino, obvio-.
Y no me refiero a contribuir en la gastona parafernalia del 5 de febrero y lanzarse a la calle envueltos en banderas y triquitraques -aunque un poquito de pitoretazos no caería mal como cierre de una campaña tan aburrida- y mucho menos a darse de puñetazos ebrios en el almuerzo familiar, ni a enseñarle a los niños-guías a robarle "sánguches" y votantes a sus adversarios en los centros de votación.
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| /LA NACIÓN |
Me refiero a que, si somos de la minoría que votará, anulará o se abstendrá como consecuencia del estudio de la realidad nacional y de los diversos programas de gobierno, tenemos la ineludible obligación de comunicar el porqué de nuestra decisión a quienes nos rodean.
El 90 por ciento de los demás electores se ha informado solo por el tinglado propagandístico de los partidos. Unos porque son los analfabetas por desuso que ha creado este inequitativo sistema, incapaces ya de leer o entender un texto. Los demás, seguramente víctimas desde hace años del "¡me valen los debates!" o del "porta'mí el que quede, porque todos roban".
Lo más probable es que su candidato favorito u odiado nunca se entere de su trabajo proselitista, pero, al ayudar a informar e intentar convencer a los demás de abandonar la abulia y de colaborar y pedir cuentas a quien resulte electo, sin duda estaremos reempezando a hacer Patria.
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